Episodios

  • El libro de Esdras nos narra el regreso de 42000 judíos a Jerusalén para edificar templo a Jehová. Dios preparó a Esdras para ser el escriba y sacerdote que guiaría al pueblo que había regresado de la cautividad.


    Esdras 7:6 nos dice que “Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras.”
    Este subió a Jerusalén de Babilonia durante el reinado de Artajerjes, rey de Persia. Nos dice también el versículo 11 que era escriba versado en los mandamientos de Jehová y en sus estatutos a Israel:, y Artajerjes, en su carta lo llama “escriba erudito en la ley del Dios del cielo” y “escriba de la ley del Dios del cielo”
    Artajerjes, con sus consejeros, enviaron a Esdras para que enseñase la ley de Dios al pueblo que estaba en Judea, y le dio permiso a él y a los levitas en el templo para utilizar los fondos para el servicio y sacrificios en el templo.

    Artajerjes escribió a Esdras: “Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría que tienes de tu Dios, pon jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que está al otro lado del río, a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conoce, le enseñarás.”

    El rey de Babilonia envió a Esdras para que enseñase la ley de Dios a los que allí habitaban, cosa que nos debería sorprender gratamente, ya que un rey pagano veía la importancia de que el pueblo de Dios conociera la obra y voluntad del Dios de los cielos. Una vez más, vemos que Dios puede mover el corazón del rey para hacer aquello que Dios ha planeado. Y vemos también que Esdras estaba preparado para enseñar porque el estudiaba las escrituras.

    Esdras conocía a Dios, estudiaba Su Palabra y la compartía con aquellos que ya conocían a Dios y con los que todavía no lo conocían.

    Es curioso que Esdras, cuando iba a subir a Jerusalén con los que lo acompañaban, no quiso pedir tropas al rey de Babilonia para que los protegieran por el camino. Y la razón que da se encuentra en el capítulo 8 versículo 22 “Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan.”

    Esdras había dado testimonio al rey de que Dios estaba con aquellos que le buscaban y afligía a los que lo abandonaban. Así que le parecía feo pedir protección del rey. Dios sería el que los protegería, y al llegar bien a Jerusalem, darían testimonio de que estaban bien con Dios y de que Dios los había cuidado. Así que dice Esdras:

    “publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.” (8:21,23).

    Y unos versículos más tarde, Esdras da testimonio de cómo”la mano de Dios estuvo sobre ello, y los libró de mano del enemigo y del acechador en el camino.”

    Cuando Esdras llegó a Jerusalén, entregó todos los tesoros, y utilizó parte del dinero para ofrecer holocaustos a Dios, como le había dicho el rey. Y cuando hubo hecho todo esto, los príncipes del pueblo vinieron a él para decirle que el pueblo y los sacerdotes y levitas no se habían separado de los pueblos de las tierras que habitaban en Judea. Cuando no pudieron continuar edificando el templo, se habían acomodado en la tierra. Se habían casado con los habitantes de la tierra, los cuales no servían a Dios, se habían hecho casas para sí mismos, y los príncipes y gobernadores habían sido los primeros en mezclarse con los enemigos de Dios. ¿Acaso habían olvidado por qué se habían ido en cautividad en primer lugar?

    Dice Esdras que al oír esto rasgó sus vestidos, arrancó los pelos de su cabeza y su barba en humillación y pena, y estuvo sentado, angustiado en extremo, hasta la hora del sacrificio de la tarde. ¿Qué podía hacer él por el pueblo? Esdras hizo lo mejor que podía hacer, se levantó y extendió sus manos a Dios en oración, diciendo: Esdras 9:6-10

    “Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo.
    Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día.
    Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre.
    Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén.
    Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos”

    Esdras se lamentaba por lo que había hecho el pueblo. Cuando pararon de construir, se acomodaron, se juntaron con los que eran enemigos de Dios, y proveyeron para su propio bienestar. Habían desobedecido lo que los profetas habían enseñado de parte de Dios, y otra vez se habían liado con el pecado del pueblo que habitaba en la tierra. Después de haber recibido la misericordia de Dios, ¿cómo podían volver a tentarlo?

    Vemos a Esdras orando por ellos, yendo a Dios en lugar del pueblo para pedir perdón. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para arreglar la relación con Dios. Y Dios lo escuchó, y el pueblo se arrepintió. Los hombres que habían pecado se comprometieron a arreglar la situación, y vemos que Dios restauró su comunión con ellos.
    Gracias a un hombre fiel como Esdras, el pueblo fue librado del castigo que podría haber venido sobre ellos.

    Roguemos a Dios que nos ayude a ser fieles como lo fue Esdras. Que estemos dispuestas y preparadas para compartir la Palabra de Dios y listas para arrepentirnos y cambiar cuando Dios nos muestre algún detalle que necesita cambio. Seamos diligentes y obedientes a su voz para poder ser una luz a is que quieren conocer a Dios y a los que le siguen.

  • Cuando uno tiene que defender su causa ante alguien, sobre todo si ese alguien es una persona con autoridad, puede parecer difícil expresarse. Vemos en Esdras un ejemplo de cómo Dios ayudó a Zorobabel y los otros líderes del pueblo de Israel que estaban construyendo el templo a defender su causa para poder hacer aquello que Dios les había pedido que hicieran. Habían tenido que interrumpir la obra a a causa de la oposición de algunos gobernantes.

    Nos cuenta el capítulo 4 que los enemigos del pueblo de Israel, aquellos que habían poblado la tierra mientras los de Judá habían habitado en cautividad en tierra de los caldeos, vinieron a los que estaban construyendo el templo después que estos ya habían establecido los cimientos y acumulado los materiales, y les pidieron que les dejaran construir el templo con ellos. Zorobabel y los otros líderes respondieron con una negativa, explicando que construirían el templo ellos solos. Entonces “el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificaran. Nos narra el texto que sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia.”

    Así que vemos que durante años, la obra del templo estuvo parada a causa de los que habían conspirado contra ellos, y luego no encontraron el momento de retomar la obra que Dios les había mandado.

    Dios envió a Hageo y Zacarías para que hablaran palabra de Dios a Zorobabel para que retomaran la obra de la edificación de la casa de Jehová en Jerusalem. Retomaron la obra, y enseguida vinieron los oficiales para cuestionar lo que estaban haciendo. Zorobabel y los otros que estaban con él nunca hablaron de manera despectiva a las autoridades ni se rebelaron contra ellos, sino que les explicaron lo que había sucedido y que el rey Ciro les había dado permiso y materiales para construir templo a Dios. Y vemos que Dios los protegió y les permitió hacer lo que era justo que hicieran.

    Dice el texto, que “los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos, y no les hicieron cesar hasta que el asunto fuese llevado a Darío (el que era rey en ese entonces sobre Babilonia). No les hicieron parar la obra.

    Rehum el canciller, Simsai secretario, y los demás compañeros suyos enviaron carta al rey, la cual decía: “Al rey Darío toda paz. Sea notorio al rey, que fuimos a la provincia de Judea, a la casa del gran Dios, la cual se edifica con piedras grandes; y ya los maderos están puestos en las paredes, y la obra se hace de prisa, y prospera en sus manos. Entonces preguntamos a los ancianos, diciéndoles así: ¿Quién os dio orden para edificar esta casa y para levantar estos muros? Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, para escribirte los nombres de los hombres que estaban a la cabeza de ellos. Y nos respondieron diciendo así:

    Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel. Mas después que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó cautivo al pueblo a Babilonia. Pero en el año primero de Ciro rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuese reedificada. También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador; y le dijo: Toma estos utensilios, ve, y llévalos al templo que está en Jerusalén; y sea reedificada la casa de Dios en su lugar.
    Entonces este Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalén, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida.
    Y ahora, si al rey parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad del rey sobre esto.

    Este fue el informe que el gobernador de la tierra en Judea escribió al rey Darío después de haber hablado con los responsables de la obra del templo.

    Dario el rey, al recibir la carta, buscó y encontró las memorias del decreto del rey Ciro en la provincia de Media (recuerda que estamos hablando del imperio MedoPersa) . Ciro había especificado muchos detalles, incluyendo el tamaño del templo y los utensilios del antiguo templo que habían sido llevados para ser usados en la construcción del nuevo templo. Entonces Darío contestó a la carta del gobernador lo siguiente:
    “Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar. Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra. Y lo que fuere necesario, becerros, carneros y corderos para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalén, les sea dado día por día sin obstáculo alguno, para que ofrezcan sacrificios agradables al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos.” “

    También por mí es dada orden, que cualquiera que altere este decreto, se le arranque un madero de su casa, y alzado, sea colgado en él, y su casa sea hecha muladar por esto. Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Yo Darío he dado el decreto; sea cumplido prontamente.”


    ¡Qué bendición! Dice el último versículo del capítulo 6 que “había vuelto el corazón del rey de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel.” Ellos habían dejado a un lado por un tiempo la obra que habían venido a hacer a causa de la oposición, mas Dios había puesto a este nuevo rey que los vió de manera favorable. Dios sabía que era el momento, había abierto la puerta de nuevo de par en par, para que pudieran acabar la obra del templo.

    ¿Te encuentras tú en una situación en la que sientes oposición para hacer aquello que Dios te está pidiendo que hagas? Ponlo en las manos del Señor para ver cual es Su voluntad. Si estás dispuesto a obedecer, Dios abrirá el camino para que puedas dar el siguiente paso. No sé lo que será que Dios te está llamando a hacer. Puede que sea que te quieres preparar mejor para servir a Dios, que quieres hacer algo para la obra de Dios, que quieres ir a algún lugar a compartir la Palabra. No sé lo que es, pero si es la voluntad de Dios, y tú estás dispuesta a obedecer, él puede hacer que las autoridades en tu vida vean tu proyecto de manera favorable para que puedas continuar. ¿Por qué no lo pones en oración hoy mismo y le pides Su bendición? Que Dios te de la actitud correcta y las palabras adecuadas para presentar tu caso ante aquellos que han de tomar las decisiones. Que el Señor te guíe y te abra las puertas necesarias.

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  • Me resulta curioso ver el orden de construcción de aquellos que regresaron a su tierra de la cautividad. Nos narran los libros de Esdras y Nehemías cómo se restauró Jerusalén al regreso de la cautividad.

    El capítulo 1 de Esdras nos dice que fueron a Jerusalén aquellos que desearon volver a su tierra, y lo primero que hicieron fue construir un altar. Dice que “edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios.” En ese altar pudieron ofrecer los holocaustos que correspondían a cada día, y además de esto, el holocausto continuo y los sacrificios voluntarios y espontáneos. Y el versículo 6 nos dice que “los cimientos del templo de Jehová no se habían echado todavía.” (3:6)

    Un año y dos meses después del retorno del pueblo, se echaron los cimientos del templo. Los levitas mayores de 20 años fueron asignados para dirigir la obra del templo, y se comenzó la obra con todos los materiales que habían acumulado.

    Esdras 3 nos narra sobre la construcción del templo. En primer lugar se habían preparado todos los materiales. El versículo siete dice que “dieron dinero a los albañiles y carpinteros; asimismo comida, bebida y aceite a los sidonios y tirios para que trajesen madera de cedro desde el Líbano por mar a Jope, conforme a la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto.
    Recientemente estuve visitando la ciudad de Jope, con sus calles antiguas y su puerto. Puedo imaginar el puerto lleno de barcos procedentes de Tiro y Sidón, llenos de la madera del Líbano para la construcción del templo, la casa de Dios en Jerusalén.

    Y nos narra el mismo capítulo que “cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel.” Fíjate, siguieron las instrucciones del rey David, el cual preparó todo para que su hijo después de él edificara el magnífico templo de Salomón. Ahora, siglos más tarde, estos hombres tenían la solemne tarea de reconstruir el templo, y vemos que sentían esta gran responsabilidad.

    Los levitas “cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová. Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.”

    Puedo imaginar la escena. Los ancianos que habían servido y alabado a Dios en el templo de Salomón, lloraban por varios motivos. De emoción, al darse cuenta del significado de este momento, de lo que habían sufrido por la rebeldía colectiva del pueblo, y de ver que este templo, aunque hecho con todo el deseo y dedicación, no podría reemplazar a aquel templo en el que ellos habían adorado a Dios.

    Los jóvenes, que jamás habían visto el templo, estaban gozosos y entusiasmados de ver que por fin serían libres, estarían en su propia tierra, y servirían en este templo a Jehová Dios de Israel. La construcción del templo era un símbolo de su nueva libertad.

    Y así se juntaron las lágrimas agridulces de los mayores con la alegría de los jóvenes en una voz de júbilo que se podía oír desde lejos.


    Mas poco después de haber iniciado la obra, hubo un periodo en el que se paralizaron las obras por la oposición que recibieron de los gobernantes del lugar, y leemos que durante este tiempo, el pueblo comenzó a acomodarse y seguir sus propios caminos en lugar de servir a Dios. Utilizaron los materiales que debían ser para el templo para construirse casas para sí, y pecaron emparentándose con los enemigos de Dios. Esdras vino al pueblo para amonestarles y exhortarlos a la obediencia, intercediendo también a Dios por el pueblo en oración, como vemos en el capítulo 9. Y el pueblo se volvió para buscar Dios.

    Al observar a aquellos que volvieron de la cautividad a la vuelta a Jerusalén, vemos que cuando las prioridades son correctas, lo primero que uno hace es establecer un altar. Esto forma la base para después tener una congregación que sirve a Dios. Y cuando establecemos prioridades correctamente nos ocupamos de nuestra relación con Dios antes de mirar por lo que a nosotros nos viene mejor. Vemos en el libro de Esdras que cuando el pueblo cambia sus prioridades y se amedrenta por la oposición de los enemigos de Dios, tiende a acomodarse y buscar su propio bien. Mas veremos más adelante que cuando confían en Dios, este les abre el camino para hacer lo correcto. Y cuando edificaron el templo, Dios también permitió que la ciudad fuera reconstruida, como veremos en el libro de Nehemías.

    El orden correcto de prioridades da preferencia a Dios, y deja que Él sea el que abre camino para nuestro avance personal. Para nosotras hoy en día, esto significaría establecer un altar personal, buscar un lugar al que podemos ir diariamente a encontrarnos con Dios. Nuestro tiempo personal con Dios tiene que preceder a nuestro tiempo en público, incluso con los del pueblo de Dios. Nuestra adoración personal al Dios de los cielos nos prepara para poder adorar con otros, formando parte de una congregación de cristianos en nuestra iglesia local. Y cuando seguimos el orden de prioridades, Dios proveerá morada para nosotros y suplirá nuestras necesidades.

    Cuando el pueblo de Dios se desvió tras otros dioses, se alejaron de Dios en primer lugar en sus propios corazones. Dios mandó a Esdras para enseñarles la verdad, y vemos que el pueblo se arrepintió y buscó agradar a Dios, y Dios los prosperó. Así también, manténganos nosotras los ojos en las verdades establecidas por Dios, y sigamos un orden de prioridades sano, como leemos en Mateo 6:33, buscando el reino de Dios primero, porque todo lo demás nos será dado por añadidura.

  • Aunque voy a seguir el estudio de la Palabra con los libros de Esdras y Nehemías, cabe recordar que los libros de los profetas nos narran lo que ocurrió durante la época de los reyes, la cual podremos repasar cuando lleguemos a la sección profética de nuestra Biblia. El plan de lectura que estoy siguiendo es uno tradicional, siguiendo el orden en el que encontramos los libros en la Biblia, pero tenemos que recordar que estos libros fueron escritos en pergaminos, y guardados, recopilados y preservados durante cientos de años, de modo que nosotras podemos leer con confianza, sabiendo que lo que leemos es la Palabra de Dios.

    Los libros de Esdras y Nehemías narran el regreso del pueblo de Dios a Jerusalén, la construcción del templo bajo el liderazgo de Zorobabel, la enseñanza del sacerdote Esdras, y la reconstrucción de Jerusalem bajo el liderazgo de Nehemías. Todo esto ocurrió, como Jeremías había predicho, setenta años después de que fueran llevados cautivos a Babilonia.

    El profeta Jeremías había hablado a Sedequías en los años que precedieron al cautiverio, mas nos dice 2 Crónicas 36:12-16 que Sedequías “hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová.
    Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel.” Y terminamos el libro de Crónicas leyendo cómo “Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.”

    Varios fueron los profetas que habían avisado al pueblo sobre la destrucción que se les avecinaba si no arrepentían. Isaías, Miqueas, Nahum, Sofonías, Habacuc, Daniel, Ezequiel, cuando lleguemos a la sección de los profetas revisitaremos los años en que estos hombres de Dios dieron sus días para recordar al pueblo la justicia de Dios.

    Jerusalén fue destruída y los habitantes de Judá fueron llevados a Babilonia. Nos cuenta 2 Crónicas 36, y lo podemos encontrar también en los capítulos 39 y 52 de Jeremías que los caldeos vinieron y mataron a todos los que se habían escondido en el santuario.
    “Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia. Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalén, y consumieron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus objetos deseables. Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.” (36:18-20)

    Cuando los persas llegaron a Babilonia, y Ciro llegó a ser rey, nos narra el primer versículo de Esdras que “en el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia”

    Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. Y a todo el que haya quedado (el que no se vaya con ellos), en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén.

    Durante estos años, mucho había ocurrido en la tierra de los caldeos y en la de Judá. Algunos incluso habían perdido prueba de su linaje y se habían acomodado en el pueblo caldeo. Mas había llegado el momento de volver a la tierra de Israel.

    Los jefes de las casas de las familias que sintieron el llamado de Dios en la tribu de Judá y los de Benjamín que habitaban con ellos, y también los sacerdotes y levitas se levantaron para volver a Jerusalén, y como Ciro había dicho, los que estaban alrededor, les dieron de sus recursos plata, oro, y toda cosa preciosa que quisieron dar voluntariamente, así como ganado y bienes. Ciro también sacó los utensilios que los caldeos se habían llevado de la casa de Dios antes de destruirla, que nos dice el texto ascendían a 5400 utensilios.

    Nos dice el libro de Esdras que Sesbasar, príncipe de Judá, probablemente descendiente de Joaquín, “los hizo llevar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén” (1:11)

    El el segundo capítulo, Esdras nos da la lista de los que volvieron a Judá de las diferentes familias, un total de 42370 , mas muchos siervos, cantores y cantoras.

    “Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades.”

    Se estaba cumpliendo de este modo las promesa que Dios había dado a su pueblo por medio de los profetas años antes.

    Te invito a estudiar conmigo los libros de Esdras y Nehemías para ver cómo el Señor obró en su pueblo a la vuelta de la cautividad.

  • Hemos estado viendo la historia de los reyes de Israel y de Judá. Las diferentes narrativas aparecen en los libros de los Reyes y en las Crónicas, por lo que en cada historia hemos leído textos de ambos libros. Reyes y Crónicas aparecen en nuestras Biblias divididos en dos libros, 1 y 2 de Reyes y 1 y 2 de Crónicas, pero son en realidad un libro cada uno. Veamos como estos libros se complementan, aportando cada uno aspectos importantes del mismo periodo de la historia de Israel.

    El libro de Reyes nos muestra la vida de los reyes del pueblo de Israel. El reino de Israel no se mantuvo unido durante mucho tiempo. La primera parte de Reyes comienza con David ya anciano, y nos narra el comienzo del reinado de Salomón. Después del reinado de Salomón, hubo una crisis política que resultó en la división del reino, y Roboam siguió siendo rey de Judá mientras Jeroboam tomó el trono de las tribus del norte. A partir de ahí, vimos que Israel al norte tuvo 20 reyes, y ninguno de ellos siguió realmente a Dios, sino que siguieron el camino de Jeroboam, y no se mantuvieron en los caminos de David su padre.

    De Judá, pudimos leer que hubo 20 reyes, ocho de los cuales nos narra la Biblia que procuraron seguir el camino que Dios había establecido: Estos fueron Asa, Josafat, Joás, Amasías, Azarías (Uzías), Jotam, Ezequías y Josías.

    El propósito principal de compartir la vida de los monarcas es para mostrarnos que aún los reyes que consideramos buenos, nos dejan con la sensación de que no hay un rey que cumpla el pacto que Dios hizo con David, de que habría un rey justo de su descendencia, un rey perfecto que gobernaría a Su pueblo perfectamente. Ninguno de los reyes de Israel pudo reflejar el rey mesiánico, el que cumpliría las promesas mesiánicas dadas a Abraham, y que como hemos visto anteriormente, llegaría en la persona de Cristo.
    El libro de los Reyes empieza y acaba hablando de Jerusalem. En los primeros capítulos del primer libro vemos la construcción del templo de Salomón, y al final del segundo libro, narra la destrucción de la ciudad y el exilio del pueblo de Israel a Asiria.

    De este modo, cuando los asirios tomaron Israel y Babilonia llevó cautiva a Judá, el pueblo de Dios fue dispersado, mas Dios dejó al pueblo con la expectación de que el Mesías, el Rey Ungido, estaba todavía por venir.

    Muchos de los relatos en reyes también aparecen narrados en el libro de las Crónicas de los reyes. En el orden tradicional de los libros de la Biblia para los judíos, Crónicas se encuentra al final, ya que es un resumen de toda la Escritura hasta ese momento.

    El último libro de las escrituras judías nos da un repaso de toda la historia humana desde la creación. Comienza con el nombre de Adán, en una sección que comparte las genealogías que nos muestran una linea que trata del linaje del que sería el rey mesiánico, y otra sobre los sacerdotes. Crónicas relata la historia del pueblo de Dios desde el principio hasta el Rey David, y a través del linaje de David, y hasta acabar con el anuncio del regreso del pueblo del exilio.

    El libro de Crónicas nos muestra a David como un modelo de Mesías. Enfatiza las buenas cosas de David, y a través del libro, compara a los buenos reyes de Judá con David. Narra la vida de Salomón, y la de los otros reyes de Judá después de la división del reino.

    Como vimos con Asa, Josías y Ezequías, hubo varios reyes que intentaron que la nación siguiera al Señor, pero podemos observar que Judá iba paso a paso corrompiéndose, hasta llegar a pasar el punto de retorno.

    En los últimos capítulo del libro, vemos la conquista de Jerusalem a mano de los babilonios. Estos invadieron la ciudad, destruyeron el templo, y llevaron en exilio a los de Judá, incluida la descendencia de David. ¿Había decidido Dios eliminar a su pueblo y al linaje de David.

    Dios no deja a su pueblo desolado. En el último capitulo leemos una historia que deja un rayo de esperanza. Joaquín, un descendiente de David que habría sido rey si los babilonios no hubieran conquistado Judá, aparece comiendo a la mesa del rey de Babilonia.
    Hay aún linaje de David. Dios preservaría la linea, de modo que cuando leemos en Mateo la genealogía de José y María, Dios nos lleva atrás hasta las genealogías que nos presenta Crónicas.

    El libro de Reyes y el libro de Crónicas deja al lector con la esperanza del retorno del pueblo de Israel a la tierra, y en los próximos libros podremos leer de la reconstrucción del templo de Dios.

    Romanos 15:13 presenta Dios como el Dios de esperanza, el cual nos puede llenar “de todo gozo y paz en el creer, y el que nos puede hacer abundar “en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”

    Es mi deseo permanecer cada día rebosando de esperanza en mi Dios, disfrutando del gozo que trae la obediencia a Su palabra, y la paz que da estar en comunión con Él. Espero que el repaso histórico de Su pueblo te haya ayudado a ti también a descansar en sus promesas, porque son siempre fieles. Seamos fieles nosotras a Él.

  • Cuando el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Asiria, reinaba al sur en Judá el rey Ezequías, hijo de Acaz, el cual hizo lo recto ante los ojos de Jehová al igual que su padre David.

    Algo interesante que leemos de Ezequías es que destruyó la serpiente que Dios había mandado a Moisés hacer en el desierto, y que con los años se había convertido en un ídolo para el pueblo que le ofrecían incienso. Nos dice 2 Reyes 18 y 2 Crónicas 29 que “En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió.”

    Sin embargo, después de que los asirios se hubieran llevado cautivos a los de Israel, subió Senaquerib rey de Asiria y tomó las ciudades fortificadas, y Ezequías se rindió a sus pies ofreciéndole lo que fuera para que los dejara en paz. Senaquerib demandó gran tributo, de modo que Ezequías le tuvo que dar toda la plata y el oro de los tesoros reales y del templo. Mas el rey de Asiria no los dejó en paz, sino que envió quien amenazara al pueblo, atemorizándolos diciendo:

    “Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y
    “¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?”
    2 Reyes 18:29, 35 y 2 Crónicas 32:1-19

    Nos dice el capítulo 19 que cuando Ezequías oyó las palabras de Senaquerib rey de Asiria, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio en señal de dolor, y fue a la casa de Jehová a consultar a Dios. Envió Ezequías mensajeros a consultar al profeta Isaías, el cual les contestó:

    “Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada.” (2 Reyes 19:6-7 2 Crónicas 32:20-23) Toda esta historia la podemos encontrar también en el libro de Isaías, capítulo 37.

    Ezequías fue a Dios en oración, y Dios atendió a su ruego y lo libró de Senaquerib. Después de esto, Ezequías enfermó, y fue a consultar a Jehová, por si lo libraría de su enfermedad. Dios contestó a través del profeta Isaías, concediéndole quince años más de vida. Ezequías tomó algunas decisiones poco sabias. Vinieron unos mensajeros de Babilonia, y Ezequías les enseñó todo lo que tenía. Dios habló de nuevo a Ezequías a través del profeta Isaías, para avisarle de que los babilonios vendrían años después y se llevarían todo lo que habían visto, y se llevarían también sus descendientes para servir en la casa del rey de Babilonia. Y Ezequías no le dio gran importancia a las palabras del profeta, con tal de que no ocurriera en sus días. Esta fue la reacción egoísta del rey.

    Al morir, su hijo Manases recibió el trono, e hizo lo malo en un reinado que duraría 55 años. Nos narra el capítulo 21 de 2 Reyes y el 33 de 2 de Crónicas que Manases edificó lugares altos para culto a dioses extraños, que adoró a todo el ejército de los cielos, y que incluso pasó a su propio hijo por el fuego. “Y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira.” (21:5-6) “Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová.” (21:16).

    Por toda esta maldad, Dios había determinado limpiar Jerusalem de toda la maldad que el pueblo había permitido que entrara y se quedara allí. Pero hay una sorpresa muy grande en la historia de Manases. Leemos lo siguiente en Crónicas: “; los generales del ejército del rey de los asirios, aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. 12 Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. 13 Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios.” (2Cron. 33:11-13). Parece increíble que después de tanta rebeldía, Manases pudiera arrepentirse, reconociendo al Dios de sus padres, y que Dios lo perdonara. La misericordia de Dios es verdaderamente una muestra de su gracia.

    Desafortunadamente el hijo de Manases que reinó en su lugar no siguió el arrepentimiento de su padre. Amón reinó solo dos años, y continuó haciendo el mal que su padre había hecho, por lo que sus propios siervos conspiraron contra él y lo mataron. El pueblo se levantó contra estos siervos, y pusieron a Josías, hijo de Amón por rey a la temprana edad de ocho años. Y gracias a Dios, Josías sí obedeció a Dios, durante los 31 años de su reinado. Con solo 16 años de edad, Josías comenzó a buscar a Dios y con 20, decidió que se restaurara el templo de Jehová, y durante las obras, se encontró un libro de la ley, el cual trajeron al rey Josías. Este, al leer el libro, envió decir a los sacerdotes y escribas:

    “Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito.” (2 Reyes 22:13)

    Y leemos que Josías subió “a la casa de Jehová con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto. (2 Reyes 23:2-3)

    Josías realizó las reformas en Judá que nos narran 2 Reyes 23 y 2 Crónicas 34. Quitó la idolatría del pueblo de Dios, derribando los altares a dioses falsos, limpió el lugar de prácticas que profanaban el nombre de Dios, y quitó a aquellos que incitaban al pueblo a practicarlas. Después Josías instauró la celebración de la pascua. Pero el Señor ya había determinado lo que vendría a su pueblo:
    “Y dijo Jehová: También quitaré de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre estará allí. (2 Reyes 23:27)

    Años más tarde, después de la muerte de Josías, Joacaz y Joacim, descendientes de Josías, los babilonios llegarían a Jerusalem durante el reinado de Sedequías, tras años de domino sobre Judá, para acabar llevándose el pueblo en cautiverio.

    Dios había sido compasivo con su pueblo en numerosas ocasiones, pero el juicio de Dios había caído sobre ellos, y ahora debían sufrir las consecuencias de sus acciones. Quizás el pueblo se había confundido en ocasiones, creyendo que podían pecar y nada ocurriría. Quizás pensaban que una mera disculpa les daría oportunidad tras oportunidad, pero habían descuidado la verdad de que las consecuencias del pecado son reales. Dios usaría a los pueblos de alrededor para traer juicio contra su pueblo, dejando un rayo de esperanza en la promesa a su siervo. Del linaje de David vendría el que salvaría al pueblo de su pecado. Todavía había esperanza.

  • Espero no estar liándote con los nombres, porque yo también me suelo perder en estas crónicas reales. Voy a tomar un par de días más para intentar resumir la actividad de los reyes en Israel ubicándolos en la linea del tiempo con los reyes de Judá.

    Durante el reinado de Amasías en Judá, cuando este ya había reinado quince años, comenzó a reinar al norte en Israel un rey que se llamaba Jeroboam, como el primer rey después de la división del reino. Y este era hijo del rey Joas de Israel. Reinó 41 años en Samaria sobre Israel. Como el primer Jeroboam, hizo lo malo.

    Nos cuenta el texto que Dios no había permitido que el pueblo de Israel pereciera, por lo que usó incluso a Jeroboam, a pesar de su maldad, para restaurar a Israel territorios que habían perdido. Durante el reinado de Jeroboam, a los veintisiete años de su reinado es cuando Uzías, o Azarías, comenzó a reinar en Judá. Como su reinado fue largo, y hubo una época de inestabilidad en Israel, vemos que varios reyes pasaron por Israel durante el reinado de Uzías en Judá.

    Después de Jeroboam, su hijo Zacarías reinó 6 meses, e hizo lo malo al igual que su padre, y Salum conspiró contra él y lo mató, y reinó en su lugar. Mas u reinado solo duró un mes, “porque Manahem hijo de Gadi subió de Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria y lo mató, y reinó en su lugar (2 Reyes 15:14). Manahem también hizo lo malo. Hizo pacto con Pul, el rey de Asíria, dándole “mil talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en el reino” y así el rey de Asiria no los atacó, mas Manahem, el rey de Israel hizo que el pueblo pagara esta cantidad con sus tributos. Después de Manahem, su hijo Pekaia reinó durante dos años en Samaria, Israel, hasta que Peka, su capitán, conspiró contra él y le quitó del trono. Peka reinó veinte años, pero Oseas, hijo de Ella hizo con Peka como él había hecho con Pekaía, y le quitó el trono.

    Todos estos reyes de Israel reinaron mientras Uzías reinaba en Judá. A su muerte reinó en Judá Jotam, su hijo. Es refrescante leer “que Jotam se hizo fuerte, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios.” Sus enemigos fueron subyugados, y tuvieron que pagar tributo al rey. Las cosas le fueron bien, y todo porque él puso los caminos de Dios como más importantes que sus propios caminos. Mientras los reyes del norte hacían mal, Jotam hizo lo bueno los 16 años de su reinado, mas nos dice el capítulo 27 que el pueblo seguía corrompiéndose (2).

    Acaz, hijo de Jotam reinó después de él, y mientras Acaz reinaba en Judá y Oseas en Israel, Salmanasar, rey de los asirios subió contra Israel, y el rey Oseas tuvo que pagar tributo al rey asirio. Oseas pensó que podría engañar a Salmanasar, mas este, al darse cuenta de que Oseas no estaba pagando lo que debía, sitió Samaria durante tres años, y después de esto llevó cautivos a los de Israel y los puso cautivos en las ciudades de los medos.

    Y nos dice el capítulo 17 de 2 Reyes que esto ocurrió porque Israel insistió en desobedecer a Dios y seguir las costumbres de los pueblos de alrededor, costumbres que iban en contra de la ley de Dios. Así que Dios los dejó en manos de los asirios, y estos los llevaron cautivos. Y después los asirios repoblaron la tierra de Samaria con personas de diferentes lugares.

    ¿Recuerdas que los judíos del nuevo testamento no se llevaban bien con los samaritanos? ¿Sabes el contexto histórico detrás de esta contienda? Viene de esta situación histórica. Lo vemos en este capítulo, cuando estudiamos cómo Israel perdió su tierra de Samaria, y fue dada a una mezcla de pueblos que la repoblaron.

    Nos dice el texto que estos no creían en Dios, y estaban siendo atacados por animales salvajes en la tierra de Samaria, por lo que “el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país.” “Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová. (2 Reyes 17:27-28).

    Mas nos dice el texto que cada grupo de los que habían repoblado la tierra servía a un dios distinto, y “Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados. (17:33). Y la conclusión de Dios en cuanto al asunto es que al hacer esto, “ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel; con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios.” “Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos.”

    Eran personas que servían a Dios y a sus tradiciones. Al no seguir un camino específico, no agradaban a Dios, y vemos en la época del nuevo testamento que tampoco agradaban a los del pueblo de Dios, porque no seguían la ley como ellos.

    Cristo predicó que no podíamos servir a dos señores, y no podemos servir a Dios si estamos intentando servir a otros, ya sea las riquezas, la comodidad, nuestro trabajo, familia o cualquier cosa. Cuando decidimos que vamos a ser fieles a Dios y a otras cosas, no somos fieles a ninguna. ¿Con quién compartes a Dios? ¿Está tu lealtad a Dios sobre todas las cosas, o te ves queriendo agradar a Dios y a algo más? Identifica lo que roba tu lealtad indivisible e intransferible a Dios, y comprométete a ser fiel a Dios por encima de todas las cosas. El lo merece y lo vale.

  • En el capítulo 14 de 2 de Reyes y en 2 Crónicas 25 se complica un poco la cosa para reconocer a los reyes de Israel y Judá porque los nombres son similares. Leímos cómo Joás, rey de Judá fue criado por el sacerdote Joiada y su familia, pero al final, cuando Joiada falleció, Joás escuchó el consejo de reyes y trató con desprecio a aquellos que habían sido buenos con él.

    Para cuando Joás murió, Amasías su hijo tenía veinticinco años y llegó a ser rey de Judá durante veintinueve. Nos dice el texto que hizo lo correcto, pero no de corazón recto. Leemos que hizo justicia contra los que mataron a su padre, mas obedeció a Dios y no fue contra los hijos de estos hombres.

    2 Crónicas 25 cuenta cómo un varón de Dios le habló avisándole para que no fuera a la guerra juntamente con Israel, ya que estos no estaban haciendo lo recto ante los ojos de Dios y Dios no lo prosperaría. Amasías, rey de Judá, había formado un ejército, y había pagado a soldados de Israel para salir con él a la guerra. Mas un varón de Dios le habló, avisándole de que si salía a la guerra con Israel, Dios no lo prosperaría. Pero Azarías había invertido dinero para contratar a los soldados. ¿Qué ocurriría con esa pérdida de dinero? Mas el profeta le contestó: “Jehová puede darte mucho más que esto.”

    Para mí es un recordatorio de que cualquier cosa que tengamos que dejar a un lado para seguir al Señor no es demasiado, porque Dios puede darnos mucho más que lo que dejamos.

    Amasías obedeció a Dios, y pidió a los soldados de Efraín que se marcharan a sus casas. Estos se enfadaron, porque los soldados, aparte del dinero que cobraban, podían quedarse con parte del botín si ganaban. Al mandarlos a casa, no podrían beneficiarse del botín de la batalla.
    Así que estos mismos soldados, mientras Amasías y su ejército salieron a la batalla, fueron y atacaron varias ciudades de Judá y se quedaron con los despojos.

    Y nos narra el texto que “volviendo luego Amasías de la batalla contra los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y los puso ante sí por dioses, y los adoró, y les quemó incienso.

    Una vez más. en lugar de agradecimiento y fidelidad a Dios, Amasías se hizo otros dioses, y cuando Dios le envió un varón que le amonestara, lo despreció y lo amenazó. E hizo planes Amasía para ir en batalla contra Joás, hijo de Jehú, el rey de Israel que tenía el mismo nombre que su difunto padre. Así fue a la guerra contra Israel.

    A pesar de que el rey Joás de Israel había enviado a decirle a Amasías: “Tú dices: He aquí he derrotado a Edom; y tu corazón se enaltece para gloriarte. Quédate ahora en tu casa. ¿Para qué provocas un mal en que puedas caer tú y Judá contigo? Mas Amasías no quiso oír; porque era la voluntad de Dios, que los quería entregar en manos de sus enemigos, por cuanto habían buscado los dioses de Edom. (2 Crónicas 25:19-20).

    Sin duda, Jehová podría haberle dado a Amasías mucho más que el dinero que había perdido, y podría haber sido su aliado infalible. Mas Amasías eligió su propio camino y sus propios aliados. Después de su muerte, Uzías, su hijo, al que también se le llama Azarías en Reyes, que tenía dieciséis años, fue proclamado rey. Uzías reinó 52 años en Judá, y fue un buen rey. Preparó a Judá para la guerra, sus ingenieros inventaron maquinaria para ataque y defensa, y su fama se difundió por lugares lejanos, mas nos dice el capítulo 26 de Crónicas que “cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.” Eso no le pertenecía al rey.

    El sacerdote, llamado Azarías, lo intentó parar, acompañado de ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes, advirtiéndole que solamente los sacerdotes, los descendientes de Aarón podían quemar incienso a Jehová. Le dijeron: “Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios.” Y nos cuenta el texto que “Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido.”

    Fue así como el rey fue leproso hasta el día de su muerte, con toda la humillación que esto conllevaba en su día. Así que, no siendo capaz de estar en público, su hijo Jotam “tuvo que hacerse cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.” hasta que Uzías falleció y Jotam llegó a ser rey.

    Una vez más, al leer la Palabra de Dios y estudiar estos personajes, la necesidad de confiar en Dios se hace más evidente. Joás hizo cosas buenas, pero fue cruel y despreció las bondades de la familia del sacerdote. Amasías su hijo hizo muchas cosas buenas, pero en su orgullo despreció el consejo de Jehová y buscó otros dioses a los cuales él pudiera controlar. De Uzías su hijo se nos dice también que hizo grandes cosas para el pueblo de Dios, mas se le subió el orgullo y acabó rebelándose contra Dios, traspasando barreras que Dios había dispuesto, y queriendo hacer aquello que Dios había preparado para otros.

    De las debilidades de otros también se aprende, y yo quiero recordar que lo que Dios me da es bueno, y debo recibirlo con agradecimiento. Lo que él me quita o me pide que deje a una lado, lo debo soltar y descansar en la sabiduría de Dios. Y cualquier logro que Dios me permita tener, debo considerarlo como un regalo de Dios, y no dejar que se me suba a la cabeza, porque en la confianza en Dios y en la proclamación de su gloria es donde sus hijos pueden descansar. Recuerda el mensaje al rey Amasías: “Jehová puede darte mucho más que esto.” Descansa en Él.

  • Acab y Jezabel fueron reyes malvados, y vimos que Dios les dijo que su familia no prosperaría. Fue a manos de Jehú que Dios estableció que la casa de Acab dejara de existir. Mas nos cuenta la Palabra de Dios que Jehú fue muy cruel a la hora de traer justicia sobre la casa de estos malvados, matando a todo aquel que había emparentado con la casa de Acab. Fue así que Jehú, rey de Israel, mató a Joram el anterior, porque era hijo de Acab y también a Ocozías, rey de Judá, el cual era el nieto de Acab, hijo de Atalía, hija de Acab y Jezabel.

    Atalía, hija de Acab, al ver que Jehú había matado a Ocozías, decidió matar a toda la descendencia real para asegurarse el trono para ella. No entendemos porqué Atalía no sufrió la obra justiciera de Jehú, porque si su madre había sido malvada, ella definitivamente siguió en sus pasos.

    En 2 Reyes 11 y en 2 Crónicas 22 leemos que el sacerdote Joiada y su esposa Josabet, la cual era hermana de Ocozías e hija del rey Joram de Israel, rescataron a Joás, el hijo de Ocozías, de un año de edad y lo escondieron en el templo durante seis años. Cuando tenía 7 años, organizó Joiada un ejército que protegiera al rey continuamente, y lo proclamaron rey sobre Judá. Atalía gritó al verse perdedora, y fue perseguida mientras daba gritos de traición, hasta que al salir del templo fue reducida y muerta.

    Nos narra 2 Crónicas 24:2 que hizo Joás lo recto ante los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote.” Esta frase nos advierte que una vez el rey estuvo fuera de la influencia directa del sacerdote Joiada, Joás dejaría de hacer aquello que agradaba a Dios.
    Joás se ocupó fielmente durante años de restaurar el templo de Dios. Recaudó dinero para la reparación anual del templo y asignó el trabajo a hombres que se encargaran de mantener el templo. Mas cuando Joiada envejeció y murió, leemos que “vinieron los príncipes de Judá y ofrecieron obediencia al rey; y el rey los oyó. Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado. Y les envió profetas para que los volviesen a Jehová, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon. (2 Crónicas 24:17-19)

    “Entonces envió Dios a Zacarías, hijo del sacerdote Joiada, el cual les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará.
    Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová.”

    ¡Había sido el padre y la madre de Zacarías los que habían rescatado a Joás cuando era un niño! Y así es como Joás obró con él! “El rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande.”

    Mas cuando Joás anduvo en su propio juicio y contra los caminos de Dios, las cosas no le fueron bien. “A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria; y vinieron a Judá y a Jerusalén, y destruyeron en el pueblo a todos los principales de él, y enviaron todo el botín al rey a Damasco.” No podría esperar bien cuando él había pagado mal a aquellos que le habían hecho bien.


    Joás había recibido misericordia de parte de la familia de Joiada, mas no había mostrado misericordia hacia la casa de Joiada, y había matado a Zacarías, el cual habría crecido en la misma casa que él. Y vemos que Dios permitió que los sirios vinieran contra Joás, porque él y los que con él estaban “habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. Así ejecutaron (los sirios) juicios contra Joás.”

    Leemos en el versículo 25 que “cuando se fueron los sirios, lo dejaron agobiado por sus dolencias; y conspiraron contra él sus siervos a causa de la sangre de los hijos de Joiada el sacerdote, y lo hirieron en su cama, y murió. Y lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.”

    Triste final de un rey que podría haber vivido en lo caminos de Dios y disfrutado de sus bondades. Proverbios 17:13 advierte que “El que da mal por bien, No se apartará el mal de su casa.”

    Y así fue con estos reyes que en lugar de seguir los caminos de Dios seguían sus propios planes. ¿Qué tal se te da a ti el mostrar misericordia con otros? ¿Eres de las que recuerda el bien que otros han hecho por ti? Porque es fácil olvidar la misericordia y el amor que otros nos han mostrado, y con frialdad buscar nuestro propio beneficio del momento.

    Padre, ayúdame a recordar a aquellas personas que has puesto en mi vida para protegerme y cuidarme. Y ayúdame a hacerles bien y no mal. Quiero ser agradecida y seguir el camino que tú alabas.

  • Misericordia y justicia

    El rey Acab es un personaje interesante. , Nos dice la Palabra de Dios que era peor que todos los otros reyes. Mas vemos que Dios fue muy compasivo con él. Dios le dio muchas posibilidades de humillarse ante Dios y seguirle, mas vemos que Acab no las aprovechó. Su esposa era la malvada Jezabel, la cual pensaba solo en sí misma y no le importaba el mal que pasaran los demás. Era extremadamente rebelde contra Dios y persiguió y mató a todos los profetas de Dios que pudo encontrar.

    Y Acab lo vemos que seguía la linea de actuación de su esposa y no se sometió a Dios en su vida. Pensó que podía ignorar a Dios y formar su propio grupo de profetas. Curiosamente, tuvo la oportunidad de seguir a Dios y sus consejos, ya que siempre tuvo personas a su alrededor que temían el nombre de Dios.

    Nos dice el capítulo 18 de reyes que Acab tenía gente a su alrededor que eran seguidores del Dios verdadero.

    ¿Alguna vez has pensado que tenías una situación difícil en casa o en el trabajo? Te invito a leer sobre Abdías.

    Era el mayordomo del rey Acab. Atendía a su casa y todos sus asuntos, y leemos que “Abdías era en gran manera temeroso de Jehová. Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.“ (18:2-3)

    Jezabel, mujer de Acab, malvada reina de Israel había pedido que se mataran a todos los profetas de Israel, y Abdías, que trabajaba para el rey Acab, escondió a cien profetas, cincuenta en una cueva y cincuenta en otra para librarlos de la muerte, y les proveía sustento.

    Fue Abdías el que conoció a Elías y arregló el encuentro entre este y el rey en el relato de los holocaustos, lugar donde Dios mostró su poder enviando fuego que consumiera el holocausto de Elías a pesar de que había agua que corría por todos lados.

    Me pregunto si Abdías oraba por su jefe, porque Dios se mostró misericordioso con Acab en múltiples ocasiones. Dios le dio la victoria a Acab sobre los sirios, mas vemos que Acab hizo pacto con el rey Ben-adad, desobedeciendo el consejo de Dios. Dios envió a un profeta para amonestarle, Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.” Acab no tomaba bien la amonestación, pero vemos que Dios siguió dándole oportunidad de arrepentirse.

    En el capítulo 21 de 1 de Reyes podemos leer que Acab quería la viña de su vecino Nabot, la cual había pasado de generación en generación, y no estaba en venta. Acab se entristeció, “Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.” Escribió ella cartas a nombre de Acab para que acusaran a Nabot falsamente y lo apedrearan en la plaza.

    “Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. (21:15) Y Acab fue y la tomó. Dios ya le había mostrado suficiente misericordia, pero él no cambiaba. Envió Dios a Elías, el cual le reprendió por la maldad que había hecho: Le dijo Elías: “te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. He aquí dice Jehová, yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel.”
    “Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa. (21:27-29)

    Una vez más, Dios se mostró misericordioso, no ignorando las muestras de humillación del rey Acab.

    Nos cuenta 1 de Reyes 22 y 2 de Crónicas 18 que Josafat, el rey de Judá, el cual había hecho mucho bien en su reinado, emparentó con Acab y Jezabel.

    Un día que Josafat visitaba a su consuegro Acab, este le invitó a ir a la guerra con él contra Ramot de Galaad. Josafat parecía estar dispuesto, mas “dijo Josafat al rey de Israel: Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová (4). Así que Acab consultó con sus profetas, los cuales estuvieron de acuerdo en que serían victoriosos si luchaban.

    “Pero leemos en el versículo 6 que después de escuchar a los profetas que trajo Acab “Josafat dijo: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, para que por medio de él preguntemos?”

    Acab había consultado a profetas falsos, ya que parecía que los profetas de Jehová no eran de su agrado. Le dijo Acab a Josafat: Aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey.”

    Acab obviamente no quería escuchar la voz de Dios, mas vemos que Dios continúa poniendo personas en su vida que le siguen apuntando al Salvador. Micaías, al llegar a la presencia del rey, le da el mensaje que este quería escuchar. Mas Acab sabe que ese no es el mensaje de Dios. Insistió, hasta que Micaías le dijo: Vas a ser derrotado y saldrás huyendo. Dios ya había dado demasiadas oportunidades a Acab, y este no quería saber nada del Dios verdadero.

    Leemos que en la batalla contra Ramot de Galaad, Acab convenció a Josafat que llevara del sus ropas reales, marcándolo como diana para el enemigo sirio, y Acab se vistió de soldado. Mas cuando los enemigos vinieron a atacar a Jesafat, este alzó la voz y dijo que él no era el rey Acab. Y una de las flechas en la batalla, que ni iba dirigida al rey, hirió a Acab de muerte.

    Dios había mostrado su misericordia durante mucho tiempo, y ahora estaba haciendo justicia. Dice la Palabra que el alma que pecare morirá. La única esperanza para el ser humano es la obra redentora de Cristo en la cruz. Cristo murió por el pecador, para que los que hemos pecado contra Dios podamos arrepentirnos y confiar en su salvación. Acab había tenido muchas oportunidades, y las había despreciado. ¿Hasta cuando puede uno resistir el amor de Dios? En Acab vemos la consecuencias de rechazar su misericordia.

    Busca a Dios, porque es hoy el día de salvación, y no tenemos garantizado un mañana. Que le Señor te bendiga.

  • La tarea del profeta era proclamar la Palabra de Dios. En el libro de los reyes podemos leer de los profetas que vivieron en el reino de Israel durante el periodo de los reyes y hasta la caída de Israel.

    Micaías era un profeta en los tiempos de Acab, como lo fue Elias. Este dio Palabra de Dios a Acab, y fue encarcelado por ello. Acab dio órdenes en cuanto a Micaías por haber anunciado su muerte.
    “Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.” 1 Reyes 22:27-28

    Leemos también en 2 Reyes 14 de Jonás, hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer, el cual predijo la restauración de los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel.

    En el libro de Reyes también leemos del gran profeta Eliseo, el que fue aprendiz de Elías y recibió doble porción del espíritu de Elías antes de su partida. Nos cuenta 1 Reyes 19 que Eliseo trabajaba arando la tierra. Elías vino adonde él estaba trabajando y compartió con Eliseo la llamada especial de Dios al ministerio de profeta de Israel. Eliseo lo entendió perfectamente. Enseguida puso su casa en orden y se preparó para ir con Elías y servirle a la vez que aprendía de él.

    Pero vemos que en múltiples ocasiones, el pueblo de Dios no escucho las advertencias de los profetas, sino que siguieron en su camino de desobediencia.

    Eliseo no fue miedoso al pedir ayuda de Dios. Pidió una doble porción del espíritu de Elías. Admiraba la obra de Elías, y quería ser como él, y servir al Señor y ser usado por El. Por eso pidió con valentía. Y vemos que Dios se lo concedió. En 2 de Reyes 2 leemos que cuando Eliseo vio a Elías ascender al cielo, recibió el don de profecía de este pero una doble porción.

    En 2 Reyes 3 leemos que después de la muerte de Acab y de Ocozías, Joram, hijo de Acab llegó a ser rey de Israel. Este hizo alianza con Josafat, rey de Judá y con el rey de Edom, para ir contra el rey de Moab. Josafat, antes de salir a la batalla, al igual que había hecho anteriormente con Acab, pidió que se llamara a un profeta de Dios.

    Vino Eliseo a verlos, pero habló directamente con Joram rey de Israel: “¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre.”

    Eliseo no se cortaba a la hora de llamar la atención al rey de Israel.

    Y Eliseo compartió la palabra de Dios diciendo: “Jehová entregará también a los moabitas en vuestras manos.” 2 Reyes 3:18
    Y Dios les dio la victoria de manera milagrosa.

    En el segundo libro de Reyes leemos de los milagros que realizó Dios a través de su siervo Eliseo. En el capítulo 4 ayudó a una viuda a cubrir sus deudas proveyendo aceite para llenar todas las vasijas que esta pudo juntar. Pidió por la familia sunamita que le dio lugar donde morar, de modo que esta y su esposo tuvieron un hijo, y cuando el hijo murió de lo que parecía ser una insolación, Eliseo le devolvió la vida, como había hecho Elías con el hijo de la viuda.

    Alimentó Eliseo a los hijos de los profetas que habitaban en Gilgal, y cuando estos enfermaron a causa de lo que habían comido, ya que el criado de Eliseo había cocinado con setas silvestres sin saber que eran venenosas, Eliseo, con el poder de Dios, hizo que el potaje no trajera enfermedad ni muerte. Leemos en el mismo capítulo que Dios proveyó para estos pan, haciendo que veinte panes de primicias alcanzaran para cien profetas, y nos dice el texto que “lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Dios.

    Eliseo fue el que mandó a Naaman a zambullirse siete veces en el río Jordán para que fuera sanado de la lepra, en el capítulo 5, y el que hizo flotar el hacha prestada de uno de los hijos de los profetas en el capítulo 6.

    Eliseo protegió al rey de Israel contra el rey de Siria, haciéndole saber lo que este planeaba contra él. Mas leemos que Ben-adab, rey de Siria, sitió la ciudad de Samaria, y la gente comenzaba a morir de hambre. El rey de Israel se enfadó en gran manera con Eliseo y mandó a buscarlo. Cuando el mensajero llegó, Eliseo lo estaba esperando. Le profetizó que al día siguiente, los precios de todos los alimentos estarían por los suelos, y todos podrían disfrutar de muchas provisiones. El siervo del rey respondió: “Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?” 2 Reyes 7:2

    El siervo del rey no creyó la palabra de Dios, y Eliseo le respondió “He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.” Su falta de fe lo iba a privar de los beneficios que estaban por venir. Curiosamente, cuatro leprosos serían los primeros en descubrir que el campamento de los sirios estaba desierto. “Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
    Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.” (2 Reyes 7:6-7)

    Los leprosos solo tuvieron que entrar y disfrutar de las bendiciones del Señor. Y cuando vieron todo lo que había, fueron a contarlo al pueblo. Y así, al día siguiente, como había dicho Eliseo, una medida de flor de harina fue vendida por un siclo, y dos de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.” Mas nos narra el texto que el siervo del rey salió a la puerta, y el pueblo lo atropelló a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios.”
    Triste historia. Pudiendo haber disfrutado de las bendiciones que Dios prometió, este siervo eligió dudar la palabra de Dios.

    Eliseo ungió a Jehú, hijo de Josafat para ser rey en Judá, como había hablado Dios a Elías antes partir. Durante el reinado de Joás, rey de Israel, enfermó Eliseo, y leemos en el capítulo 13 que el rey de Israel lloró por Eliseo; y murió Eliseo después de declararle a Joás que solo derrotaría a Siria tres veces por su falta de celo por Dios, y no los derrotaría del todo.

    Antes de la caída de Samaria y el cautiverio de Israel, 2 Reyes 17: 13-14 nos recuerda que Dios fue fiel a Su pueblo y “amonestó a Israel y a Judá por medio de todos los profetas diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios.”

    Así vemos que los profetas fielmente advirtieron a reyes y plebeyos, mirando por el bien del pueblo. Mas aquellos que no quisieron escuchar, no fueron obligados a hacerlo. Estos tuvieron que sufrir las consecuencias de sus pecados.

    Nosotros tenemos también la tarea de proclamar la salvación de Dios a los que nos rodean. Como los profetas, no tenemos poder en nosotras mismas, pero el poder de la Palabra puede salvar a aquel que reconoce su camino erróneo y se vuelve a Dios. Seamos fieles en guiar a otros a la Palabra de Dios, la Biblia. Dios ha hablado, y nuestra meta debe ser que otros conozcan lo que Dios ha dicho en Su Palabra. Leamos la Biblia y compartamos el mensaje con fidelidad.

  • En varias ocasiones leemos que un profeta de Dios habló con reyes en nombre de Dios para darle un mensaje.

    Vimos que el profeta Natán habló a David para mostrarle donde había desobedecido a Dios, el profeta Samuel habló con Saúl y con David para ungirlos como reyes, el profeta Ahías anunció a Jeroboam que sería rey, y más tarde dio el mensaje de amonestación por su desobediencia a Dios. También hemos podido leer de Azarías, el cual se presentó a Asa para llamarle la atención por poner su confianza en otros reyes y no en Dios, quien le había ayudado en múltiples ocasiones. Jehú hijo de Hanani
    habló contra Baasa por andar en el mismo mal camino que Jeroboam.

    Aunque a veces se les llama videntes, los profetas del antiguo testamento no eran adivinos, sino que hablaban de parte de Dios. También predicaban los preceptos de la ley de Dios, como haría hoy día un predicador. Sin duda debían ser hombres que amaban a Dios y le seguían con fidelidad. Pero también vemos que eran hombres normales, no poseían poderes sobrenaturales, y sus emociones eran reales; eran tentados a desanimarse o a desobedecer y dependían de Dios para hacer la obra que este les había asignado. Tan solo al mantenerse cercanos a Dios, podían resistir la prueba y disfrutar de una relación cercana con Dios.

    En 1 Reyes vemos a dos grandes profetas del pueblo de Dios, a Elías y a Eliseo.

    Vemos a Elías proclamando la palabra de Dios durante los días del reinado de Acab, el rey que nos dice el texto fue peor que todos los otros reyes.

    Nos dice el capituló 17 que Dios envío a Elías a vivir al arroyo de Querib, y los cuervos le traían el alimento para mantenerse. Leemos que a la palabra de Elías llovía, y a su voz dejaba de llover. Hubo sequía en los ´días de Elías y se secó el arroyo donde este moraba, y Dios lo mandó a Sarepta, donde una viuda que vivía ahí con su hijo lo sustentaría. Curiosamente, cuando Elías llega, ella solo tenía suficiente harina para una comida para ella y su hijo, mas Dios milagrosamente hizo que hubiera comida para el profeta y que no le faltara a la viuda ni a su hijo hasta que acabara la sequía que Dios había enviado.

    Vemos que Elías se sintió desanimado en ocasiones, como cuando el hijo de la viuda enfermó y murió, mas vemos que Dios atendió a su petición, restaurando la vida al niño.

    En 1 Reyes 18:17-19 nos cuenta el encuentro que tuvo el profeta con el rey Acab, el cual había matado a los profetas de Jehová y había estado buscando a Elías.

    “Cuando Acab se encontró con Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales. Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.”

    Elias propuso ofrecer sacrificio a Dios, mientras ellos ofrecerían sacrificio a su dios, Baal. Les explicó el plan así:


    “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.
    Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
    Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. (1 Reyes 18:21-24)

    Le pareció bien al pueblo el plan, así que nos dice el texto que los profetas de Baal fueron primero y prepararon el holocausto. Pidieron a Baal que enviara fuego, mas Baal no respondía. (1 Reyes 18:27-29): Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo:

    “Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.”

    Y nos dice el texto que los profetas de Baal “clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.”


    Comenzó entonces Elías a preparar su holocausto a Dios. (18:32-) “Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
    Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!


    Al ver el poder de Dios, el pueblo se vio obligado a declarar que Dios era el único Dios verdadero, y que Baal no se le acercaba ni a los talones. Pensaríamos que todos se convertirían de su mal camino, mas no sería así.

    Y curiosamente vemos a Elías dando mensaje de aviso a Acab de subir al carro y marcharse hacia Jezreel porque iba a venir la lluvia, para que no le pillara de camino. Acab llegó a casa donde le esperaba su esposa, que era más malvada que él, y cuando le contó lo sucedido, hizo juramento que mataría a Elías al día siguiente.

    Elías reaccionó con preocupación y depresión, rogándole a Dios que le quitara la vida, y al mismo tiempo huyendo para esconderse de Jezabel. Aquí Dios podía haberle llamado la atención por perder su confianza, mas vemos que Dios lo restauró física y emocionalmente. Primero envió un ángel que lo ayudara físicamente.

    Me encanta los detalles que nos ofrece el relato. Nos dice que Elías se quedó dormido. Estaba rendido y necesitaba descansar. Cuántas veces nuestro estado de ánimo está por los suelos y no nos damos cuenta de nuestro cansancio físico. Leemos que el ángel lo despertó y le dijo: “Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. (19:5-8).

    Una vez hubo descansado y comido, podría restaurarse emocionalmente. Elías se levantó para dirigirse a Horeb, donde Dios se le mostraría en un silbo suave y apacible. Dios le confirmó que no moriría a manos de Jezabel, que no era el único profeta que había sobrevivido, sino que había muchos que seguían fieles a Dios, y que Dios todavía tenía un buen plan para él.

    Santiago 5:17, hablando del poder de la oración nos dice que “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.” Elías, en los momentos más desconcertantes clamaba a DIos y confiaba en Él, y Dios lo sustentó. Recordemos que fue Elías el que iría con Dios sin experimentar la muerte física. No fue porque era un hombre extraordinario, sino porque servía a un Dios extraordinario.

    ¿Has depositado tu plena confianza en Dios? Entonces tienes el mismo Dios que Elías. Santiago te recuerda: “La oración eficaz del justo puede mucho.” Así como Dios mostró su poder a través de Elías, lo puede mostrar en tu vida y en la mía. Servimos a un Dios extraordinario.

  • ¡Qué difícil es mantenerse firme en obediencia a Dios cuando todos los de alrededor están haciendo lo que les parece!
    En medio del conflicto y rodeado de inmoralidad e idolatría, Asa llegó al trono y giró el torno. No se dejó llevar por la corriente de su sociedad ni la de su propia familia.

    Dios nos muestra, en medio de todo esto, a un rey que se volvió a Dios para cumplir sus mandamientos. Nos dice el libro que Asa, en Judá, tuvo un corazón perfecto para con Dios, levantándose para denunciar los pecados morales del pueblo e incluso la idolatría de la reina madre, Maaca, la cual era una idólatra.
    nos dice 1 Reyes 15 y 2 Crónicas 14.1-5; 15.16-19) que Asa fue un buen rey.

    Asa se levantó contra la idolatría y la inmoralidad. Comenzó a reinar en el año 20 de Jeroboam, y vio a varios reyes pasar por el trono de las tribus del norte.

    9 En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá.
    10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom.
    11 Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre.
    12 Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho.
    13 También privó a su madre Maaca de ser reina madre, porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón.
    14 Sin embargo, los lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con Jehová toda su vida.
    15 También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.

    2 Crónicas 14
    Durmió Abías con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego el país por diez años.
    2 E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios.
    3 Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera;
    4 y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos.
    5 Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado.
    6 Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz.

    11 Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: !!Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre.

    El profeta Azarías habló a Asa afirmando que si buscaban a Dios lo hallarían, pero si lo dejaban él los dejaría. Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová.

    No hubo guerra durante los primeros 35 años del reinado de Asa, mas este hizo alianza con los sirios para fortalecerse contra Israel. Dios mandó al profeta Hanani para amonestarle por haber buscado alianza. Dios lo había protegido contra los etíopes y contra los libios, ejércitos mucho más poderosos. ¿Por qué entonces había desconfiado y buscado apoyo humano para esta batalla? Le dijo también el profeta:

    “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti. Entonces se enojó Asa contra el profeta y lo echó en la cárcel, porque se encolerizó grandemente a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo.

    Tristemente, Asa no reaccionó bien a la amonestación. Dice el texto que “se enojó Asa contra el profeta y lo echó en la cárcel, porque se encolerizó grandemente a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo.” Asa se enfadó y lo pagó con los que tenía a su alrededor.

    En el año 39 de su reinado se enfermó, y aquí tristemente nos dice que “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos.” Y murió Asa en el año 41 de su reinado.

    Asa tuvo un reinado largo, y en su mayor parte bueno. Durante su reinado, vemos que varios reyes pasaron por el trono de Israel al norte:
    Jeroboam fue un rey que no siguió a Dios,
    Baasa, tampoco (1 Reyes 16:1-7)
    Ela, su hijo reinó después de él. Reinó dos años, y su hijo Zimri lo mató
    Zimri, murió por su propia mano, incendiando su propia casa.
    Omri, el general del ejército que acorraló a Zimri, (reinó 12 años) y no hizo lo bueno delante de Dios.
    Acab su hijo reinó 22 años, e hizo lo malo más que todos los otros reyes(16:30). Este es el que estaba casado con Jezabel, la cual también fue una reina malvada.

    Asa, en contraste, había buscado seguir la ley de Dios.

    Triste que Asa, en su vejez, en lugar de buscar a Dios, decidió poner su confianza en otros. Dios lo había elegido, le había proclamado rey, y lo había cuidado todos estos años, protegiéndolo de los reyes del norte. Pero él confió en sus propias fuerzas y en los de alrededor. Dios llamó su atención, porque Dios se había mostrado en su poder guardándolo en numerosas ocasiones.

    Me hace pensar en nosotros los creyentes. Decimos que confiamos en Dios, pero a menudo nuestra fe nos falla, y vamos a buscar consuelo o confianza en cosas, situaciones o personas, pensando que esto nos puede guardar, ayudar o defender. Dios es nuestra fortaleza, nuestro escudo fuerte, nuestro libertador. ¿Por qué elegiríamos buscar descanso y protección en el dinero, en posesiones, en amistades? Busquemos a Dios, porque Él ha dicho que los que le busquen lo hayarán. Busquemos a Dios y guardemos sus preceptos.

  • Tras la división del reino, Jeroboam no quería que Israel fuera hasta Jerusalem a ofrecer holocaustos, por miedo a que se volviera la gente a Roboam y su reino fuera destruido.

    Así que “habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.”

    Nos dice además el texto que “Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.” Y Jeroboam instituyó fiestas para cada becerro, en la fecha que a él se le antojó, ignorando las instrucciones de Dios concernientes a las ofrendas y sacrificios, y nos dice el versículo 33 que hizo fiesta a los hijos de Israel. Notemos que no dice a Dios, sino a los hijos de Israel. ¿Te recuerda a las fiestas que se celebran en nombre de Dios y que más bien están diseñadas para la gente. No se piensa si las actividades son dignas de alabanza a Dios o si por el contrario dan lugar al desenfreno.

    Jeroboam hizo becerros de oro, tal y como lo habían hecho en el monte Sinaí años antes. Nos narra el capítulo 13 que Dios envió un profeta de Judá a Jeroboam para llamarle la atención

    “aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.”


    Jeroboam se molestó y mandó que lo prendieran, mas Dios lo impidió, “Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.”

    Mas nos dice el capítulo 13:33-34 “Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos. Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.”

    Al mismo tiempo, en Judá, reinaba Roboam “Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová” Dice el texto que enojaron a Dios “más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.”

    Por lo cual vemos que el pueblo entero de Israel había dejado a Dios de lado para servirse a sí mismos. “Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.”

    Ocurrió que el hijo de Jeroboam se enfermó, y Jeroboam envió a su mujer a hablar con el profeta Ahías, el que había profetizado años antes que Jeroboam sería rey de Israel. Mas cuando llegó ella adonde estaba el profeta, este tenía un duro mensaje para Jeroboam. Su hijo no sanaría. Pero además le dijo a la mujer:

    “Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas.”

    Ambos hombres y ambos reinos habían dado la espalda a Dios.
    Falleció Roboam ocho años antes que Jeroboam, y Abiam su hijo fue rey de Judá durante tres años, y su hijo Asa detrás de él y la guerra entre los dos reinos continuó.

    Tras 22 años de reinado, Jeroboam falleció también, y Nadab su hijo fue rey después de él. Su reinado duró solo dos años, ya que Baasa hijo de Ahías conspiró contra él y lo mató, y llegó este a ser rey de Israel. Esto acabó con la linea monárquica de Jeroboam, lo cual Dios ya había anunciado, por su pecado de rebelión. Fue por su propio camino, y su propio camino acabó con su vida y la de su descendencia, los cuales siguieron su ejemplo.

    Pienso en nosotras como las que vamos delante, tomando decisiones que afectarán a los que vienen detrás. ¿Qué tipo de camino estamos creando para aquellos que nos siguen? Buscamos agradar a Dios y guiar a otros en ese camino, o por el contrario estamos buscando nuestra propia gloria o comodidad, ignorando los estatutos de Dios y creando los nuestros propios?

    Que los que nos siguen puedan ver nuestra fidelidad a nuestro Dios, y que Dios pueda decir de ti y de mí, “ella me siguió de corazón perfecto”. No que era perfecta, así como David no fue perfecto, mas su corazón buscó cada día la paz con Dios, con la determinación de seguir sus mandamientos. Yo quiero que Dios pueda decir eso de mí. ¿Te apuntas tú al reto?

  • Nos cuenta el capitulo once de Reyes que cuando Salomón se desvió tras otros dioses, Dios le dijo que le quitaría el trono de Israel, mas no durante su vida, por amor a David su padre. Dios le dejaría reinar, pero durante el reinado de su hijo Roboam le quitaría el trono de Israel. Mas Dios no rompió su promesa a David. De las doce tribus de Israel, diez tribus serían dadas a otro linaje, y solo la tribu de Judá sería para la descendencia de David, ya que la tribu de los levitas se encargaban del templo y no tenían tierra en propiedad.

    Jeroboam, leemos en el versículo 26, hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.
    Este era hombre valiente y esforzado, y Salomón le había dado el cargo de la casa de José. Dios le habló a través del profeta: 1 Reyes 11:29:33

    “Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo. Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.”

    Dios confirmó su voluntad a Jeroboam diciendo:

    “Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel. Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre. (11:37-39)

    Dios le dió la misma promesa a Jeroboam que había dado a su pueblo en varias ocasiones “si guardas mis estatutos yo estaré contigo”. Esta es la misma promesa que tenemos para nosotros, recuérdalo.

    Lo bonito es que Dios disciplina, mas no guarda su enojo. Es justo para castigar y misericordioso para perdonar. Y además es fiel a ´su Palabra, por lo que no afligiría a la descendencia de David para siempre, sino que volvería a acordarse de ellos para salvación, y Mesías vendría de su descendencia siglos más tarde.

    Reinó Salomón cuarenta años, y fue sepultado en Jerusalem, y reinó tras él su hijo Roboam.
    Roboam no siguió los caminos de David, sino que siguió el patrón desarrollado por su padre. Salomón recaudaba muchos impuestos. había reclutado soldados, e incluso había instituido la esclavitud para realizar los trabajos de su reino. Esto no le había agradado a Dios, y sin embargo, Roboam había decidido ser tan duro o más que su padre.

    Jeroboam, que había estado en Egipto huyendo de Salomón, volvió a Jerusalem, y le pidió al nuevo rey que redujera los impuestos que Salomón había establecido.

    Roboam pidió consejo a los ancianos, los cuales le dijeron que lo hiciera así, mas no estando satisfecho con la respuesta, pidió consejo de sus consejeros más jóvenes, por si le dirían lo que quería escuchar. Y así sucedió. Roboam respondió a Jeroboam así:

    Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
    Y no oyó el rey al pueblo.
    Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! (1 Reyes 12:14-16).

    Y así fue como el reino de Israel fue dividido, las diez tribus del norte bajo el liderazgo de Jeroboam, y la tribu de Judá que siguió a Roboam.


    Triste división de un pueblo que debía haber guardado los estatutos de su Dios, el cual les había prometido su presencia y su cuidado. Que no descuidemos nuestra lealtad a Dios, ya que vez tras vez podemos observar que cuando buscamos nuestro propio camino, siempre resulta en fracaso y dolor de corazón. Busquemos a Dios y sigamos sus consejos.

  • Salomón eligió pedir sabiduría a Dios sobre cualquier otra cosa, lo cual agradó a Dios, quien le dio no solo la sabiduría para liderar al pueblo, sino también riquezas y gloria.

    Salomón es el autor del libro de Proverbios, de Eclesiastés y el Cantar de los Cantares en nuestras Biblias, libros de sabiduría que siguen leyéndose y repitiéndose hasta hoy. La sabiduría que se presenta en estos libros tienen el sello de Dios, siendo parte de la Palabra inspirada por Dios.

    Nos narra el capítulo 9 de Reyes que Salomón hizo pacto con Dios al acabar la obra del templo. El capítulo anterior narraba cómo Salomón había trasladado el arca del pacto que contenía las tablas que Moisés había recibido en Horeb, y la colocó en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.

    Y nos dicen el versículo 11 que “la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.”

    Tenemos documentada la oración del rey Salomón durante la dedicación del templo, de la cual quisiera leer una porción:

    Dijo Salomón “delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo:

    Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón; que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.

    Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.
    Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.

    Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?

    Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.” (8:23-29)

    Salomón estaba dedicándose a sí mismo y dedicando al pueblo, rogando a Dios que pudieran mantener esta relación durante los años que seguirían.

    Y lo precioso es que Dios le contestó, hablándole como le había hablado anteriormente y diciendo:

    “Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.
    Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.

    Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?
    Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal. (Reyes 9:3-9)

    Nos cuenta el texto que Salomón se casó con la hija de Faraón para hacer alianza. Mas vemos en 1 Reyes 11:1-6 que tristemente

    “El rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.
    Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
    Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. ()

    ¿Cómo podía ser que el hombre más sabio de su época, aquel que había construido casa a Jehová, aquel que había hecho pacto con Dios de seguirle como lo había seguido su padre y Moisés, Josué y Samuel antes que él, pudiera desviarse hasta el punto de servir a otros dioses, dioses abominables a Jehová Dios?

    Sin duda no fue de la noche a la mañana. Comenzó amando otras cosas más que a Dios. Este era el primer mandamiento que Dios había dado a su pueblo: Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas. En su caso, amó a mujeres que no adoraban al Dios de Abraham, sino que seguían a otros dioses. Paso a paso, Salomón dejó de desear agradar a Dios, y su corazón comenzó a desviarse tras los dioses de aquellas a quien Salomón amaba.

    Es curioso que fue Salomón el que escribió Proverbios 4:23 que dice “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
    Porque de él mana la vida”

    Salomón rompió el pacto con Dios y perdió la bendición de que su descendencia gobernara sobre todo el pueblo de Israel. Pero más importante, perdió una relación íntima con Dios durante una buena parte de su vida.

    Si entendemos que el libro de Eclesiastés fue escrito al final de su vida, podemos disfrutar de la esperanza de que se arrepintió de haberse alejado de Dios y reflejó en el libro importancia sobre todas las cosas de “temer a Dios y guardar sus mandamientos” Y es que esto es el todo del hombre, y aquello que da vida.

    Confía en Dios y síguelo, porque en hacer esto experimentarás vida verdadera. No te arrepentirás.

  • La Palabra de Dios en Romanos 12:15 nos pide que nos gocemos con los que se gozan y lloremos con los que lloran. Vimos en el libro de Samuel que cuando David sintió el deseo de construir casa a Jehová, éste le contestó que Él no había pedido casa. En 1 Crónicas 28 se nos narra que en la transición del reino al rey Salomón, David dijo:

    “Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar. Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre. (28:2-3).

    Dios le dijo a David: (6-7) “Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre. Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día.”

    David tenía el deseo de construir el templo, sin embargo Dios le dijo que no. Dios tenía ese ministerio para Salomón.
    La reacción de David a la negativa de Dios es bonita, porque vemos que aceptó que ese trabajo le correspondería a su hijo. David no se cruzó de brazos porque él no sería responsable de este ministerio, sino que comenzó a planear y a almacenar materiales para cuando fuera el tiempo de la edificación. David se esforzó en prosperar la misión de otro.

    Nos narra el capítulo 28 del libro de Crónicas que Dios dio el plano del templo a David, el cual lo trazó y lo entregó a Salomón antes de morir. “Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño. (1 Crónicas 28:19)

    Dijo además David a Salomón su hijo: “Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.
    He aquí los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, estarán contigo en toda la obra; asimismo todos los voluntarios e inteligentes para toda forma de servicio, y los príncipes, y todo el pueblo para ejecutar todas tus órdenes.”

    Vemos que David puso a la disposición de aquel al que Dios había dado la misión de construir el templo su dinero, sus esfuerzos, el personal para que ayudara en la construcción, y todo su entusiasmo y apoyo.


    En el capítulo 6 de 1 de Reyes, vemos que Salomón, cuando llegó el momento de edificar el templo, hizo pacto con Hiram, rey de Tiro, amigo del rey David:

    “Entonces Salomón envió a decir a Hiram: Tú sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de sus pies.
    Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes; pues ni hay adversarios, ni mal que temer.
    Yo, por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.
    Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.”

    Y nos narra el texto que Hiram se alegró cuando Salomón le dijo que pensaba edificar casa a Jehová.

    “y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande.
    Y envió Hiram a decir a Salomón: yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés. Y “ Dio, pues, Hiram a Salomón madera de cedro y madera de ciprés, toda la que quiso.”

    Así que David e Hiram se presentan como ejemplo para nosotros, de ser de apoyo para otros que tienen responsabilidades que nosotros no tenemos. Que Dios nos ayude a apoyar a otros en sus proyectos y ministerios, apoyándoles en oración y con los recursos que tengamos a mano, y también expresarles el apoyo de modo que los podamos animar a llevar a cabo la obra a cabo.


    Como nos recuerda 1 Tesalonicenses 5:11, “animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

  • Dios escogió a Salomón, no por ser el mayor ni el mejor de los hijos de David. Dios tenía un plan para Salomón, y tenía un plan para su pueblo a través de Salomón.

    Nos dice el tercer capítulo del libro de Reyes que Salomón amó a Dios y anduvo en los estatutos de David su padre. Nos dice el texto que Jehová ofreció a Salomón en un sueño “Pide lo que quieras que yo te dé”

    ¡Vaya ofrecimiento! Lo que quieras. ¿Qué pedirías tú si pudieras pedir lo que quisieras, sabiendo que lo recibirías? ¿Un trabajo digno? ¿Un buen hombre? ¿Un sueldo para toda la vida? ¿Qué es aquello que te viene a la mente y que piensas que te haría feliz?

    Reyes 3:6-9 nos dice lo que Salomón respondió:

    “Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
    Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
    Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”


    Salomón comenzó a responder reflexionando sobre las misericordias que Dios había mostrado a su padre concediéndole ser rey sobre el pueblo escogido de Dios, y ahora le pasaba a él el trono y la responsabilidad de liderarlo. Mas Salomón reconoció y confesó ante Dios que la tarea era muy grande, y él se sentía joven y sin la capacidad para gobernar al pueblo.

    Salomón compartió con Dios sus miedos ante tan grande tarea, y le pidió un corazón entendido para juzgar al pueblo, discernimiento para saber lo que era bueno y lo que es malo, y para poder gobernar bien al pueblo.

    Nos dice el versículo diez que agradó a Dios que Salomón pidiese eso.

    Al pedir esto Salomón estaba mostrando humildad y un gran deseo de hacer las cosas bien ante Dios.

    Así que “le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. (3:11-12)

    Dios le contestó que ya había otorgado su deseo. Salomón es conocido en la historia de la humanidad por su sabiduría.

    La demostraría al poco tiempo de este sueño, cuando dos mujeres vinieron a él con un gran pleito sobre un bebé que traían con ellas. El bebé de una de ellas había muerto durante la noche, y ambas aseguraban que el bebé que habían traído al rey era el de ellas, y no había manera de saber quién estaba diciendo la verdad. Salomón pidió que le dieran al bebé, y sacando su espada les explicó que cortaría al bebé por la mitad y daría la mitad a cada una. Una de las mujeres respondió que le parecía bien; la otra clamó al rey y le rogó que no lo hiciera así, que mejor le diera el bebé a la otra mujer. Con estas reacciones, Salomón sabía que la madre del bebé era aquella que estaba dispuesta a perder a su hijo con tal de salvarle la vida. Salomón no había hecho esto para agradar a ambas por igual, sino para averiguar quién decía la verdad.


    Mas Dios no lo dejó ahí, sino que le concedió a Salomón más allá de lo que había deseado. Los versículos 13 y 14 dicen:

    “Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.”

    Dios le dio riquezas que no pidió y gloria que se difundió por todo el mundo, al punto que la reina de Saba vino de lejos para ver la sabiduría y las riquezas de Salomón.

    1 Reyes 4 nos narra que
    “Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar. Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
    Aun fue más sabio que todos los hombres, …;y fue conocido entre todas las naciones de alrededor.”

    Salomón “compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.”

    Nos dice que “También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces.”

    Si hubiéramos conservado todos sus escritos, sería fascinante leer sus disertaciones sobre la naturaleza.

    Y nos narra el texto que “para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.”

    Volvamos a aquel deseo que pasó por tu mente ante la propuesta de Dios: “Pide lo que quieras que yo te dé”
    ¿Qué es lo que tu corazón desea más que cualquier cosa en este mundo? Dios se agradó en el deseo de Salomón, porque este vio su necesidad de sabiduría que provenía de lo alto.

    La carta de Santiago en el nuevo testamento nos recuerda que si tenemos falta de sabiduría, que pidamos sin dudar que la recibiremos de Dios, y Él nos la dará sin reproche.

    ¿A qué esperas? ¿Piensas tú que eres suficiente independientemente de Dios? Salomón reconoció que sus capacidades, las cuales eran altas, no serían suficientes. Reconoció su necesidad de Dios.

    ¿Cómo puede Dios cambiar tu vida hoy para equiparte con aquello que necesitas?
    Te invito a pedirle a Dios sabiduría para las decisiones en tu vida.

  • El libro de Reyes (1 y 2 de reyes) relata la historia del pueblo de Israel desde el final del reinado de David y hasta el exilio de Israel a Babilonia. Durante los próximos días veremos detalles del reinado de Salomón, pero hoy veremos las palabras de David a su hijo en el momento de la transición.

    David había unido las tribus de Israel en un reino unido. Y ahora, en los primeros capítulos del libro de Reyes podemos leer cómo el rey había envejecido, y antes de morir pasaba su trono a Salomón, hijo de Betsabé. David tenía mucho que podía haber dicho a Salomón, y es cierto que parte de la charla que tuvo con su hijo incluía instrucciones tristes de cómo destruir a aquellos que no habían servido al rey de manera digna. Pero leemos también que las últimas palabras de sabiduría de David a Salomón son muy parecidas a las palabras que Moisés, Josué y Samuel compartieron con el pueblo de Israel a la hora de su muerte.

    David comienza la exhortación a su hijo con palabras que nos recuerdan a la exhortación de Dios a Josué: “esfuérzate, y sé hombre”

    David continúa dándole instrucciones a Salomón para que siga fiel a Dios. Dice así:

    “Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.”

    ¿Puedes recordar las palabras de promesa dadas al pueblo de Israel? Dios sigue manteniendo sus garantías de bendición a aquellos que guardan sus caminos y observan sus instrucciones. David le dijo a su hijo que obedeciera a Dios para que prosperase en todo lo que hiciera”

    ¿Piensas que esto era una garantía de que si obedecía a Dios, todo lo que él hiciera le saldría bien en todo momento?
    ¿Piensas que nos enseña a nosotras que si obedecemos a Dios, todo nos saldrá bien?

    Habiendo visto la vida de estos hombres y mujeres de Dios a través de la Biblia, hemos podido observar que el obedecer a Dios no es un talismán de la suerte con el cual la vida será un paseo por un jardín de flores. Sabemos que para que haya flores, debe haber días de lluvia y días de sol. Sabemos que para que una planta florezca, una semilla ha de ser enterrada bajo tierra. Ha de morir a sí misma como semilla, para poder florecer como rosa u otra bella flor. Sabemos que no hay crecimiento sin esfuerzo, y que para obtener un logro hace falta trabajo duro. Pero a veces olvidamos esto para demandar de Dios una vida cómoda y sin problemas como premio a nuestro esfuerzo por serle fiel. Como si Dios nos debiera algo.

    Mas son los problemas los que nos pulen a través de la obra de gracia de Dios en nuestras vidas. No hay mariposa sin sacrificio del gusano de seda; no hay diamante sin los golpes expertos de un lapidario que lo trabaje. En las manos de Dios, no hay golpe en vano. Cada sufrimiento está diseñado para hacernos brillar más y mejor, siempre y cuando confiemos en el maestro artesano.

    Romanos 8:28 nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. No dice que todas la cosas le irán bien. Son dos cosas distintas. El proceso es necesario para llegar al fin deseado, y su fin es bueno para aquellos que depositan su fe el Él.

    Así que ánimo en el camino. No es fácil, y no es para comodones. Si no, ¿por qué pues le diría David a Salomón “¡esfuérzate!” ¿Por qué deberían los hombres y mujeres en la historia esforzarse y ser valientes?

    Mas como Dios prometió a Josué, Dios está con aquel que le invoca. Dios prometió estar con Josué dondequiera que fuera, y Dios sigue prometiendo su presencia a sus hijos hoy día. Cuando ascendió al cielo dijo a sus discípulos en Mateo 28:20 “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

    Continuemos fielmente en el camino de la salvación, sabiendo que aquel que ha comenzado la obra en nosotros está con nosotros hasta el día que estemos en su presencia, y si hemos depositado nuestra confianza en Él, disfrutaremos de su compañía por todos los siglos. A Él sea la gloria.

  • David era, como se había profetizado, de la tribu de Judá, y de su linaje saldría el Mesías, el Rey eterno. Dios le confirma el pacto en el capítulo 7, cuando David propuso construir casa a Jehová.

    David había llegado a un estado de paz con el enemigo, y ahora quería hacer un templo para el arca de Dios. Mas vemos que Dios le recuerda que Él no ha pedido casa para sí. Dios mismo le dice que hará casa a David. Mas no hablaba de una casa física.

    El profeta Natán dio estas palabras de Dios al rey David: “Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.” (2 Samuel 7:11-13)

    Las palabras de Natán el profeta confirmaban que el linaje de David continuaría, y que tendría un hijo que sería rey. No era ninguno de los que ya habían nacido, sino que estaba aún por nacer. Este sería Salomón, el cual durante su reinado edificaría templo a Jehová. Aunque esta profecía incluía a la descendencia próxima de David, aquel cuyo reino sería afirmado eternamente sería el Mesías Salvador del mundo. Este nacería de la descendencia de David siglos más tarde, cuando ya no había rey de la familia de David en el trono.

    Mas tarde, en 2 Samuel 23:3-5 leemos lo siguiente, las últimas palabras de David:

    “El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra. No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer Toda mi salvación y mi deseo.”

    David reconoce que Dios ha bendecido su casa, mas hay una bendición por venir aún más grande. Cristo, la luz del mundo, la estrella de la mañana, habría de venir a salvar al mundo.

    Nos dice Filipenses 2 que Cristo dejó su reino en el cielo para venir a la tierra. Y mientras estuvo aquí no moró en casa de rey, aunque Él era el rey eterno. Al acabar su misión de salvar al mundo tras morir en la cruz y resucitar en gloria, volvió a su hogar celestial, mas dejó al Espíritu Santo, el cual nos dice que mora en nuestros corazones. Hace referencia al tabernáculo, a la tienda en la que habitó la gloria de Dios por el desierto y hasta que Salomón, hijo de David, fuera escogido para construir un templo al Señor.

    David no construiría casa para Dios, porque Dios había decidido habitar en el arca durante más tiempo. Así ahora el espíritu de Dios mismo escoge muestro cuerpo mortal, temporal como un tabernáculo, para mostrar Su gloria y poder. Dios reina en los cielos y su reino es eterno, mas ofrece morar en nuestros corazones mientras pasamos aquí en la tierra. Él está edificando morada para nosotros, una morada eterna, y como David, podemos regocijarnos en que no es lo que nosotros podemos hacer por Dios, sino en lo que Él ya ha hecho por nosotros, y lo que quiere hacer en nosotros.

    Filipenses 2 nos dice a nosotros: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

    Llegará el día en que moraremos con Él en gloria, pero ahora, aquí en la tierra, ¿está morando el Espíritu de Cristo en tu corazón? ¿Has doblado tu rodilla ante aquel que dejó todo para venir a ofrecerte vida en Él? ¿Confiesas a Jesucristo como Señor? Todos lo harán tarde o temprano, mas no todos para salvación. Mas aquellos que lo hagan aquí en vida, vivirán con Él eternamente. ¿Crees esto?