Episodios

  • Hemos visto en las oraciones de Jeremías las quejas que éste presentaba ante el Señor, las palabras de afirmación, de corrección y de exhortación del Señor a Jeremías y también la belleza de confiar y alabar al Señor en medio de la prueba.

    Podemos leer de varios personajes de la Biblia que alabaron a Dios por fe incluso cuando no entendían lo que Dios estaba haciendo en sus vidas.

    ¿Recuerdas a Job? Cuando todas sus posesiones, sus hijos y su salud habían sido arrancados, su repuesta fue: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.”

    ¿Y qué de Pablo y Silas en la cárcel en Filipos? Hechos 16:25 “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.” Estaban encarcelados por haber predicado en las calles. Y en lugar de llorar, maldecir o dudar, decidieron cantar alabanzas a Dios. Sabían que Dios podía librarlos si quería, y descansaban en Su perfecto plan.

    Es fácil alabar a Dios cuando sales de la prueba. Es fácil dar gracias cuando ves el motivo de una dificultad. Mas Hebreos 13:15 dice : “Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.”
    Cuando las dificultades no tienen sentido ni motivo para uno, alabar a Dios es solo posible por la fe, confiando en lo que conocemos de nuestro Señor.

    Ahí es cuando la alabanza cuesta. Ahí es cuando podemos llamarlo “un sacrificio de alabanza”, porque no es una alabanza gratis, que no cueste nada. David en 1 Samuel 24:24 compró un campo para ofrecer holocausto a Dios. Se lo querían ceder sin pagar, pero él respondió: “No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada.”

    ¿Ofrecemos nosotros holocaustos cuando no cuestan nada, o somos capaces de, por fe, ofrecer alabanza a nuestro Señor cuando cuesta, cuando no tiene sentido la alabanza?

    Hace años, en una prueba muy dura en la que mi marido se encontraba en una situación de salud crítica, un hermano me dijo, en medio de la prueba, “ya hemos pedido al Señor; ya no es tiempo de pedir más; ahora es tiempo de dar gracias, de alabar al Señor”. Me chocó, pero me liberó también. ¿Cuántas veces le tenía que pedir a Dios que me escuchara? Ya le habíamos derramado nuestras cargas y pedido que fuera Su voluntad. Lo que tocaba sin duda era alabanza a Dios. Dejar de enfocarnos en la tribulación y enfocarnos en el Dios todopoderoso y amoroso que Él es. Debíamos ofrecerle un sacrificio de alabanza.

    Muchas veces la desesperación llega a nuestra vida, la llevamos al señor, nos da la seguridad de que Él tiene todo bajo Su perfecto control, y al momento nos encontramos desesperadas por lo mismo o por algo nuevo. Y a veces, como hemos visto en el caso de Jeremías, llegamos a deprimirnos al punto de cuestionar nuestra existencia.

    ¿Qué creéis que hizo Jeremías al acabar el relato de su oración que tenemos en el capítulo 20? Sin duda, viendo como el Señor lo guardó, viendo que permaneció fiel y que acabó muriendo con una edad ya avanzada y bajo las alas de Dios, creo que puedo decir con confianza que Jeremías reafirmó su fe en el Todopoderoso, y habiendo encomendado su causa ante “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20), descansó en el Señor.

    Es un ciclo que gira entre lo que sentimos en el momento y lo que sabemos de nuestro Dios. Por eso es tan importante conocer a Dios y meditar en sus precioso carácter.

    Cualquiera que sea tu situación actual, te animo a afirmar tu fe en Dios. Él quiere estar contigo “como poderoso gigante.” Como vimos en Jeremías 1:5, Dios tenía un propósito para Jeremías antes de nacer; “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” dice el Señor. Dios te ha hecho a ti con un propósito. ¿Le has preguntado el propósito que Dios tiene para ti en esta vida? Veremos más sobre esto a lo largo del estudio de Su Palabra, pero dale hoy las gracias por Su plan, Su presencia y Su poder.

  • En las conversaciones que Jeremías tenía con Dios encontramos al profeta orando y fluctuando entre algunos momentos en que echa toda su ansiedad sobre el Señor (1 Pedro 5:7), pero a modo de queja, y momentos de confianza en el poderoso gigante que es su Dios. En el capítulo 20 del libro vemos una oración de queja del profeta Jeremías. Lo cierto es que choca que el profeta de Dios hable a Dios de forma tan directa expresando su frustración.

    Jeremías 20:7 dice “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.”

    Jeremías se sentía cansado, y hasta podemos decir que usado. En el versículo 14 clamaba “Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.”

    ¿Qué estaba ocurriendo en la vida de Jeremías? Hablaba siempre a Dios de es modo?

    Anterior a la queja del capítulo 20:7-18, encontramos 6 pasajes en los que el profeta oró a Dios con una petición o a veces una queja. Esta es una parte sumamente personal del libro que nos permite entender más sobre el corazón de Jeremías.

    Examinemos estas oraciones de y veamos qué pide y cómo el Señor le contesta (o no) para ver lo que podemos aprender de la vida de oración de Jeremías.

    En el capítulo 11:20-23, Los hombres de Anatot habían planeado un complot contra Jeremías. Éste expuso su causa ante Dios, pidiéndole ver venganza de Dios sobre estos hombres malvados. Dios le contestó en el momento, asegurándole al profeta que cuando llegara el momento, castigaría a los de Anatot por su maldad. Los tiempos de Dios y sus formas no están en nuestras manos.

    En el capítulo 12:1-6 vemos otra queja de Jeremías y la contestación de Dios. Este comienza su oración así “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?”

    Jeremías había comenzado su oración bien, diciendo básicamente: “no debería discutir contigo, Dios, pero sin embargo continúa diciendo, lo voy a hacer.” Y Jeremías expone su queja ante Dios, haciendo eco del sentimiento del salmista en el salmo 73 ¿Por qué prospera el malo y el bueno sufre?

    El profeta parecía haberse olvidado de que Dios ya le había confirmado que Él se encargaría de aquellos que hacían mal. Y en esta ocasión Dios le contestó de manera un tanto fuerte en el versículo 5:

    Jeremías, “Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?”

    Dios le dijo básicamente: “Jeremías, si en la prueba más fácil desfalleces, abróchate el cinturón, porque vienen pruebas peores. Vas a sufrir azotes, vas a sufrir en la cárcel, vas a sufrir en el pozo, vas a sufrir el exilio: no ha llegado el momento de ver lo que le ocurrirá a los que te hacen mal. Sigue firme y adelante hasta que llegue el momento de la justicia.” (parafraseado). Como el salmista, Jeremías también debía recordar que el Dios justo y soberano tiene un plan perfecto y el tiempo adecuado para su ejecución.

    En Jeremías 14:13-14 vemos de nuevo al profeta hablando con Dios. Comparando su mensaje con el de otros profetas, este siente que quizás Dios podría haberle dado un mensaje de paz, algo mucho más popular entre sus receptores. Básicamente Jeremías dice: “Dios, los otros profetas están profetizando paz y cosas buenas.” ¿Seguro que lo que me has dado para profetizar es correcto? (parafraseado) Aquí podemos ver que Jeremías llegó a dudar del mensaje que Dios le ha dado. Mas Dios no le reprendió, sino que le respondió afirmándole que la paz que los otros profetizan era falsa y que lo que Jeremías estaba profetizando era verdadero y seguro. Aquellos que anunciaban falsa paz no hacían el bien a nadie, mas el mensaje de verdad de Jeremías, aunque duro, les advertía para que pudieran actuar.

    En otra oración de Jeremías, en el capítulo 15:15-21 encontramos al profeta desanimado, llorando ante Dios, expresando que él había sido fiel predicando la palabra, y por esto había sufrido desprecio y soledad de parte del pueblo, por obedecer la misión que Dios le había dado.

    En esta ocasión, Jehová le contestó con una afirmación de que si permanecía fiel, Dios le restauraría y estaría con él siempre. Dios lo animó a permanecer fiel, diciéndole: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19b)

    Entonces vemos a Jeremías en el 17:13-18 hablando con Dios, confirmándole su obediencia, con un claro entendimiento de quien era Dios, pero queriendo saber los tiempos de Dios. Los de Jerusalem preguntaban que cuándo iba a pasar todo lo que Jeremías profetizaba, dudando de su mensaje, y Jeremías le estaba rogando a Dios una vez más que fueran ellos los avergonzados y no él. Básicamente, Jeremías estaba pidiendo a Dios (una vez más) que hiciera justicia.

    En el capitulo 18:19-23 Jeremías, que en otra ocasión había rogado a Dios que tuviera pena del pueblo y no les trajera mal (NO RECUERDO LA CITA??), se ha dado cuenta de la maldad del pueblo y de que desean matarlo a él por traer el mensaje de Dios. Ahora le está pidiendo a Dios que traiga juicio sobre ellos, como hemos visto en los textos anteriores.

    Pero a estas dos oraciones, Dios ya no contesta. Ya habían hablado del tema con anterioridad y Dios ya le había contestado. No había necesidad de que le volviera a reafirmar la respuesta. Jeremías ya tenía la contestación de Dios, la cual tenía que recordar y aceptar, le gustara o no.

    A veces somos muy similares al profeta. ¿Cuántas veces nosotras seguimos preguntándole a Dios sobre cosas que ya nos ha confirmado y contestado? Nos cuesta esperar o aceptar Su voluntad. No somos las únicas. Jeremías, el profeta de Dios, se desesperaba viendo que el malo seguía con su maldad y que lo que Dios había prometido parecía que no se hacía realidad.

    Y es que los tiempos de nuestro Señor no son nuestros tiempos. Parte de nuestra fe y sumisión a Su voluntad es aceptar Su Palabra y esperar a que lo que Él ya ha confirmado sea realizado. ¡En Su tiempo; no en el nuestro! ¡A Su manera; no a la nuestra!

    Pidamos a Dios que nos dé fe, la confianza para aceptar sus términos y sus condiciones. ¡A Él sea la gloria!

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  • Hemos visto que Dios eligió a diferentes personas para profetizar su mensaje al pueblo de Israel. No todos los profetas tenían el mismo perfil, ni vivieron vidas similares. Vimos la vida del profeta Isaías, y veremos que la personalidad y la vida de Jeremías fueron distintas a las de Isaías, pero ambos tenían una cosa en común; querían obedecer a Dios y llevar el mensaje aunque esto les costara.
    Jeremías, hijo de un sacerdote de Anatot, en territorio de Benjamín, vivió en los años del reinado de Josias,
    (2 Reyes 22 y 23 y 2 Crónicas 34 y 35) y el de sus descendientes, Joacaz, Joacim, ( 23-24 y 2 C 36) Joaquín (hijo de Joacim) y Sedequias, hijo de Josías (24-25 y 36); fue durante el reinado de Sedequías que los babilonios tomaron Jerusalén.

    Jeremías había sido elegido desde el momento de su concepción. Nos quieren hacer creer que la concepción no es nada, que un feto no es persona y ahora incluso hasta que cuando nacen son seres indefinidos. Que no nos engañemos. La realidad del asunto es que para Dios somos y tenemos propósito desde antes de la concepción.

    Jeremías 1:5 dice “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”

    Jeremías, al recibir la llamada de Dios, dudó de sí mismo y de su capacidad de llevar a cabo la tarea que Dios le estaba asignando. Jeremías comparte con nosotras su conversación con Dios:

    “Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.”

    Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.” (1:6-8)

    Dios, como hizo en su día con Moisés cuando lo envió a Egipto, le recuerda a Jeremías que iría con él. Jeremías solo tenía que confiar en Dios y obedecerle, y Dios daría la victoria.

    Dios tenía un propósito para Jeremías, y Él se encargaría de cumplirlo. ¿Cuál era este propósito?

    2:10 dice así: “Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.”

    Dios pensaba edificar al pueblo de Israel, pero antes debía derribar aquello que estaba mal. Él pensaba plantar, pero primero debía arrancar lo malo. Y Dios iba a usar a Jeremías para arrancar, derribar, y arruinar, para después poder edificar y plantar.

    Y Dios estaría con Jeremías y lo mantendría firme y protegido. Mira lo que Dios le dice:

    “Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.”
    Jeremías 1:18-19

    Jeremías nunca se casó. En el capítulo 16 leemos que Dios le pidió al profeta que no se casara ni tuviera hijos en Jerusalén, ya que un gran mal se acercaba. Recordemos que Jeremías vivió en Jerusalén en la época previa al cautiverio y la destrucción de Jerusalén.

    Cuando Nabucodonosor entró en la ciudad y llevó cautivo a una buena parte del pueblo, el rey de Babilonia lo dejó quedarse en Jerusalén bajo protección de sus oficiales, mas aquellos judios que permanecieron en Jerusalén, agitados por la conmoción del exilio y la destrucción de Jerusalén, acabaron llevando a Jeremías preso a Egipto, desde donde este acabó de escribir el libro.

    Jeremías sufrió por llevar el mensaje al pueblo de Dios, y lo triste es que sufrió a manos de aquellos a los que Dios estaba intentando ayudar.

    El libro nos narra cómo Jeremías antes de ser llevado a Egipto, había permanecido en Jerusalén. El profeta fue acusado de traición, apresado, azotado, y puesto en la cárcel.

    Su secretario, el escriba Baruc, el cual escribía las palabras que el profeta le dictaba sufrió la persecución también. En el capítulo 45 vemos cómo Dios tiene que hablarle a Baruc para llamarle la atención por buscar su propio bien en medio de la aflicción, pero debemos entender que el pobre había estado respaldando a Jeremías durante las acusaciones y persecuciones. Dios le da la confianza de que estaría con él y le preservaría la vida en medio del conflicto.

    Jeremías no solo fue apresado y azotado, sino que más tarde echado por principales del pueblo en la cisterna vacía que estaba en el patio de la cárcel, y todo porque el profeta les advertía de la invasión que se aproximaba. El rey Sedequías, les permitió echarlo ahí, en un pozo lleno de lodo en el que el profeta se hallaba hundido.

    Y nadie salió en defensa de Jeremías. Tuvo que armarse de valor un etíope que trabajaba en el palacio, el cual fue a hablar con el rey Sedequías diciendo:

    “Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad.
    Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera.
    Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la cisterna.
    Y dijo el etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.
    De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.” Jeremías 38:9-13.

    Lo bonito es que encontramos, al final del capítulo 39 encontramos que Dios no se olvidó de premiar a Ebeb-Melec. Dios le dice a Jeremías:
    “Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.”
    Jeremías 39:16-18

    Sin duda, trabajar para el Señor no es para débiles. Vemos que tanto el profeta como los que con él estaban corrían peligro. A la gente no le gusta el mensaje de Dios y muchas veces lo pagan con el mensajero. Mas podemos estar seguras de algo, y es que a Dios no se le pasan los detalles, y ÉL se ocupa de la vida de sus siervos.

    Gracias a Dios por su cuidado y por las fuerzas que da cuando más las necesitamos.

  • Isaías y Jeremías comparten la ilustración de una vasija de barro para enseñar una lección.

    Isaías 30:14-15 “Y se quebrará como se quiebra un vaso de alfarero, que sin misericordia lo hacen pedazos; tanto, que entre los pedazos no se halla tiesto para traer fuego del hogar, o para sacar agua del pozo.

    Isaías compara a Israel con una vasija de barro que se quebraría. Se quebraría de tal forma que los trozos no serían lo suficientemente grandes como para usarlos para transportar brasas. Y no porque Dios quisiera destruirlos, sino porque ellos no quisieron ser rescatados.”

    Dice el versículo 15: ”Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis”

    Dios les había enviado mensajeros para advertirles, para que pudieran cambiar el rumbo, pero no quisieron.

    Pero lo que es increíble es que este mismo Dios de juicio les mostraría misericordia.

    En Isaías 30:18-19 leemos

    “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá.”

    Y no solo eso, sino que Dios también heriría a aquellos que le hicieron mal.

    ¿Qué Dios es este? El Dios justo y santo. Mas este Dios es también amoroso y misericordioso. Como padre, castiga al hijo que se desvía, para traerlo de nuevo a la senda segura y próspera. ¿Quién no querría a este Dios como Su Dios? ¿Quién no querría que este fuera Su Padre celestial?

    El profeta Jeremías nos lleva al taller del alfarero para mostrarnos la obra que Dios hace con la humanidad. Allí en el taller nos habla de una vasija de barro que se estropea.

    Jeremías 18:4 dice: “Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.”

    Jeremías habla de cómo cuando la primera vasija que estaba diseñando el alfarero se echó a perder, la chafó, y comenzó a crear una segunda vasija tal y como el alfarero la quería hacer. Y la hizo el alfarero “según le pareció mejor hacerla,”

    Esta expresión “según le pareció mejor hacerla” muestra la soberanía que Dios debe tener en nuestras vidas, porque Su plan es siempre mejor que el nuestro.

    Después de que la primera se había echado a perder en su mano, el alfarero hizo una nueva mejor. Esto es lo que Dios ha hecho con la humanidad. Dios creó al hombre, varón y hembra, a su imagen y semejanza. Y Adán, ante la elección de tener comunión con Dios o con la que era como él, escogió la segunda opción, rechazando a Dios. Esto nos llevó a la situación descrita en Romanos 5, donde Pablo habla del primer Adán y del segundo Adán.

    Romanos 5:12 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

    Mas al continuar leyendo, en Romanos 5:17-18 leemos “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
    18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.”

    Si por un pecado de Adán, todos morimos espiritualmente (y físicamente caímos en el ciclo de vida y muerte), vemos que Cristo, el segundo Adán, provee gracia para todos y el don de Dios que sobrepasa cualquier transgresión.

    Fíjate en el versículo 17: “por la transgresión de uno solo”, este es Adán, entró la muerte y reinó, afectando a cada ser humano en toda la historia de la humanidad. Eso es poderoso. Nuestras malas decisiones afectan a otros, pero gracias a Dios no afectan a toda la población, ni por toda la historia. Pero la transgresión de Adán afectó al mundo entero a través de la historia.

    Sin embargo, vemos que por la obra del segundo Adán, Jesucristo, tenemos una segunda oportunidad. Cuando recibimos “la abundancia de la gracia y el don de la justicia” de la que habla el texto somos hechas nuevas criaturas, como la creación de una segunda vasija. ¡Eso es maravilloso! Jesucristo murió “a causa de nuestras muchas transgresiones,” y lo hizo para hacernos justos en Él. Y gracias a que resucitó, venciendo la muerte, tenemos redención. Somos una nueva creación en Cristo.

    Quizás te estás preguntando: ¿Esta justificación afecta a toda la humanidad? Pues la Palabra de Dios dice “los que RECIBEN la abundancia de la gracia y el don de la justicia.” Osea, que la oportunidad la tienen todos, pero la justificación y vida eterna (5:21) es solo para aquellos que la reciben, llegando a ser hechos esa nueva creación.

    ¿Estás viviendo todavía en la condenación del primer Adán, o has sido hecha una nueva creación, hecha justa por la justicia del Segundo Adán? ¿Eres una nueva vasija?

  • “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.”
    Jeremías 2:13

    Suele ocurrir que cuando la gente deja a Dios de lado, no encuentra algo mejor para sustituirlo. Jeremías nos presenta al pueblo de Dios que había rechazado al que es la fuente de la vida. Para sustituirlo, habían encontrado otras cosas en que poner su confianza, cosas que jamás podrían suplir la necesidad la fuente de la vida, Dios mismo. Puede que al principio les pareciera que sí. Puede que al principio el pueblo de Israel pensara que podrían dejar la fuente de agua viva porque tenían cisternas llenas de agua fresca. No necesitarían más a Dios. Sin embargo, imagina cómo debieron sentirte después de un tiempo, cuando la cisterna que sostenía ese agua con la que estaban contando no conseguía mantener el agua. Resulta que eran cisternas rotas, agrietadas. El agua se iba perdiendo, y no habría forma de mantenerla llena, porque la fuente de agua que podría suministrarla ya no estaba disponible.

    No es algo de lo que el pueblo era completamente consciente. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Te has sentido que lo que haces no te llena, no te satisface, pero no sabes cómo arreglarlo? El pueblo de Dios pasó por ahí. Ensimismados, liados en sus propias vidas, muy probablemente no sentían satisfacción, pero no se daban cuenta que era por falta de la Fuente de Vida. No se habían dado cuenta, y es por eso que Dios envió a los profetas a llamarles la atención.

    Las decisiones que habían tomado y las elecciones que habían escogido les estaban llevando a una escasez crónica. Les dice Dios en el 2:19
    “Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos. (2:19)

    “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.”
    Jeremías 2:22

    “Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos. ¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.” (2:26-28)

    Habían llegado al punto en que cada ciudad tenía su Dios, dioses que habían fabricado ellos con sus manos, dioses que no podrían librarlos ni bendecirlos, porque no eran más que ídolos hechos de piedra o madera. Habían sustituido al Dios del Universo por ídolos inertes, la fuente de vida por cisternas rotas.
    Y Dios los reprende:

    “¡Oh generación! atended vosotros a la palabra de Jehová. ¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos a ti?” (2:31)

    Al dejar a Dios se sentían libres. ¡Ya no tenían a un ser superior a quien dar cuentas! Y Dios les pregunta: ¿Acaso os he dado yo mal, desierto o tinieblas?

    Aunque el pueblo había rechazado a Dios y lo había sustituido por otras cosas y otra gente, Dios no los abandonaría. Quería ofrecerles una salida y darles una vida plena. El Dios fiel estaba extendiendo la mano al pueblo infiel.

    El libro de Jeremías es una advertencia de lo que venía, y el desastre llegaría muy pronto. Mas Dios, una vez más, en consonancia con Su carácter, les ofrece su inagotable misericordia.

    Jeremías 3:5 “¿Guardará su enojo para siempre? ¿Eternamente lo guardará?” Y la respuesta retórica es “No, no lo hará”
    “He aquí que has hablado y hecho cuantas maldades pudiste.” les dice el Señor.

    Y Dios envía a Jeremías diciendo: “Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.”
    Jeremías 3:12-13

    En Jeremías 42:10-12 leemos que el profeta les dio instrucciones para tranquilizarlos ante la invasión del rey de Babilonia: “Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.”

    Mas el pueblo no lo creyó, se desesperó y salieron huyendo a Egipto (recordáis que siglos antes habían salido de Egipto huyendo- pues ahora volvían, huyendo de otro invasor y buscando refugio en el lugar donde habían estado esclavizados durante generaciones, y una vez allí, encontraron muchos dioses nuevos, dioses inertes a los cuales adorar.

    Tristemente leemos en el capítulo 44, cómo Dios lamenta “Envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco. Pero no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.” (4-5)

    Egipto, otra cisterna rota en la que confiaron, sería invadido por Babilonia, y Dios tendría misericordia de su pueblo aún otra vez.

    Como Dios les profetizó en el capítulo 52, 70 años más tarde el pueblo volvería a su tierra. “En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a Jehová su Dios.
    Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.”

    Me gustaría contar que en el libro de Jeremías hubo un buen desenlace, que hubo reconciliación, y que vivieron felices y comieron perdices, mas esto no ocurriría aún. Mas sí, como hemos visto anteriormente y puedes ya imaginar, Dios mantenía un plan para la reconciliación, en Cristo que había de venir.

    ¿Estás tú confiando en cisternas rotas? ¿o te has dado ya cuenta de que no hay sustituto para el que es la Fuente de agua viva? Ven y toma de la fuente que puede satisfacer plenamente y para siempre.

  • Hay varios temas que se tratan tanto en el libro de Isaías como en el de Jeremías. Vemos el tema de la confianza en ambos libros.

    Podríamos decir que uno de los temas principales del libro de Isaías es la confianza.

    Los cuatro capítulos del centro del libro tratan sobre el rey Ezequias. Estos capítulos son históricos, introducidos justo en el centro del libro como el lomo del mensaje. Los tres eventos en la vida del rey Ezequías muestran dónde éste depositó su confianza y los resultados de sus decisiones.

    En un primer evento, Senaquerib viene a atacar Jerusalén. Ezequías pide ayuda a Dios, y Dios le da la victoria.
    Más adelante en su vida Ezequías se enferma. El rey le pide a Dios que lo sane, y Dios escucha su oración, lo sana y le promete 15 años más de vida.
    Pero más tarde, ya en el último de los cuatro capítulos vemos otro evento, cuando el rey de Babilonia viene a visitar a Ezequías. Este confía en el rey y le abre las puertas de su casa, enseñándole todas sus posesiones en detalle. Dios viene a Ezequías y le pregunta: ¿Cuánto le has enseñado? TODO, le contesta básicamente. Y Dios le da la triste noticia: todo lo que has enseñado al rey de Babilonia te lo quitará.
    Cuando el rey Ezequías había puesto su confianza en Dios, no había sido defraudado. Dios honró la confianza y le dio a cambio su fiel bondad. Mas no ocurrió lo mismo cuando Ezequías puso su confianza en sus riqezas o en el rey de Babilonia. La confianza en sus posesiones resultó vana y perecedera, y la confianza en el rey de Babilonia trajo la ruina de Ezequías y del pueblo.

    En el libro de Jeremías vemos que el pueblo seguía confiando en cualquier cosa menos Dios. Nos narra el capítulo 7 que estaban poniendo toda su confianza en el templo, como si este fuera indestructible. En el capítulo 7:4 Jeremías les tiene que decir: “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.” El templo era su “gloria”. Y el profeta les adviertió que esa confianza era vana; les dijo “He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan” La confianza depositada en un templo no les traería bienestar, sino que los babilonios vendrían y lo destruirían.

    Incluso siglos más tarde, en los tiempos de Jesús, los judíos seguían depositando su confianza en vanidades. Se estaban gloriando en el hecho de que eran hijos de Abraham. Su identidad nacional era el motivo de su orgullo, y en eso tenían puesta su confianza. Mas Jesús les dijo en Lucas 3:8 ”Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.”

    El corazón humano suele depositar su confianza en aquello que le enorgullece, aquello que es un motivo de “gloria”. ¿Qué piensas que sería un buen motivo por el que estar orgullosa? ¿Una buena familia? ¿Un buen trabajo? ¿Buena fama? Nada de esto es malo en sí, pero ¿es alguna de estas cosas realmente capaz de sostener toda nuestra confianza?

    Jeremías reveló la verdadera “gloria” del alma humana en el capítulo 9:23-24, aquello en lo que sí vale la pena confiar.

    "Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en ENTENDERME y CONOCERME, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová."

    Dios aquí nos muestra algo digno de nuestra confianza, Él mismo. Y aprovecha para decirnos que eso es lo que Él quiere, y lo que Él mismo hace.

    Se podría decir más fuerte, pero no más claro. ¿Alguna vez te has preguntado lo que Dios quiere realmente? Muchos buscamos discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas en diferentes etapas. Pues Dios ya ha dicho cuál es su voluntad, qué es lo que ÉL quiere.

    Dios quiere que le entendamos, que le conozcamos. Quiere que en esta vida nuestro mayor desafío sea conocer mejor al Dios que nos ha provisto del perdón a través de Jesús, el CAMINO a la vida eterna. Quiere que experimentemos la misericordia de Dios, quiere que veamos y entendamos sus juicios, quiere que respetemos su justicia.

    Pablo parece hacer referencia a Jeremías 9:24 en 1 Corintios 1:31 “El que se gloría, gloríese en el Señor.” Y en 2 Corintios 10:17-18 leemos: “Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.”

    ¿Quieres saber en qué basar tu confianza? ¿Sabes quien es el que nunca te defraudará? Las cosas en esta vida son temporales, nuestra identidad es a menudo frágil, y las personas nos pueden fallar, mas Dios es fiel y eterno; nunca falla ni defrauda.

    ¿Quieres una base sólida donde apoyar toda tu confianza? Proponte conocer a Dios más íntimamente. ¿Cómo hacer esto? No requiere simplemente el estar pensando en Dios todo el día, haciendo nuestra propia imagen de Dios. Más bien lo conoceremos cuando vayamos a Su Palabra, para ver lo que Dios ha dicho de sí mismo. Y entonces podremos meditar en estas cosas cuando no estamos delante de Su Palabra. La lectura y la meditación en Su Palabra son imprescindibles para conocerle mejor—el andar con Él en nuestro día a día.

    Este es un reto para cada una. Trabajemos hoy para conocer a Dios mejor. Dejemos que el Espíritu Santo nos transforme diariamente para entender mejor a Dios. Hagamos hoy Su voluntad y gloriemosnos en lo que cuenta, en conocerle, en entenderle. Y depositemos toda nuestra confianza en el Dios de los cielos.

  • El libro de Jeremías fue escrito entre los años 630 y el 580 a.C y Lamentaciones a la caída de Jerusalén.

    Jeremías, profeta de Dios, fue enviado a advertir al pueblo de Judá de la inminente destrucción de Jerusalén por parte de Babilonia.
    Dios quería darles una última oportunidad de arrepentirse y seguir a Dios, mas el pueblo no lo hizo y sufrió la conquista de parte de los babilonios y el exilio a tierras lejanas.

    Mas Dios no los dejó sin esperanza. Jeremías les anunció que después de 70 años volverían a su tierra. Jeremías 29:10-11 dice “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”, Este texto tan conocido nos muestra el amor y la misericordia del Señor incluso en el juicio.

    Jeremías comenzó su ministerio durante el reinado del rey Josías, el ultimo rey bueno de Judá, el que había encontrado el libro de la ley y estaba intentando llevar a cabo una reforma religiosa.

    A su muerte, sus tres hijos fueron reinando uno tras otro por cortos periodos de tiempo. El primero en reinar fue Joacaz, el segundo de los tres hijos. Mas Faraón Necao lo tomó cautivo y puso en su lugar a su hermano mayor, Joacim, un rey que hizo lo malo en Judá. A su muerte, después de diez años de reinado tomó el trono Joaquín su hijo, el cual solo reinó un año, ya que Nabucodonosor lo llevó cautivo a Babilonia.

    Nabucodonosor declaró rey en Jerusalén a Sedequías, el hijo menor de Josías. En Jeremías 34 Dios envía a Jeremías a hablar con Sedequías: “Así ha dicho Jehová: He aquí yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con fuego; y no escaparás tú de su mano, sino que ciertamente serás apresado, y en su mano serás entregado”

    Dios, compasivamente, declaró lo que ocurriría, dio oportunidad de poder cambiar el rumbo, mas el pueblo hizo caso omiso al mensaje del Señor.

    Ya en el versículo 16 del primer capítulo, Dios, durante el llamamiento del profeta le advirtió sobre la idolatría de Su pueblo con estas palabras: “Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron.” Este pueblo idólatra adoraba a ídolos hechos con sus propias manos y se habían olvidado de Dios. Desde la muerte de Josías hasta sus días, el pueblo había dejado a Dios de lado. Dios compara a Su pueblo con una mujer infiel que dejando a su esposo va en busca de otros (Jeremías 2:20). El pueblo no reaccionó dejando sus pecado, mas insistió en su infidelidad e idolatría, por lo que llegado el momento, Nabucodonosor, rey de Babilonia tomó Jerusalén, llegando mas tarde a incendiar el templo que tanto amaba el pueblo y acabó destruyendo la ciudad. Dios había dado instrucciones al pueblo de rendirse y dejar a Babilonia entrar en Jerusalén, prometiéndoles protección divina a pesar de las circunstancias, mas el pueblo, al no confiar en Dios, resistió, y muchos fueron llevados cautivos a Babilonia.

    Durante once años, Sedequías estuvo reinando bajo el dominio de Babilonia, mas cuando Sedequías dejó de pagar tributo a Nabucodonosor, provocó el ataque final de Babilonia y la destrucción de Jerusalén.

    El capítulo 52 narra el ataque de Nabucodonosor:
    En los versículos 12-13 dice “en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande”.

    El libro que sigue al de Jeremías, llamado Lamentaciones, es un conjunto de cinco poemas de lamento por lo ocurrido en Judá y arrepentimiento por la rebelión del pueblo de Dios. En medio de la tristeza y aflicción hay esperanza de liberación.

    Vemos en estos libros cómo Dios, aún en tiempo de juicio, brilla por su inagotable compasión. El capítulo 3 de Lamentaciones muestra esta gran verdad.
    Los versículos 22-23 declaran: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
    Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”
    Y el 31-32 dicen “Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias”

    Jeremías había profetizado del que habría de venir y traer la liberación espiritual, la que ofrecería Cristo siglos más tarde. Jeremías 23:5-6 “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.” Y el capítulo 31 nos presenta el nuevo pacto al que Jesús se referiría en su última cena con sus discípulos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

    Gracias a Dios por libertad física, pero muchas más gracias por la libertad espiritual, aquella que abunda aún cuando todo lo demás se pueda estar desmoronando. Cristo ofrece la paz que sobrepasa todo entendimiento. Digamos con Jeremías como dice en Lamentaciones 3:40-41 “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos.”

  • Sin duda el libro de Isaías nos presenta al Mesías de forma tan directa que muchos lo han llamado el evangelio del Antiguo Testamento.

    A través del libro encontramos referencias a aquel que habría de venir al mundo para traer salvación al pueblo y da claves de cómo vendría, quién sería y qué haría.

    Isaías nos presenta a Emanuel, Dios con nosotros:
    Isaías 7:14 dice “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros). En Mt. 1.23 el ángel cita este versículo para anunciar a María el cumplimiento de la profecía.

    Nos presenta también a Cristo como la piedra angular, aquella que ha llegado a ser piedra de tropiezo:
    Isaías 8:13-15: “A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se enredarán y serán apresados.

    En Isaías 28:16 Jehová el Señor dice así: “He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”

    Estos mismo pasajes se citan en 1 P. 3: 14-15 y 1 P. 2:8, explicando que la piedra angular que Dios envió ha llegado a ser piedra de tropiezo para aquellos que no quieren creer en Cristo.

    Isaías habla del Mesías como la luz del mundo.

    Isaías 9:1-2 nos dice de dónde sería el Mesías y cómo este sería una luz para los moradores de la tierra. Dice así “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. (Mt. 4.15). El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. (Mt. 4.16; Lc. 1.79). Esto lo encontramos cumplido en Juan 8:12: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”


    Y por si no quedaba claro quién era realmente el Mesías, Isaías 9: 6-7 revela su identidad y su propósito.
    “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. (Lc. 1.32-33).

    Isaías 11 habla del reinado de Mesías. Nacería del linaje de Isaí, padre del rey David, nos habla de que el pueblo de Israel volvería a su tierra y levantarían bandera con los que vendrían de los cuatro confines de la tierra (Isaías 11:10-14), lo cual empezó a cumplirse el siglo pasado, abriendo el camino para el futuro reino de Mesías, y nos narra el texto del reino futuro del Mesías, el cual será caracterizado por paz verdadera.

    Hay una serie de canciones en los capítulos 40 al 57 que se centran en el personaje principal de las Sagradas Escrituras, Cristo el Mesías. En particular, el capítulo más conocido sobre este es el 53, donde nos narra la pasión de Cristo. Comenzando con el versículo 13 del capítulo 52 leemos de los sufrimientos del Siervo de Jehová, el Mesías, el Enviado de Dios.

    Isaías 53:4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
    Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

    El versículo 12 nos dice que Él “derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”

    “Al que no conoció pecado”, como nos dice 2 Corintios 5:21 Dios “por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Por llevar nuestro pecado, todo lo malo que hay en nosotros, el Padre Santo tuvo que darle la espalda cuando colgaba en la cruz. Este fue el mayor sufrimiento de Cristo.

    Mas su sufrimiento no fue en vano. No quedó prisionero al sufrimiento, sino que leemos que venció la muerte y fue al Padre, para disfrutar eterna comunión con Él. Y su sacrificio, la aflicción de su alma fue suficiente para justificar a todo aquel que quiera depositar sus iniquidades, sus trapos sucios, a los pies de Cristo.

    Isaías 53: 10-11 dice así: “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
    Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”

    El Siervo de Jehová, Cristo, vino para llevar las iniquidades de muchos. Puede llevar las de todos, mas no todos traerán a Él sus iniquidades. Mas nos dice Juan 1:12 que “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” ¿Crees en Jesucristo? ¿Aceptas su sacrificio en la cruz en tu lugar? ¿Has echado o estás dispuesta a entregarle tus iniquidades para que Él te de a cambio Su justicia?

    Te invito a hacerlo, y disfrutar de una vida de plena satisfacción en Él.

  • El autor del libro de Isaías vivió en el siglo VIII antes de Cristo. Leemos al comienzo del libro que era hijo de Amoz y que Dios lo eligió para enviar su mensaje a Judá y Jerusalén.

    El ministerio de Isaías como profeta de Dios duró desde los días de Uzías hasta los días de Ezequías, así que tuvo un ministerio largo de más de 50 años, viviendo durante el reinado de cuatro reyes, Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. (Si suponemos que los primeros capítulos vienen antes del llamamiento, Isaías tuvo que haber empezado antes del año 740 cuando Uzías murió y la tradición dice que lo mató Manasés (686-). Pero si ponemos del 740 hasta 686 y nos da 54 años. Desde que empezó a predicar (capítulo 1) hasta su muerte son más como 60 años.)

    Repasemos la historia de los reyes que gobernaron a Judá durante este tiempo.

    De Uzías podemos leer en 2 Reyes 15:1-7; 2 Crónicas 26:1-23 y de su hijo Jotam en 2 Reyes 15:32-38 y 2 Crónicas 27:1-9.

    Uzías, también llamado Azarías, fue rey a los 16 años y reinó 52 años en Jerusalén. Hizo lo recto ante los ojos de Jehová. Sin embargo, desobedeció cuando entró en el templo para quemar incienso, lo cual solo debían hacer los sacerdotes, por lo que fue herido con lepra, y Jotam su hijo tuvo que reinar con él, ya que un monarca con lepra no podría haber llevado a cabo las obligaciones sociales de un rey. A su muerte, Jotam llegó a ser rey en solitario, aunque no vemos que ocurriera mucho en su reinado. Fue a la muerte de Uzías, en el 740 a.C que Dios [formalmente] llamó a Isaías para ir a profetizar al pueblo.


    El rey Acaz, hijo de Jotam reinó entre el 734 y el 715 a. C. aproximadamente. Podemos leer sobre él en 2 Reyes 16:1-20; 2 Crónicas 28:1-27) Acaz no hizo lo recto ante los ojos de Dios. Hizo alianza con el rey de Asiria contra Israel y Siria. Cuando este falleció, fue rey sobre Judá Ezequías su hijo. Vimos que los cuatro capítulos centrales del libro de Isaías hablan de tres incidentes en la vida de Ezequías que muestran que confiar en Dios trae bendición, mas cuando elegimos confiar en cualquier otra cosa aparte de Dios, estamos rechazando a nuestro hacedor y poniéndonos en situación de derrota. De Ezequías podemos leer en 2 Reyes 18:1-20:21; 2 Crónicas 29:1-32:33 [y también en Isaías 36-39].

    Durante el reinado de Ezequías, por el año 701 a.C. los asirios conquistaron Israel , pero la conquista de Jerusalén por parte de Babilonia no ocurriría hasta mucho más tarde, por el 587 a.C. Así que vemos que Isaías profetizó el exilio, la cautividad y la restauración de la nación muchos años antes de que ocurrieran.

    Isaías fue contemporaneo con Amós, Oseas y Miqueas, profetas que también denunciaron la infidelidad espiritual del pueblo de Dios y el juicio venidero que les vendría si no se arrepentían. Y estos, al igual que Isaías, reflejan en sus páginas la esperanza salvadora del que sería la luz del mundo, el Mesías.

    En el capítulo 6 leemos como Dios llamó a Isaías y le dio la tarea de predicar el mensaje de Dios a Judá y Jerusalén.

    El año en que murió el rey Uzías, Dios se presentó en visión a Isaías. Como vimos, esto ocurría en los tiempos del Antiguo Testamento, antes de que toda la Palabra de Dios hubiera sido dada a la humanidad. Nos enseña la Biblia que una vez la revelación de Dios fue completada, Dios ya no habla por medio de sueños ni visiones. Ahora tenemos la Palabra de Dios escrita y preservada y no necesitamos nueva revelación. Dios ya nos ha dado la guía de la Palabra Escrita de Dios.

    En esa visión Isaías nos cuenta que vió “al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; (Ap. 4.8) toda la tierra está llena de su gloria.” (Isaías 6:1-3)

    Al ver esto Isaías, tuvo miedo, porque sabía que era hombre inmundo. Isaías reconocía ante la presencia del Dios tres veces Santo, que él era imperfecto, pecador, inmundo. Dijo: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.”

    Mas el ángel en la visión procedió a tocarle los labios con un trozo de carbón, significando la limpieza de pecado. Y una vez limpio de culpa, Isaías oyó la voz de Dios: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” A lo que Isaías respondió: “Heme aquí, envíame a mí.”

    Isaías habría de ir a dar el mensaje, mas Dios le advirtió que los del pueblo, oyendo, no entenderían, y viendo, no comprenderían. No habría reacción a las palabras de advertencia de Isaías. Por lo que este preguntó a Dios: “¿Hasta cuándo, Señor?” Y Dios le dijo:

    “Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra.” (6:11-12)

    La oportunidad de oír y responder se daría hasta que no quedara nadie para oír. Aún si el árbol fuera cortado, el tronco podría revivir.

    Vemos que Isaías tomó esta misión de Dios, y estuvo dispuesto a llevar el mensaje. Y no solo tomó él la misión que Dios le mandaba, sino que su familia también participó en el trabajo que Dios le había mandado.

    Toda su familia estaba involucrada en su ministerio. En el capítulo 7 versículo 3, vemos que Dios pide a Isaías que lleve a su hijo cuando tiene que ir a hablar con el rey Acaz, y este fue puesto como prueba de la misericordia que Dios mostraría al pueblo. El profeta había puesto por nombre a su hijo Sear-jasub; esto significa “Un remanente volverá” En Isaías 10:22 nos recuerda que Dios preservaría un remanente que volvería a Jerusalén. Dios usó al chico para que fuera mensajero de la gracia de Dios.

    En el capítulo 8, versículos 3-4 leemos de la esposa de Isaías y de su otro hijo. Dice así: “Y me llegué a la profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz. Porque antes que el niño sepa decir: Padre mío, y Madre mía, será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria.” Maher-salal-hasbaz, que significa “el despojo se apresura” o “la presa se precipita” advertía al pueblo que debían prestar seria atención a las advertencias.

    Parece que la vida privada de Isaías estaba ligada a su trabajo para el Señor, y él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que Dios le pidiera, porque confiaba en aquel que planeaba su agenda. En el capítulo 20 leemos que Dios pidió a Isaías que anduviera por las calles sin su ropa de calle y descalzo para mostrar al pueblo cómo llevaría el rey de Asiria a los deportados de Egipto y Etiopía. Dios quería dejar una imagen clara del mal que se les avecinaba, e Isaías estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para que el pueblo entendiera el mensaje de Dios.

    Isaías, un hombre de buena familia que podría haber ostentado cualquier puesto que quisiera en la administración de su país, respondió al llamado de Dios y estuvo dispuesto a sufrir las inconveniencias de anunciar un mensaje que incomodaría a varios reyes. Y esto lo hizo porque sabía que servir a Dios es mejor que servir a cualquier hombre, por muy poderoso que este sea y por muchos incentivos que prometa.

    Isaías y su familia son un ejemplo para cada uno de nosotros que deseamos hacer aquello que Dios nos ha mandado a hacer, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor nunca es en vano, como nos recuerda el Apóstol en 1 Corintios 15:58. Así que, con esto en mente, estemos firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, y con nuestra confianza puesta en “aquel que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 1:24)

  • ¿Recuerdas los libros de historia en el Antiguo Testamento? Vamos a intentar regresar a los acontecimientos en la historia del pueblo judío, y esta vez vamos a enfocarnos en los mensajes que Dios envió a través de los profetas para que el pueblo de Dios pudiera arrepentirse y seguirle de todo corazón.

    Por desgracia, estamos al otro lado de la historia, y sabemos que el pueblo, a pesar de las advertencias recibidas, se obstinó en múltiples ocasiones a seguir su propio camino, por lo que las profecías que leemos en estos libros se cumplieron, y el pueblo de Dios tuvo que sufrir las consecuencias de su rebeldía. Israel hizo pacto con los reyes de Aram para luchar contra Asiria, Judá se alió con Asiria, haciéndose su súbdito, lo cual traería consecuencias. El pueblo de Dios acabaría en manos de los babilonios, que tomaría Jerusalén en el 586 a.C. y llevaría cautivo al pueblo. Mas Dios no solo dio los mensajes de juicio que venían; también les anunció que los liberaría como los había librado de la esclavitud en Egipto. Veremos en el libro de Isaías el mensaje de esperanza al pueblo de Dios, cómo Dios les prometió el regreso a Jerusalén, y la llegada del Mesías, que habría de venir siglos más tarde para salvar a Su pueblo.

    En medio del libro de Isaías, encontramos 4 capítulos que relatan historias del rey Ezequías. Las cuatro historias resaltan momentos en su vida cuando había confiado en Dios, (como las primeras dos historias, que hablan de la invasión de Senaquerib, el rey Asirio) y en otros momentos no había confiado en Dios (como cuando enfermó Ezequías y cuando recibió a los embajadores de Babilonia). Esta sección histórica nos ayuda a ver el tema principal del libro y también crea dos secciones en el libro. En los capítulos 1-35, la profecía de Isaías se centra más en el juicio de Dios, primeramente para Jerusalén y Judá en los capítulos 1-12 y después contra las naciones alrededor en los capítulos 13-27. Después de la sección histórica, ya en los capítulos 40-66, Isaías se centra en la misericordia de Dios al restaurar a su pueblo arrepentido. Del 40 al 57 encontramos varias canciones que presentan a la persona del Mesías, y los últimos nueve capítulos anuncian la liberación futura del pueblo que depositará su confianza en el libertador.

    Este libro de Isaías está enteramente en el Torá de los judíos. Cualquiera que lea los capítulos dedicados al que habría de venir puede ver reflejado a Jesucristo. Miraremos con más detalle cómo Isaías presenta a Cristo, pero adelanto que gran parte de Isaías presenta al Cristo que habría de redimir a su pueblo.

    El libro de Isaías nos deja varios mensajes en los que podemos meditar:
    En primer lugar vemos que cuando Dios castiga, lo hace con la intención de restauración, buscando la reconciliación.

    En el año que murió Acaz (2 Reyes 16:20; 2 Crónicas 28:27) envió Dios profecía sobre los filisteos en el capítulo 14, después del anuncio de destrucción de Babilonia y Asiria. Todos los enemigos del pueblo de Israel serían castigados, incluyendo Moab y Damasco, esto es Siria, Etiopía (18) y Egipto (19) En el mismo capítulo 19 Dios anuncia que habría restauración de parte de Dios de Israel, Asiria y Egipto. Es increíble cómo Dios no quita la esperanza de pueblos que merecen castigo. Dios en Su justicia lo da en su justa medida, más ofrece también la restauración. Muchas veces vemos castigo ejercido de modo vengativo. Mas Dios no es así. El castigo de Dios es siempre con intención de ofrecer reconciliación y restauración. Recordemos eso en nuestra relación con otros.

    En segundo lugar, Isaías nos muestra la importancia de confiar en Dios siempre, y no sustituirlo por personas o cosas.

    Vemos en la historia que Israel había confiado en la protección que Egipto le ofrecía, pero en el capítulo 31 Dios les recuerda que los egipcios son hombres, y no dioses. Isaías 31:1 “¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!”
    Dios les avisa que caerían, porque cuando ponemos nuestra confianza en el hombre, no debemos esperar la protección de Dios. Es por esto que en la Biblia Dios nos dice que confiemos en Dios.

    Otro tema que Isaías nos recuerda es que Dios quiere nuestro ser y no nuestros sacrificios y regalos.
    El primer capítulo nos recuerda que mucho sacrificio y regalos no agradan a Dios. Lo que Él busca, porque siempre lo ha buscado, es que hagamos obras dignas de arrepentimiento, esto es, vivir como Él pide.
    El pueblo de Dios celebraba fiestas al nombre de Dios, ofrecía sacrificios, pero no vivían como Dios quería. No disimulaban su pecado, sino que se alardeaban de él. Isaías 3:9 “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí.”
    ¿De qué servía todo lo que pudieran ofrecer a Dios si ellos no querían una relación personal con Él?

    El castigo que recibió Judá e Israel fue comparable con el que recibieron las ciudades de Sodoma y Gomorra por su impureza (1:25), mas Dios en Su misericordia permitió que una parte del pueblo viviera, dándoles oportunidad de comenzar de nuevo con buen pie.

    Dios promete que Judá y Jerusalén serían restauradas en un tiempo futuro,

    El capítulo 2:3 dice: “Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones.” y el 66:12-13 “Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados.
    Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.”

    El libro anuncia juicio y la prosperidad que viene de confiar y seguir a DIos. Había todavía un futuro brillante para Jerusalén, cuando volvieran los ojos a Dios, Él tenía guardado para ellos cosas buenas que podrían disfrutar. Y esta promesa se mantiene hasta hoy día. El pueblo de Dios todavía tiene bendiciones que descubrir y disfrutar. Qué bueno es Dios y misericordioso. Dichoso todo aquel que confía en Él.

  • Cuando acabamos de leer los libros de poesía en el Antiguo Testamento, llegamos a la sección profética de la Biblia. Está dividida entre los profetas mayores y los profetas menores. Esta denominación no se debe a la importancia de los profetas ni a la de su mensaje. Más bien se refiere a la extensión del libro. Así, Isaías, Jeremías (junto a este encontramos el libro de Lamentaciones del mismo autor) Ezequiel y Daniel son los profetas mayores, y los profetas menores son los 12 libros que les siguen: Oseas, Joel, Amós Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Hageo, Sofonías, Zacarías y Malaquías.

    En los libros proféticos que podemos leer en la Biblia volveremos a ver períodos históricos del pueblo de Israel, pero esta vez enfocándonos en los mensajes que Dios dio a Su pueblo. Veremos profecías de castigo para aquellos que insistían en rebelarse contra Dios, mensajes de bendición para los que confiaran y obedecieran a Dios, y en todo momento, mensajes de esperanza basados en la redención que el Mesías traería a toda la humanidad.

    Si el papel de los sacerdotes era representar a los hombres delante de Dios, el papel de los profetas era representar a Dios delante de los hombres. Como representantes de Dios, los profetas anunciaban el mensaje de Dios a los hombres. Vemos esta relación tipificada en Moisés y Aarón. Ya que Moisés se quejó que no sabía hablar, Dios le dio a su hermano, Aarón, como “profeta”. Según Éxodo 7:1, Dios hablaba a Moisés, y Moisés transmitía el mensaje a su hermano, el cual anunciaba el mensaje al pueblo.

    Dios utilizó a los profetas para comunicar al pueblo Su mensaje, y para anunciar al Mesías, hasta que este vino. Hebreos 1:1-4 nos dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

    Como vemos aquí, los profetas hablaron “muchas veces y de muchas maneras”. Desde los tiempos de Moisés, Dios había apartado a hombres y mujeres para el ministerio profético para anunciar su mensaje al pueblo. Muchos de sus nombres son conocidos, como el personaje de Débora, Samuel, Natán, Elías o Eliseo. Otras veces sabemos poco más del profeta que su nombre (Gad, Ahías, Jehú, Hulda), y a veces ni sabemos el nombre del profeta. No sólo hablaba Dios muchas veces por los profetas sino también de muchas maneras. A veces Dios hablaba por medio de sueños y visiones. Otras veces el mensaje vino en forma escrita, como en el caso de los 4 profetas mayores y los 12 menores.

    Algunos querrían ver el ministerio de los profetas todavía hoy en día. Hay quien dice tener el don de poder profetizar en nombre de Dios, pero si volvemos a Hebreos 1, encontramos que el ministerio de los profetas conducía a la persona de Jesucristo, la revelación perfecta del mensaje de Dios. Moisés en Deuteronomio 18 había profetizado de la persona de Jesucristo: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis“ (18:15-18).

    Los profetas del AT que anunciaban el mensaje de Dios al pueblo nos hablan de Cristo que vino para revelar la voluntad del Padre, anunciando el reino de los cielos.

    Mas según 2 Timoteo 3:16, Dios en su Palabra nos ha dicho todo lo que necesitamos saber para conocerle por la fe y crecer en santidad por su Espíritu.

    Dios ya no habla por medio de sueños ni visiones. Ahora tenemos la Palabra de Dios escrita y preservada, disponible en más idiomas que cualquier otro libro en la historia. No necesitamos que Dios se manifieste en visión, porque ya se ha manifestado en la persona de Cristo, nos ha enviado Su Espíritu Santo para guiarnos después de nuestra salvación, y nos ha dado la guía de la Palabra Escrita de Dios.

    Hoy hacemos bien en escuchar y obedecer la Palabra completa de Dios, porque este es el mensaje que Dios nos ha dado.

  • El libro de Cantar de los Cantares ha sido cuestionado a través de la historia. ¿Qué hace un libro de poesía entre dos enamorados en los libros sagrados de Dios?
    Cada vez que alguien ha levantado sospechas sobre el libro de Cantares, este ha sido defendido, y su autenticidad mostrada.

    Aquellos que se encuentran dudando si este libro es digno de pertenecer al canon deben recordar que Dios es amor, y el amor es un regalo de Dios a la humanidad.

    El problema es que el concepto de amor se ha rebajado en la sociedad, y se habla de amor para hablar de emociones que parecen incontrolables y puramente románticas. No es así como Dios presenta el amor.

    Muchos han interpretado el libro como una alegoría, pero es mejor verlo cono una descripción poética de la belleza del amor humano en el contexto del matrimonio. Como el amor humano es un reflejo del amor de Dios, los principios del libro reflejan el perfecto amor de Dios hacia los suyos.

    Podemos resumir el tema del libro con dos versículos en el capítulo 8:

    “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor;
Duros como el Seol los celos;
Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
    Las muchas aguas no podrán apagar el amor,
Ni lo ahogarán los ríos.
Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor,
De cierto lo menospreciarían.” (8:6-7)

    Esta parte de la Canción de Canciones tiene la típica estructura paralela de la poesía hebrea. Nos muestra un paralelismo inverso, ABCB’A’, con el enfoque dirigido hacia la línea central, la C.

    La primera idea se encuentra en la línea A y la variación de A en la ultima linea.
    “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;
    Esta linea nos muestra el valor del amor, que es como un sello de certificación.

    Y la última linea de esta estrofa es una variación de esta, mostrándonos que no se puede comprar el amor
    “Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, De cierto lo menospreciarían.”

    Las dos lineas paralelas que les sigue, B y la variación de B, nos hablan de la fuerza del amor:
    “Porque fuerte es como la muerte el amor”

    Y hacia el final, “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos.”

    El amor es fuerte como la muerte, y nada lo puede apagar. El verdadero amor perdura. No depende de las circunstancias temporales.

    ¿Y sabes por qué el amor es valioso y fuerte? Es por el origen del amor. Si el amor nace de la persona que ama, o del receptor del amor, entonces es posible que fluctúe o que desaparezca. Pero si el amor proviene de un ser eterno e infinito que además no cambia a través de las circunstancias y el tiempo, entonces el amor es como Él es.

    El valor y la fuerza del amor provienen del origen del amor, Dios mismo.
    “Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.”

    Esta frase “fuerte llama” se refiere en Hebreo a la “llama de Jehová”. Dios nos ha dado la llama del amor, y nos pide que amemos como Él nos ha amado.

    Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”

    ¿Y cómo ha amado Él?

    Juan 3:16 nos dice “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”

    Cuando Dios ama, da de sí mismo. Esta es la base del verdadero amor. El amor busca dar, no recibir. De ahí que podamos clasificar el egoísmo como antónimo de amor, a pesar de que el egoísta ama, pero se ama a sí mismo. Al que se ama a sí mimo desmesuradamente, le cuesta amar a otros. El altruismo, contrariamente, ama a otros sin esperar nada a cambio.
    Dios, que sabe nuestra naturaleza y quiere enseñarnos a amar nos lo explica:

    Mateo 22:39 y Marcos 12:31 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

    Dios nos ha dado un amor propio natural saludable, pero nuestra tentación es amarnos de manera incorrecta. Un amor correcto de nosotros mismos debe llevarnos a protegernos adecuadamente, a cuidar nuestro cuerpo, a superarnos. Estas actividades no vienen siempre de forma natural. Solemos darnos gustos que no son saludables, nos permitimos excesos temporales que a la larga nos ocasionan problemas y nos lleva a vernos a nosotros mismos como enemigos de nuestro bienestar.
    Muchas veces lo que se diagnostica ligeramente como baja autoestima resulta ser, cuando se analiza más profundamente, un amor permisivo y erróneo a uno mismo.

    No nos atrevemos a hacer algo por miedo a fracasar, y llevado al extremo, cuando una llega a sospechar que otros no están contentos con ella, puede caer en depresión hasta el punto de desear no existir antes que existir en circunstancias que no le agradan. Salir de estas situaciones es dificilísimo, y suele requerir de ayuda externa. No quisiera sonar frívola ante tal grave situación, pero el punto al que quiero llegar es que algunas acciones dañinas para el cuerpo pueden partir de un amor propio equivocado y a una atención desmesurada a situaciones desfavorables.


    Dios sabe que podemos amarnos a nosotras mismas al punto de no poder dejar nuestro bienestar para amar correctamente a los demás. Así que Dios nos manda que amemos a los demás del mismo modo que nos debemos amar a nosotros mismos.

    Podemos ver a los protagonistas de Cantar de los Cantares, Salomón y la Sunamita, como tipos que ilustran el amor de Dios a Su pueblo. Así como Salomón buscaba a la sunamita, y ella lo buscaba y se entregaba a Él, Dios nos ha buscado y se regocija en que le busquemos y disfrutemos una relación íntima con Él.

    Cantar de los cantares nos deja una imagen de amor que debemos llevar a nuestra propia experiencia. ¿Cómo amas? ¿Has aceptado y disfrutado del amor de Dios en tu vida? ¿Compartes ese amor de forma altruista? ¿Amas como Dios te ha amado?

    Te invito a disfrutar del amor de Dios y a amarte a ti y a otros como Cristo ama.

  • “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Eclesiastés 12:11

    Si aquí en este mundo debemos vivir con los tres aguijones que presenta el orador de Eclesiastés, Dios nos presenta tres clavos que nos dan estabilidad. Cuando los aguijones nos limitan, los clavos nos permiten mantenernos afirmados en verdades que no varían.

    El primer aguijón nos presentaba la incapacidad de controlar el mundo material en que vivimos. Al darnos cuenta de que hay mucho en este mundo que se escapa de nuestro control, podemos desanimarnos y desistir, o podemos afanarnos e intentar tomar control ejerciendo mayor esfuerzo. Ambas reacciones son contraproducentes, ya que no por intentarlo más conseguimos controlar mejor, y cuando desistimos del intento tendemos a desanimarnos.

    En lugar de afanarnos o desanimarnos, podemos buscar a Dios. Dios nos presenta un clavo que nos permite permanecer firmes y equilibradas. Ese clavo es la realidad de que Dios controla todo el Universo todo el tiempo. Generación va y generación viene, y Dios, a diferencia de nosotros, siempre ha estado presente. Dios creó este mundo y controla todo lo que existe en el universo.

    Vimos en el libro de Job cómo Dios tiene control sobre los astros del cielo, las estaciones, los ciclos de la Tierra, y hasta los ciclos de la vida. Hechos 2:23 nos dice que Cristo fue “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios.”
    Dice Efesios 1 que aquellos que creemos en Cristo fuimos escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo. Romanos 8:28 dice que para aquellos que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. No hay nada que pueda ocurrir a aquellos que en Dios confían que pille por sorpresa al Dios del universo. Y no hay nada que nos pueda ocurrir que Dios no pueda usar para nuestra edificación y crecimiento.

    Aquellos que en Él confiamos podemos permanecer firmes ante las circunstancias inciertas de la vida. Todos tendremos momentos de aflicción en este mundo. Eso nos afirma Juan 16:33 cuando dice “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

    Si titubeas a la hora de poner tu confianza en Dios, seguramente será porque no lo conoces suficiente. cuanto más lo conozcas a través de Su Palabra, más confiadamente descansarás en su buena soberanía.

    El segundo aguijón trata de nuestra incapacidad de encontrar plena satisfacción en este universo material.

    En el capítulo 6 de Eclesiastés leemos: “Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso.”

    ¿Conoces a alguien con muchas posesiones que no es capaz de disfrutarlas? Esto es lo que describe este texto. ¿Como conseguimos disfrutar aquello que poseemos? ¿Cómo lo hacemos para que nuestras posesiones no nos posean a nosotros?

    Eclesiastés 3: 11 dice “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”

    Dios ha puesto eternidad en nuestro corazón. Cuando paramos a ver lo corta que es la vida, las limitaciones de tiempo con las que nos encontramos diariamente y a largo plazo, podemos descansar en la realidad de que somos seres eternos. No alcanzamos a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin, pero podemos confiar en que Él ha planeado bien. El segundo clavo presenta esta preciosa verdad: que Dios ha provisto plena satisfacción para nosotros en Su persona.

    Cuando damos prioridad a Dios, podemos disfrutar de lo que Él nos da.

    Como podemos leer en el capítulo 3 de Eclesiastés, en el plan de Dios todo tiene su tiempo. Dios es eterno “Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.” (3:15) y lo que nos corresponde en esta vida que Dios nos ha dado es, como dicen los versículos 12 y 13 es disfrutar con sabiduría la vida que Dios nos ha dado. Dicen así:
    “Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
    y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.”

    Mateo 6:33 nos recuerda : “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” ¿Qué cosas? Tenemos la contestación en Mateo 6:25-26 “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
    Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

    Deberíamos disfrutar las cosas materiales como regalos de Dios, agradecidas y conscientes de Su amor y salvación. Esto traerá verdadera satisfacción en esta vida, y gozo durante la eternidad con Cristo.

    Si el tercer aguijón nos recordaba lo corta que es esta vida, y nuestra incapacidad de prolongarla, Dios nos ofrece un clavo que nos da seguridad. Esta es la seguridad de disfrutar lo que ahora tenemos con la confianza de que podemos disfrutar a Cristo toda la eternidad.

    Lo que hacemos en esta vida, será recordado por poco tiempo, como nos recordaba Eclesiastés 2:14-15:

    “El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.”

    El que gana riquezas, como el que consigue fama o el que obtiene sabiduría, todos pasarán. Si no, piensa en famosos de hace unos treinta años, y pregunta a los más jóvenes que tú si saben quienes son.

    En esta tierra la memoria es efímera. Y como dice el versículo 16, “ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.”

    Sin embargo, podemos aferrarnos al tercer clavo:

    “Todo lo que Dios hace será perpetuo”, y esto lo hace para que nosotros temamos a Dios y confiemos en su perfecta sabiduría” Eclesiastés 3:14

    Dios es eterno. Salmo 102:12 dice: “Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, Y tu memoria de generación en generación.”

    Y Hebreos 13:8 nos afirma: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”

    Romanos 1:20 nos da una verdad que confronta a aquellos que no creen en Dios, pero que es un ancla para aquellos que le buscan.

    “Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.”

    ¿Quieres vivir esta vida tambaleándote según las circunstancias y sin satisfacción? ¿O prefieres vivir una vida firme y constante?
    Repasa estos tres clavos que Dios ha establecido para que puedas disfrutar la estabilidad que deseas. Confía en Dios y disfruta de la vida que Dios te ha dado.

  • “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Eclesiastés 12:11 presenta lo que el libro de Eclesiastés está intentando enseñarnos. En primer lugar, el sabio nos presenta aguijones que incomodan, pero que a la vez nos provocan a actuar. Y en segundo lugar, y de forma complementaria, hay clavos que nos dan la estabilidad que necesitamos para vivir una vida sabia. En esta reflexión trataremos los aguijones que nos presenta el libro de Eclesiastés y en la próxima presentaremos los clavos que nos afirman.

    Los aguijones de los que habla el libro no son los de un escorpión. Más bien habla del instrumento que usa el ganadero para motivar a sus animales a seguir adelante cuando tienen la tentación de quedarse plantados en un lugar. Los aguijones nos provocan a examinarnos y no quedarnos donde estamos.

    Dios presenta en Eclesiastés tres aguijones que nos ayudan a reconocer nuestra insuficiencia y la necesidad que tenemos de alguien mayor que nosotros.

    Los tres aguijones que presenta Eclesiastés son:
    1.La incapacidad de controlar el universo material
    2.La incapacidad de plena satisfacción en este mundo material
    3.La incapacidad de prolongar nuestra existencia

    El primer aguijón es que no podemos controlar el universo material.

    Eclesiastés 1:4-10 dice “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
    Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.
    ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.”

    ¿Conoces a alguien que pueda controlar el clima? El libro de Job nos recuerda que como humanos, somos incapaces de controlar el universo en que vivimos. No hay nada nuevo bajo el sol, y por mucho que intentemos llegar adonde otros no han llegado y conseguir controlar este universo, cosas grandes y pequeñas se nos escapan de las manos.

    Es ese afán de control lo que lleva a muchos a vivir una vida controlada por el estrés, a tal punto que sus propios cuerpos dejan de funcionar como debieran. Dios nos permite experimentar esta incapacidad de controlar cada situación para que miremos hacia aquél que creó y controla este universo, y que como dice el Salmo 115:3 “todo lo que quiso ha hecho.”

    En segundo lugar, no somos capaces de llegar a un nivel pleno de satisfacción en esta tierra. No hay nada en este universo material que nos pueda satisfacer. No importa cuánto pueda alcanzar el ser humano, siempre queda esa sensación de que falta algo más. Esto es lo que lleva a la avaricia, al agotamiento o a los conflictos.

    El predicador en Eclesiastés cuenta cómo él, siendo rey en Jerusalem, consiguió disfrutar de placeres que muchos quisieran tener:

    Adquirió conocimientos mayores que cualquiera de su época: Dice en el capítulo 1

    “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol” (1:14)

    “Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.” (1:16)

    “Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos “(1:17)

    También disfrutó de placeres que le trajeran alegría. Dice en el capítulo 2:

    “Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. (2:1)

    Prosperó económicamente hasta ser conocido por sus riquezas. Dice:

    “Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; (2:4)
    Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; (2:8)

    “Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

    Resumiendo, nos dice el el versículo 10 del segundo capítulo:

    “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.” (2:9-10)

    Y sin embargo, al analizar todos sus logros, no encontró plena satisfacción, sino que descubrió el tercer aguijón del ser humano.

    El sabio rey llegó a la conclusión de que todo en este mundo era vanidad y aflicción de espíritu (1:14; 2:11)

    El tercer aguijón trata de la vanidad de la vida. En los versículos 14-21 del segundo capítulo, el orador lo describe muy nítidamente:

    “El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.”

    “Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.
    Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.”

    “Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.”

    Esta reflexión del Predicador en Eclesiastés ilustra muy claramente la reacción más fácil y lógica ante los tres aguijones de la vida. Es fácil reaccionar ante nuestras limitaciones cayendo en la angustia y el desánimo.

    Pero los versículos que le siguen a esta lamentación nos ofrecen una segunda reacción, menos natural, pero mucho más conveniente y provechosa para nuestra vida.

    “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios” (2:24)

    En Eclesiastés 3:12-13 lo reitera:
    “Yo he conocido que no hay para el hombre cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
    y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

    Esta vida es un regalo de Dios. Dios nos ha puesto límites, pero estos límites no están para frustrar nuestra existencia, sino más bien para que disfrutemos la vida en Su compañía, sabiendo que Él puede suplir lo que a nosotros nos falta. Y si entendemos esto, podremos alegrarnos de lo que tenemos y disfrutar este universo material de forma sana.

    Descubre en la próxima reflexión los clavos que Dios ha establecido para que podamos mantenernos firmes y disfrutar del regalo de la vida.

  • El libro de Eclesiastés pertenece a los libros de sabiduriá. También denominado Libro del Predicador, nos comparte el discurso del que invita al pueblo a escuchar la enseñanza sobre cómo vivir en este mundo.

    Este libro inspirado por Dios se le atribuye a Salomón, el autor de la mayoría de los proverbios. El rey Salomón, hijo del rey David, pidió a Dios sabiduría para guiar al pueblo, y Dios se la concedió, de modo que Salomón fue famoso por su sabiduría, que hasta hoy día sigue conociéndose mundialmente.

    Si el libro de Proverbios nos presenta la sabiduría y nos anima a buscarla y seguirla para vivir una vida provechosa, Eclesiastés nos presenta la vanidad de la vida y lo importante que es vivirla desde el punto de vista de Dios.

    Proverbios parece dar a entender que el justo vivirá una vida provechosa mientras el necio no será prosperado y todo le irá mal. Proverbios presenta el principio de la cosecha y exhorta a vivir justamente.
    Eclesiastés, por otro lado, presenta el dilema que muchos ya hemos observado, y es que uno puede hacer las cosas bien, siguiendo la ética que Dios presenta en Proverbios, y esto no garantiza que la vida será mejor que la de uno que vive desordenadamente.

    En este libro veremos que la vida bajo el sol es a menudo injusta, que los mismos sucesos ocurren al justo y al injusto, y que vivir moralmente no garantiza una vida perfecta. Eclesiastés presenta la vanidad de nuestra vida aquí en la Tierra.

    “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece”, nos dice Eclesiastés desde el capítulo 1 (1:4). Somos insignificantes en este universo material. Nuestra existencia es meramente un punto en la linea del tiempo en este inmenso universo.

    Desde el comienzo del libro se nos presenta esta cruda realidad. Tras una primera lectura del libro, tenemos la tentación de concluir que la vida no tiene sentido y nosotros no tenemos esperanza.

    Mas el libro de Eclesiastés no aparece en nuestras Biblias para causar depresión. Todo lo contrario. Si llegamos a entender la realidad de nuestra existencia, podremos ajustar nuestra vida a los principios que Dios nos ha propuesto, porque Dios quiere que vivamos esta corta vida aquí en la tierra con propósito. Si no lo planeamos y lo hacemos conscientemente, como dice el escritor de Eclesiastés, nuestra vida pasará antes de darnos cuenta. Pero si entendemos, como Dios claramente lo ha explicado en su Palabra, que Dios ha puesto eternidad en nuestros corazones, y que hay más después de esta corta vida terrenal, nos prepararemos sabiamente para poder disfrutar esta vida y la eternidad con Cristo. Reflexionemos sobre lo que Dios dice sobre nuestra eternidad.

    La Palabra de Dios presenta dos destinos para cada alma, la parte inmaterial que permanece cuando el cuerpo físico muere.

    Juan 6:47: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.”

    Mas Apocalipsis 21:8 advierte: “Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

    Estos versículos presentan una vida y una muerte distintas a la vida y la muerte física que nosotros conocemos.

    Esa lista en Apocalipsis nos puede incluir a todos, porque todos pecamos, como leemos en el capítulo 7 del libro. ¿Qué es entonces esa vida y esa muerte segunda?

    Es evidente que todos nacemos y todos hemos de morir. Mas Dios presenta en Su Palabra dos nacimientos y dos muertes. ¿Cómo funciona eso?

    Todos nacimos de nuestras madres. Este es el primer nacimiento. Todos llegaremos al fin de nuestra existencia aquí en la tierra y cesaremos de vivir. Esta es la muerte primera.

    Mas Cristo presenta un segundo nacimiento, el que uno puede experimentar al poner su confianza en la obra redentora de Cristo en la cruz. Presenta también una segunda muerte. Este es el destino del mal y de todo aquel que rechazando a Dios y la obra de Cristo en la cruz, elige seguir el rumbo marcado por el Maligno, que como vimos, se rebeló contra Dios antes de la caída en Edén.

    Dios ha establecido que todo aquel que nace una segunda vez no tenga que morir una segunda muerte. Por lo que, cada uno que ha nacido de nuevo, a la hora de la muerte física, pasará a gozar vida eterna en Cristo.

    En Juan 3, Jesús, hablando con un principal de los fariseos afirma: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

    ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo, preguntó Nicodemo?

    A lo que Jesús respondió: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”

    Cuando yo reconozco que Cristo, sin merecer la muerte murió para pagar el perdón de mis pecados, y acepto su sustitución, reconociendo que yo merecía la muerte y no Él, entonces comienzo una nueva vida, una vida espiritual, que depende de Cristo.

    ¿Entiendes lo que esto puede significar para ti también?

    Hebreos 1:27 nos explica lo que ocurrirá después de morir: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”

    Eclesiastés 12:14 dice que “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”

    La Biblia nos enseña que hay un juicio, y el veredicto para cada ser humano es culpable. A diferencia de la típica imagen de la balanza en la que nuestras buenas obras deberían sopesar nuestras malas obras para acceder al cielo, el requisito de acceso basado en obras está puesto en la perfección de Cristo, por lo que nadie aparte de Él podría jamás acceder por sus buenas obras. Mas gracias a la obra redentora de Cristo en la cruz, el destino eterno de cada persona en la historia de la humanidad está determinado por lo que cada individuo decida hacer con la persona de Jesucristo.

    Juan 3:36 afirma: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

    Por eso es tan importante que reconozcas a Dios en tu vida. Sin este reconocimiento de Dios como Soberano, sin el reconocimiento de Cristo como Dios hecho carne, esta vida terrenal no tiene sentido.

    El libro de Eclesiastés nos va a presentar la realidad del mundo en que vivimos, a la vez que nos va a invitar a replantear nuestra vida aquí en la Tierra, y a que aseguremos nuestra vida eterna. Te invito a leerlo y reflexionar en las verdades que presenta.

  • En este proyecto A través de la Biblia he propuesto que el Señor Jesucristo está presente en la Palabra de Dios, de principio a fin. Este libro de Proverbios es, como lo hemos presentado anteriormente, un manual de sabiduría que trata temas cotidianos que cada uno enfrentamos en el día a día. ¿Dónde encontramos la persona del Señor Jesucristo en este libro?

    Me atrevo a contestar que en todo el libro. Recordamos que la Biblia es la Palabra de Dios, y el carácter de Jesucristose ve reflejado a través de las Escrituras. Los principios sabios de Proverbios y el rechazo de la necedad reflejada en la enseñanza muestran el carácter justo y sabio de Cristo.

    El libro de Proverbios nos presenta a la sabiduría como una joven mujer. En el capítulo 8 nos presenta a la sabiduría paseando por la tierra, invitando a cada persona a seguirla para vivir la vida plena que Dios quiere para cada uno.

    Muchos quieren crear una conexión directa entre la sabiduría personificada en Proverbios y la persona de Jesucristo. Sin embargo, estos versículos no están describiendo a Cristo.

    Proverbios 8:22-30

    “Jehová me poseía en el principio,
Ya de antiguo, antes de sus obras.
    Eternamente tuve el principado, desde el principio,
Antes de la tierra.
    Antes de los abismos fui engendrada;
Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.
    Antes que los montes fuesen formados,
Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;
    No había aún hecho la tierra, ni los campos,
Ni el principio del polvo del mundo.
    Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;
    Cuando afirmaba los cielos arriba,
Cuando afirmaba las fuentes del abismo;
    Cuando ponía al mar su estatuto,
Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;
Cuando establecía los fundamentos de la tierra,
    Con él estaba yo ordenándolo todo,
Y era su delicia de día en día,
Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.”

    Los Testigos de Jehová usan esta personificación erróneamente para defender que Jesús es un ser creado por Dios, pero no es así; este texto está hablando claramente de la sabiduría, la cual el Dios Trino poseía desde el principio.

    La Biblia presenta muy claramente a través de las Escrituras a Cristo como Creador no creado, Eterno, Soberano, Todopoderoso Dios. Cualquier corriente que rechaza esta verdad está rebajando a Cristo y rechazando su persona. Cristo estaba en el principio, pero Él no tiene principio. Cristo es el Creador porque Cristo es Dios.

    Apocalipsis 1 habla de Cristo cuando dice:
    “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”


    La sabiduría no es una fuerza impersonal. En el libro poético de Proverbios se presenta como una doncella, pero en ningún otro lugar en la Biblia se presenta a Cristo como una mujer. Podemos ver la imagen como un recurso poético, sin llevarlo más lejos de lo que el autor pretendía.

    Recordemos que la sabiduría es un atributo de Dios mismo. Es por esto que Proverbios enfatiza que la sabiduría comienza con Dios.

    El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; (1:7; 9:10)

    Quiere decir que si no reconocemos a Dios como Señor del universo, es imposible que lleguemos muy lejos en esta búsqueda de la sabiduría.

    La Biblia habla de la sabiduría que viene de Dios y de la que no. Santiago 3:13-18 describe a la sabiduría de lo alto como “pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” En contraste dice que la sabiduría terrenal trae celos, contención, perturbación y toda obra perversa.”

    Si queremos sabiduría pura y honesta, la vamos a encontrar en Dios. Te invito a buscar a Dios, pues al encontrarle, hallarás la sabiduría. No hay una sin la otra. Como dice el versículo 8:35, el que la halla, halla la vida. Cristo dijo “Yo soy El camino, la Verdad, y la Vida, nadie viene al Padre sino por mí” Busca a Cristo, y síguele, porque al hallarle encontrarás la sabiduría característica de Dios.

  • ¿Sabías que Proverbios habla de la mujer ideal? En todas las sociedades hay ideales. La gente tiene una idea de los que es ser un hombre o una mujer ideal. Hemos visto en Proverbios las características de la persona sabia así como del necio. Y en el capítulo 31 Lemuel comparte la enseñanza que le transfirió su madre exhortándole a ser un buen líder y describiendo a la mujer ideal.

    Este poema acróstico tiene 22 versos, cada uno comenzando con una de las letras del alfabeto hebreo. Describen a una mujer de valor que no es fácil de encontrar. Nosotras, miles de años más tarde, podemos leerlo, no para intentar copiar las actividades y estilo de vida de esta, porque cada una tenemos diferentes dones y habilidades, sino para que nos inspire y nos motive a desarrollar nuestras habilidades personales y que estas sirvan para vivir una vida plena al servicio del que nos ha creado y nos ha salvado.

    Muchas traducciones usan la palabra “virtuosa”, pero la palabra utilizada implica no solo virtud moral, sino que también incluye habilidades que la hacen una mujer de muchas facultades.

    Veamos el poema de la mujer virtuosa, cuyo valor supera a todas las piedras preciosas; pero empecemos por el final, ya que el escritor del poema nos dice que esta mujer no es alabada por su belleza natural, ni por su simpatía, ni por todas sus facultades.

    El versículo 30 dice: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.” (30)

    La principal virtud de esta mujer es que teme a Dios. Como hemos visto anteriormente, no se trata de un temor de terror, sino un temor de respeto. Esta mujer respeta los deseos de Dios, evita hacer aquello que le ofende, y todo lo que hace, no lo hace para buscar su propia gloria. La que es alabada no es la que se esfuerza por ser mejor mujer, sino aquella que lo que hace, lo hace para que Dios sea alabado.

    Nos dice el texto que es una mujer en la que uno puede confiar. Dice el versículo 11 que su marido está confiada en ella y en el 12 que ella da bien y no mal todos los días de su vida. Sin duda, esto debe ser una característica que queremos tener. Deseamos ser personas en las que se pueda confiar, de estas que tienen influencia positiva en la vida de los que nos rodean.

    Esta mujer es diligente. Trabaja con voluntad, como leemos en el versículo 13. El 14 nos dice que “trae su pan de lejos”, sin importarle el esfuerzo, y se levanta temprano si es necesario para atender a lo que le pertenece. Es una mujer esforzada.

    Nos dice que sabe atender sus negocios. Proverbios 31: 16-18 “Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; Su lámpara no se apaga de noche.”

    A menudo pensamos que la mujer de negocios es una idea moderna, pero recordemos que esto que estamos leyendo es la sabiduría del pueblo de Dios de miles de años atrás. La mujer ideal descrita aquí no es una que se queda sentada en casa esperando a que lleguen su marido e hijos. Y tampoco es una que sale a dedicarse a los negocios de otros para dejar a un lado su casa. Es una mujer que se esfuerza en que su casa sea el oasis que la familia necesita, y si es necesario, se ocupa de sus negocios eficazmente.

    A ella no le importa esforzarse. El texto nos dice que “Aplica su mano al huso, Y sus manos a la rueca.” (19) Estos utensilios de los que habla servían para tejer. Esta mujer usa sus manos de forma creativa para proveer para su familia.

    Es generosa con el necesitado: “Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso.” (20)

    Está preparada para lo que pueda venir: “No tiene temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.” Y además de ser eficaz, se ocupa de la estética y la calidad Nos dice que “Ella se hace tapices; De lino fino y púrpura es su vestido.” Es decir, se ocupa de vestir su casa y ella viste bien.

    Nos dice el versículo 25 que “Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir.” El mal tiempo no le pilla por sorpresa, porque ha sido diligente y está preparada, mas su confianza no está en lo que posee o lo que viste, sino en la fuerza y el honor, características internas más dignas de alabanza que las posesiones materiales. Esta mujer trabaja con telas y se prepara para lo que viene por delante; sin embargo, no se afana por esto. No es el lino, la púrpura o los tapices lo que le da la confianza. Yo afirmaría que su confianza está puesta en Dios.

    Nos dice el versículo 27 que “Considera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde.”

    Esta mujer de la que nos habla el poema es una mujer adinerada, por lo que tiene siervos que la ayudan en los quehaceres de la casa. Se encarga de que todo vaya bien en su hogar y de que los negocios familiares funcionen adecuadamente, pero algo que nosotras podemos imitar, aunque no seamos mujeres de negocios no tengamos quien nos ayude, es a estar atentas a la economía de nuestro hogar y a no gastar mas de lo que podemos permitirnos. Quizá la idea de comer el pan de balde incluye no solo lo que comemos, sino también aquellos gastos innecesarios que hacen que la economía familiar sufra.

    Vemos también que cuando esta mujer trata con otros, lo hace de manera que honra a Dios. Nos dice el texto que esta mujer admirable “Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua.” (26) Entiende la importancia de una lengua prudente y de una actitud compasiva.

    Puede que estés pensando que esta mujer es una “super heroína.” Tienes razón, pero no nos conviene pensar en esta dirección, porque nos desanimaríamos, y su ejemplo no nos servirá de ayuda. El versículo 29 nos recuerda que esta mujer aquí elogiada es una entre miles. Dice: “Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú sobrepasas a todas.” Lo que leemos en Proverbios 31 es una meta hacia la que podemos apuntar. Nos debe motivar, no desanimar.

    Nuestra meta no es ser destacada entre miles. No estamos en un concurso de virtuosas. Pero lo que sí queremos es agradar a Dios y crear un ambiente saludable en nuestro hogar. Deberíamos estar felices con el reconocimiento de los que más nos deben importar.

    El versículo 28 dice: “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba:” “Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos” (31). Sus propios hechos le traerán alabanza. Y es posible que sus negocios sean conocidos lejos de su casa, pero lo que más valora el poema es que su propio marido reconozca su valor y virtud y que sus hijos estén agradecidos por ella. ¡Qué mejor nombre que el que te puedan dar en tu propia casa! A veces nuestra sociedad nos hace pensar diferente, y acabamos buscando la alabanza de los de fuera, pero bienaventurada es la persona que es apreciada en su casa. Que Dios nos ayude a sentirnos apreciadas y a apreciar a los nuestros.

    Para acabar la reflexión sobre este poema, quedémosnos con un pensamiento que nos anime a dar lo mejor de nosotras mismas, pero con el enfoque correcto. Recuerda,

    “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.” (30)

    ¿Quieres alabanza? Teme a Dios. La que será alabada es aquella que se esfuerza, pero lo hace para Su Dios, porque su Dios se encargará de los resultados. Y no hay duda, la gloria de Dios se reflejará en ella, de modo que otros la notarán, y será alabada.

  • ¿Cómo respondes al consejo de otros? ¿Lo buscas? ¿Lo evitas? La Biblia nos dice que en los muchos consejos hay seguridad:
    “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.” Proverbios 11:14

    Claro está que no cualquier consejo es bueno. Si nos arrimamos a gente sabia, sus consejos nos llevarán por buen camino. Mas si vamos buscando el consejo de aquellos que nos dicen lo que queremos oír, no vamos a superar nuestra sabiduría actual. Sus consejos no nos aportarán nada nuevo y no nos harán más sabios.

    ¿Recuerdas all rey Roboam, el cual, cuando su padre Salomón falleció y le pasó el trono, buscó el consejo de los más experimentados sobre cómo llevar el reino? Mas no gustándole el consejo que estos le daban, Roboam fue a consultar con los más jóvenes que le servían, para que estos le dieran el consejo que este quería oír.
    Nos relata 2 Crónicas 10:8 que Roboam, “dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su servicio.”
    Y así fue como Roboam causó una división en el reino.

    Todos tendemos a hacer lo mismo. Nos incomoda recibir consejo que contrasta con lo que ya queremos hacer, y huimos de verdades que nos incomodan. El Salmo 1 nos dice que Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.”

    Proverbios 19:27 advierte: “Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas Que te hacen divagar de las razones de sabiduría.”

    El sabio escritor de Proverbios advierte que hay enseñanzas que nos alejan de la sabiduría. Nos pueden llevar a pensar erróneamente, hasta el punto de tomar decisiones que nos alejan de Dios y nos llevan lejos de la vida que Dios querría que disfrutáramos.

    Proverbios nos exhorta a escuchar aquel consejo que nos hará más sabios, que nos acercará a Dios y que no nos dejará ir por el camino a la perdición.

    Nos dice Proverbios 12:15 que “El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio.”

    Podemos llegar a pensar que nuestro camino es bueno cuando en realidad vamos por la senda equivocada. Nos conviene cuestionar lo que estamos haciendo y analizar el destino de la senda por la que andamos, para que si es necesario hacer rectificaciones, no nos desviemos mucho del buen camino.

    Se nos anima en la cultura moderna a escuchar a nuestro corazón. Se ve con malos ojos las decisiones tomadas con la mente y se exaltan aquellas que se toman basadas en las emociones. Pero no debemos engañarnos. Las emociones son reales, pero no son duraderas ni fiables. En medio de un problema, podemos sentirnos abrumadas por muchas emociones, y la toma de decisiones puede hacerse complicada.

    Proverbios 20:5 dice que “Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre; Mas el hombre entendido lo alcanzará.” No es fácil discernir, mas con entendimiento se puede alcanzar.

    Proverbios 28:26 nos advierte que “El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado.”

    Este pensamiento contrasta con el eslogan de Disney “sigue tu corazón.” ¿Sabes que la Biblia enseña que nuestro corazón es engañoso? Jeremías 17:9 dice “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Sin embargo nos dice el siguiente versículo que Dios conoce nuestros corazones a la perfección. Podemos darle nuestros deseos y nuestros miedos a Él, porque Él nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos. Podemos confiar que sus consejos y sus caminos nos llevarán a buen fin.

    Proverbios 19:20 “Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días.”

    Proverbios 29:17 da instrucciones a los padres diciendo: “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma.”

    Si no hay corrección, no hay enseñanza. Las pequeñas correcciones en los momentos adecuados enderezarán la senda de nuestros hijos de modo que más tarde no tengan que sufrir grandes trastornos.

    Hebreos 12:11 nos anima diciendo: “Es verdad que ninguna disciplina (o corrección) al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

    Claro está que la manera en que respondamos a la corrección y al consejo determinará la eficacia de este:

    Proverbios 29:1 comparte una triste verdad: “El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina.”

    Si al recibir el consejo, la reacción es dureza de corazón, el consejo no le hará ningún bien. Al contrario, al endurecerse, se obstinará en el camino erróneo, y será muy difícil enderezar lo torcido.

    Mas incluso de estos malos ejemplos, una persona sabia puede sacar provecho
    Proverbios 19:25 “Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado; Y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.”

    Escarnecedor no es un adjetivo que utilicemos a menudo. Algunos sinónimos de escarnecedor son injurioso, blasfemo, insultante, ofensivo, burlón; digamos que es el típico bully. Nos dice el versículo que cuando a este se le disciplina, los simples, aquellos que lo ven e igual lo admiran de algún modo, son avisados. Por eso es importante tener un buen sistema de justicia, desde el hogar hasta a nivel nacional. Si los escarnecedores no son adecuadamente reprendidos, los simples que les siguen no reciben la advertencia. MAs nos dice la segunda parte del proverbio que cuando el entendido recibe la corrección, adquirirá conocimiento. Si la corrección se recibe de buena manera, se habrá ganado conocimiento, y el resultado será bueno.

    Pidamos a Dios que nos ayude a poner en práctica esta dinámica: Saber dar una corrección como conviene en el momento adecuado y saber aceptar la corrección y el consejo. Si practicamos esto, veremos un aumento en sabiduría y paz en nuestra vida y en la de nuestros seres queridos.

  • Proverbios trata diferentes defectos de carácter que hacen que una persona actúe necia e insensatamente, y comparte los resultados negativos que estos defectos tienen en la vida de uno mismo y en la de los que lo rodean. Específicamente habla de la ira, y cómo la persona que tiende a enojarse con facilidad provoca conflictos personales y sociales.

    El enojo continuo o desproporcionado hace que nuestro cuerpo se tense, causando altos niveles de estrés y tensión muscular y cardiovascular, causando estos a su vez daños a nuestro propio ser. Así también, el daño afecta a aquellos que nos rodean, ya que la ira suele ir acompañada de conversaciones duras y acciones agresivas.

    Los Proverbios nos recuerdan en múltiples textos el daño que la ira ocasiona.

    Proverbios 15:18 “El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.” Y Proverbios 29:22 dice “El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca.”

    Proverbios 21:19 “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda”.

    Ninguno se libra, hombre o mujer; los iracundos son personas infelices y peligrosas. Por lo que Proverbios 22:24-25 advierte:

    “No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma.”

    Cuidado con los iracundos. Proverbios 21:9 nos dice que “Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa.”

    Y el 13 dice: “Dolor es para su padre el hijo necio, Y gotera continua las contiendas de la mujer.”

    Estos dos proverbios hablan de un hijo y una esposa, pero sabemos que cualquier persona que se pasa el día contendiendo con otros y provocando o siendo provocada fácilmente, hace difícil la convivencia.

    Y si a esa actitud iracunda se le añade violencia, entonces los resultado son horribles.

    Proverbios 19:19: “El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.”

    Nos angustiamos al ver tantos incidentes de violencia entre personas que conviven o han convivido juntos. En algún momento dijeron que se amaban, y ahora se odian y se maltratan en muchos sentidos. La ira, cuando se le da rienda suelta y se le anima con actitudes, palabras y acciones, puede llegar muy lejos, causando males irreparables. Y es que como dice Santiago 1:20 “la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.


    Dios denuncia la ira y la violencia, relacionándolas con la necedad:

    Proverbios 29:11 “El necio da rienda suelta a toda su ira, Mas el sabio al fin la sosiega.”

    Proverbios 12:16 “El necio al punto da a conocer su ira; Mas el que no hace caso de la injuria es prudente.”

    Proverbios 29:8 dice que “los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas; mas los sabios apartan la ira.”


    El sabio no deja que su ira salga para que todo el mundo la vea, sino que es capaz de controlarse, sosegándola y no dándole rienda suelta. El sabio está dispuesto a no hacer caso a la injuria, y a apagar las llamas de la ira. Esto es difícil, porque a nadie le resulta sencillo pasar por alto ofensas. Y seamos sinceras; hay ofensas que pasan el límite de la legalidad y han de ser llevadas a la justicia. Debemos saber qué ofensas se pueden pasar por alto y qué ofensas se deben tratar por los cauces adecuados, y debemos hacerlo siempre con prudencia y sensatez.

    Proverbios contrasta al iracundo con el cuerdo:

    “La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.” El que tiene cordura, es capaz de detener su enojo y su ira. Proverbios 19:11 da valor a la persona que es capaz de pasar por alto una ofensa sin responder con ira.


    Y es que habrá muchas situaciones en las que seremos tentados a responder con ira. Y puede que en otras ocasiones seamos nosotros los que provoquemos a ira a los que nos rodean. Proverbios también habla a aquellos que con sus acciones provocan a otros a tener ira.

    Proverbios 30:33 advierte que el que provoca a alguien a ira también causa conflicto:

    “Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla, Y el que recio se suena las narices sacará sangre; Y el que provoca la ira causará contienda.”

    Vemos que podemos pecar de tener ira nosotros, o de causar ira en otros. Por lo que debemos tener mucho cuidado con nuestras actitudes, palabras y acciones. En la carta a los Colosenses Pablo exhorta: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (3:21). Literalmente está diciendo: “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos.” y así lo dice en la carta a los Efesios (6:4) Que Dios nos ayude a no ser de los que provocan la ira con sus acciones.


    Qué bonito sería si a nosotras nos conocieran como mujeres que podemos apartar la ira. Si en lugar de batir y batir para sacar ira pudiéramos sacar en nosotras y en otros paz y concordia. Hagamos de esto un reto personal.

    Proverbios 15:1 nos dice que “La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor”

    David, el padre de Salomón, el escritor de los Proverbios, ya decía en Salmo 37:8 “deja la ira y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo”.

    Y Salmo 86:15 nos recuerda que Dios “es misericordioso y clemente, Lento para la ira, y grande en misericordia”

    ¿Y si yo pudiera ser más como Él cada día? Lenta para la ira, y grande en misericordia. Entonces mi relación personal con otros y mi propio bienestar mejorarían. Te animo a acompañarme en este reto.