Episodios

  • No podemos negar que las riquezas tienen la habilidad de traer felicidad. Hay muchas cosas en este mundo que las riquezas pueden comprar, y sin duda, entendemos que la solvencia económica es algo positivo. El bienestar está también muy valorado en nuestra sociedad. La tranquilidad y la calidad de vida es un regalo del que todos querríamos beneficiarnos. Lo cierto es que si consiguiéramos tener riquezas y bienestar simultáneamente, el resultado sería positivo, pero si uno de estos ha de menguar para que el otro aumente, creo que estaríamos de acuerdo que priorizaríamos el bienestar. En una escala de valores, el bienestar sobrepasa a las riquezas.

    Proverbios nos recuerda esto en múltiples versículos:

    “Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de provisiones. (Proverbios 17:1)

    Proverbios 15:16-17 “Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, Que de buey engordado donde hay odio.”

    Cuántas veces hay odio entre familias y amigos por causa de las finanzas. En ocasiones hay mucho dinero involucrado, en otras son cuatro monedas que desaparecen en poco tiempo, pero que dejan turbación que no se disipa durante años. Pero el sabio nos dice que un plato de lentejas compartido en amor es mejor que comer un chuletón de buey donde hay discordia y resentimiento.


    ¿Y si tuvieras que decidir entre tener dinero o ser una persona de buena reputación?, ¿Qué eligirías? Proverbios 22:1 nos dice que “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, Y la buena fama más que la plata y el oro.” Hay muchos que sacrifican su reputación y obtienen riqueza de manera injusta, y Proverbios 16:8 tiene ago que decir en cuanto a esto: “Mejor es lo poco con justicia Que la muchedumbre de frutos sin derecho.”


    Salomón tuvo dinero y sabiduría, pero al compararlas, eligió la segunda. Proverbios 16:16 “Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; Y adquirir inteligencia vale más que la plata.”

    Y Proverbios 8:11 nos recuerda que “mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.”


    No dudamos que tener suficiente para el día y que te quede aún un poco sienta bien, pero Dios nos recuerda que las riquezas son pasajeras, que pueden traer problemas, y que lo que tenemos debe ser utilizado sabiamente para traer bendición y no turbación. El padre aconseja a su hijo en Proverbios 3:9-10 “Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.” No olvides que lo que tienes es regalo de Dios.

    Proverbios 23:4-5 “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.” Nos dice el 21:26 que “Hay quien todo el día codicia; Pero el justo da, y no detiene su mano.”

    No te afanes por enriquecerte, porque no por afanarte y codiciar tendrás más o vivirás mejor. Proverbios nos anima a vivir bien y trabajar con entusiasmo. Proverbios 10:4-5 dice que “La mano negligente empobrece; Mas la mano de los diligentes enriquece.” Y “El que recoge en el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.” Si somos diligentes y atendemos a la tarea que tenemos por delante, disfrutaremos el fruto de nuestro trabajo, y podremos compartir bendiciones con otros.

    No perdamos el enfoque. Nuestro bienestar personal, nuestras relaciones personales con los que nos rodean y nuestra integridad ante Dios sobrepasan el valor de las posesiones.

    El versículo 4 del capítulo 22 nos recuerda que “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.” El que ve las riquezas, la honra y la vida como regalo de Dios, podrá disfrutar de las tres con libertad sin afanarse por ninguna de estas.

    Que Dios nos ayude a reconocerlo a Él en humildad y disfrutar de los regalos que nos da diariamente.

  • Proverbios 21:23 “El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.”

    El libro de Proverbios da advertencias y consejos sobre nuestro hablar. Y es que, como dice Proverbios 18:21 “La muerte y la vida están en poder de la lengua.”

    Si tuviéramos esta realidad en mente cada vez que abrimos la boca, tendríamos mucho más cuidado y pensaríamos más antes de hablar.

    La Palabra de Dios nos instruye sobre el contenido, la forma, y el propósito de nuestro discurso.

    Podemos hacer daño con lo que decimos. Esto es especialmente cierto cuando decimos cosas que no son verdad. Hay varios textos en Proverbios que advierten sobre la corta vida de una lengua mentirosa. Refranes populares hacen eco de esta realidad, y nos recuerdan que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, y que las mentiras tienen las patitas muy cortas.
    Pero peor aún es el hecho de que, como dice Proverbios 26:28 “La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,…” Cuando alguien miente para su propio beneficio, está haciendo mal a otro. Por no mencionar que uno de los diez mandamientos habla de no mentir.
    Hacemos bien en seguir la ley de Dios, porque como dice Proverbios 12:19, “El labio veraz permanecerá para siempre; Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.”

    Sin embargo, no es suficiente echar a un lado las mentiras y hablar solo la verdad, porque hay muchas veces que la verdad no es dicha como conviene. A Dios le interesa la forma de nuestro discurso.

    Proverbios 12:18 dice que “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.

    Hay formas de hablar que dañan tanto como una puñalada. Sin embargo, en contraste, el sabio puede curar heridas con sus palabras.

    Proverbios 15:4 nos recuerda que “La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.”

    Cuando hablamos apaciblemente, con tranquilidad, promovemos vida, y sin embargo, cómo cuesta controlar el tono cuando la situación nos afecta. Que Dios nos ayude a hablar de modo que no quebrantemos el espíritu de los que reciben nuestras palabras; que nuestras palabras no sean como golpes de espada, sino que sean como un árbol de vida en ellos, como medicina que sana.

    Dios no nos pide que no digamos nada negativo, o que no confrontemos a nadie. Nos dice Proverbios 28:23 que “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua.”

    Este versículo trata sobre la importancia de usar la lengua para amonestar cuando sea necesario. Una lengua lisonjera es aquella que halaga por halagar, cuando en realidad hay motivo de reprender. Nos recuerda que una reprensión hecha con la actitud adecuada es mucho más apreciada que los halagos inmerecidos. Debemos decir lo que conviene, pero también debemos decirlo como conviene, porque tan importante es el contenido como la forma de nuestro discurso.

    Colosenses 4:6 dice “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”

    Proverbios habla del contenido, de la forma de nuestro discurso, y también del fin o propósito de nuestras palabras.

    Proverbios 17:20 compara al que revuelve temas con su lengua al perverso de corazón. Y Efesios 4:29 exhorta: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”

    El propósito de nuestro discurso debería ser la edificación de otros, y nunca su destrucción. Esto es muy difícil de controlar, porque es posible que incluso cuando queramos edificar, digamos cosas de manera que hiramos, y es por esto que Proverbios 15:28 advierte que

    “El corazón del justo piensa para responder; Mas la boca de los impíos derrama malas cosas.”

    Cuando hablamos sin pensar, corremos el riesgo de derramar cosas malas que serán muy difíciles de recoger. Se cuenta la anécdota de uno que rompió una almohada de plumas y la lanzó por la ventana. Las plumas salieron por todas direcciones. Este se volvió al que tenía al lado y le retó a que bajara y recogiera todas las plumas que habían salido volando para volver a ponerlas en la almohada. Por supuesto, esto era una tarea imposible. Así ilustró que lo que echamos por la boca es imposible de recoger por lo que debemos abrir la boca con sabiduría.

    Los siguientes proverbios nos recuerdan de que el justo, sabio y prudente tiene una determinada forma de hablar.

    Proverbios 10:31-32 “La boca del justo producirá sabiduría; Mas la lengua perversa será cortada.
    Los labios del justo saben hablar lo que agrada; Mas la boca de los impíos habla perversidades.”

    Proverbios 17:27: “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido.”

    Proverbios 16:23-24
    “El corazón del sabio hace prudente su boca, Y añade gracia a sus labios. Panal de miel son los dichos suaves; Suavidad al alma y medicina para los huesos.”

    Que nuestro discurso sea como a Dios le agrada en contenido, forma y propósito. Que abramos nuestra boca con prudencia y sabiduría, que hablemos de forma agradable, y que edifiquemos a otros con nuestras palabras.

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  • Proverbios 5:22 “Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y retenido será con las cuerdas de su pecado.”

    Hay gente que piensa que si desobedecemos, Dios nos va a castigar. Sin duda, Dios castiga el pecado, y en el juicio final castigará justamente a los que insisten en rebelarse contra Él. Proverbios 3:34 nos dice que “Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, Y a los humildes dará gracia.”

    Pero ¿sabes? A menudo interpretamos mal las desdichas que sufrimos, pensando que Dios nos las ha enviado a modo de castigo.
    Tenemos la idea de que Dios castiga cuando alguien desobedece, y creemos que Dios está todo el tiempo vigilando a ver si alguien algo mal para castigarlos. Nos dice Proverbios 3:11-12 “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.” Dios castiga a los que somos sus hijos cuando es necesario, y podemos considerar su reprimenda como un regalo de su gracia, ya que nos trata como un padre que corrige a sus hijos.

    Sin embargo, cuando dejamos el consejo de Dios para hacer lo que a nosotros nos parece, lo peor que nos puede pasar no es que Dios nos castigue, sino que Dios no nos pare, y que nos deje ir por nuestro propio camino, y suele pasar que las desdichas que sufrimos son a menudo resultados directos de nuestras malas decisiones.

    Cuando leo sobre las bendiciones que proverbios presenta al que reconoce a Dios en su vida y sigue el camino de la sabiduría, y leo sobre las desdichas de aquel que va por otros caminos, veo en la Biblia una ley de siembra y cosecha que se cumple vez tras vez. Y eso es lo que enseña Gálatas 6:7-8. “Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” 

    La ley de la cosecha funciona así. Si plantas calabazas, recogerás calabazas; si plantas pimientos, recogerás pimientos. Simple.

    Así pues, si sembramos para la carne, haciendo las obras de la carne que son “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas (Gálatas 5:19-21), segaremos CORRUPCIÓN. 

    Por otro lado, dice la Palabra que si sembramos para el Espíritu, recogeremos el fruto del Espíritu, “ amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:22-23) y la VIDA ETERNA. 

    Es muy sencillo pensar que Dios premia a los que le obedecen y castiga a los que no le obedecen, pero Dios no necesita castigarnos para que experimentemos corrupción y miseria. Él ha establecido una ley de vida que es lógica, por la que si vivimos para nuestros deseos carnales, lo que resulta será miseria carnal. Sin embargo, aquél que anda por el Espíritu, vivirá por el Espíritu, y cosechará el fruto del Espíritu. (Romanos 8:13)

    Proverbios presenta un contraste entre aquellos que viven según los principios de sabiduría, juicio y equidad de Dios y aquellos que eligen la necedad, la inmoralidad y la injusticia. Y nos dice el versículo 22 en el capítulo 5 que el impío será retenido por las propias cuerdas de su pecado. Lo que uno siembra determina aquello que más tarde segará. Es un resultado natural que funciona como norma general.

    Esta ilustración puede que te ayude a entenderlo.

    Imagina que yo quiero cultivar tomates cherry. Son tomates pequeños que me puedo meter a la boca de un bocado y su sabor es intenso.
    Así que voy al vivero y pido que me den semillas para tomates cherry. El señor me pide que le acompañe hasta la parte de atrás, donde tiene las semillas para estos tomates.  De camino, pasamos una sección de ofertas, en la que veo que hay semillas de tomates a la mitad del precio de la de los tomates cherry, y encima sortean un viaje a la India para dos personas entre todas las personas que compren esas semillas. Eso llama mi atención, ya que me encantan las ofertas y siempre he querido viajar a la India. Así que le digo al del vivero que quiero estas semillas. 

    El señor dice: “De acuerdo, pero estas semillas no son de tomates cherry, sino de tomates de ensalada.”  “Eso no importa”, digo yo. “Yo los planto, y cuando empiecen a dar fruto, los cortaré justo cuando estén del tamaño de los tomates cherry; seguro que no importa”. El señor me mira con una cara de duda y me dice: “Señora, si se lleva estas semillas, jamás tendrá tomates cherry, aunque los corte pronto. Serán tomates de ensalada.”
     
    Así que si insisto en llevarme la semilla para tomates de ensalada y las planto, cuando den fruto, y salgan los tomates de ensalada, y no salgan los tomates cherry, ¿Qué me dirán) 

     “Dios te ha castigado por no comprar la semilla de tomates cherry; ahora te ha dado tomates de ensalada”  

    No tiene sentido, ¿verdad? Dios no me ha castigado. Yo tengo tomates de ensalada porque elegí la semilla de tomates de ensalada, la planté, la regué, y como resultado de mis decisiones y mis acciones he obtenido tomates de ensalada. 

    La próxima vez que decidas hacer caso omiso a los principios de sabiduría de Dios y vayas por el camino que te dicta “tu carne”, tus propios deseos, en contra de lo que Dios ha declarado en Su Palabra que quiere para tu vida, no atribuyas a Dios las consecuencias de tus propias decisiones. “El que siembra para la carne segará corrupción”. Es ley de vida. 

    Por el contrario, te animo a sembrar para el Espíritu, con lo cual hay garantía de segar el fruto del Espíritu y la vida eterna en Cristo. 

  • El libro de Proverbios contiene los proverbios del rey Salomón, hijo de David, rey de Israel. La mayoría de ellos aparecen como comparaciones, proverbios antitéticos y lecciones morales, y tratan temas variados, sobre familia, vecinos, trabajo, relaciones personales, matrimonio, sexo, dinero, vicios. Habla de la ira, el perdón, la generosidad, todo basado en los valores presentados en los primeros nueve capítulos del libro.Este libro escrito por el sabio Salomón e incluido en las Sagradas Escrituras por la inspiración de Dios mismo nos presenta a la sabiduría personificada y nos invita a perseguirla y abrazarla en nuestras vidas. La sabiduría se puede definir como el conocimiento en acción, las habilidades prácticas que uno necesita para vivir la vida bien. El libro de proverbios es una excelente guía de vida para todo aquel que quiera vivir bien en el mundo que Dios nos ha dado. Los primeros capítulos nos presentan el propósito del libro y unas charlas de un padre a su hijo. Comienzan con las palabras de exhortación: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre;” ¡Qué importante es que los padres y madres estemos directamente involucrados en enseñar a nuestros hijos a vivir sabiamente.Este padre habla de la importancia de la sabiduría y el temor del Señor, y como estos le llevarán a desarrollar virtudes que le traerán éxito y paz; y en contraste, le advierte sobre la insensatez y la maldad, que exaltan el egoismo y orgullo y llevan a la ruina y la vergüenza. Los proverbios son parte de la literatura de sabiduría; no son exactamente como otros tipos de literatura en la Biblia. No son ley, como los mandamientos que Dios dio a su pueblo, ni profecía que garantiza hechos y resultados. Más bien, los proverbios son principios sabios del pueblo judío acompañados de los posibles resultados de diferentes acciones y actitudes. Han sido dados por Dios, y son una invitación a vivir bajo los principios morales de justicia, integridad y generosidad para los que Dios creó el mundo. Tratan la realidad de la causa y el efecto, por lo que también encontramos expresiones condicionales e imperativos para aquellos que buscan la bendición de Dios en sus vidas. Los últimos dos capítulos del libro son las palabras de Agur en el capítulo 30 y de Lemuel en el capítulo 31. Lemuel está compartiendo la sabiduría que su madre le había dado, y narra el poema acróstico sobre la mujer virtuosa, una mujer que muestra el carácter que resulta de aplicar la sabiduría que el libro presenta.Los primeros versículos del libro presentan el propósito de los proverbios:“Para entender sabiduría y doctrina,Para conocer razones prudentes,Para recibir el consejo de prudencia,Justicia, juicio y equidad;Para dar sagacidad a los simples,Y a los jóvenes inteligencia y cordura.Oirá el sabio, y aumentará el saber,Y el entendido adquirirá consejo,Para entender proverbio y declaración,Palabras de sabios, y sus dichos profundos.El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.Proverbios 1:2-6A través del libro encontramos que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Proverbios 1:7Esta afirmación se encuentra también en Job 28.28; Sal. 111.10; Pr. 9.10Como antítesis, nos dice que “Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” Este temor de Dios es realmente un reconocimiento de la persona de Dios que resulta en admiración y reverencia.Cuando reconocemos a Dios como Él es, podemos ponernos bajo su liderazgo y disfrutar de las bendiciones que trae vivir la vida como Él ha diseñado. Entonces podremos entender sabiduría y doctrina, podremos recibir los consejos prudentes y justos con aprecio, recibiremos sagacidad para tomar decisiones sabias, y aumentaremos el saber. Te invito a leer este libro y meditar sobre las enseñanzas que transmite. Algunos recomiendan leer un capítulo al día durante los 31 días de un mes. Los temas de los proverbios están intercalados, así que una buena actividad sería anotar versículos de diferentes temas, clasificándolos para poder encontrarlos cuando los necesites. Comparto también una clasificación publicada en la página la biblia. com http://www.labiblia.com/estudios/temasvarios/estudios03proverbiosportema.pdfQue disfrutes conmigo las enseñanzas de los Proverbios en pleno respeto a aquel que nos invita a vivir sabiamente. Proverbios 3:21-22 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo, Y serán vida a tu alma, Y gracia a tu cuello.

  • “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” Salmos 127:1-2

    Este salmo escrito por el sabio Salomón expresa el hecho de que si Dios no es parte de un proyecto, todo esfuerzo humano es en realidad en vano.

    Esto es difícil de aceptar, ya que como humanos entendemos que el esfuerzo personal debe traer resultados. Aquellos que se levantan temprano y van a trabajar deberían recibir mayor remuneración que los que se quedan en la cama. Aquellos que establecen un sistema de vigilancia deberían estar más seguros; mas no siempre es así.

    Lo cierto es que vivimos en un mundo en que la injusticia reina, y no siempre parece que al que madrugue Dios le ayude. Debemos recordar que tras la caída por el pecado en los primeros capítulos de nuestra historia, vivimos en un mundo caído, donde el mal tiene mucha libertad de movimiento. Cuando la gente ve un suceso injusto, incluso si no piensan en Dios para nada, intentan echar la culpa al Dios en quien no creen. No olvidemos que este mundo ha elegido vivir sin Dios y llevar este mundo a su manera.

    Mas el Salmo 127 nos recuerda que Dios quiere ser parte de nuestra vida para que nuestro esfuerzo pueda valer la pena. En este salmo de sabiduría vemos que todo el esfuerzo posible no garantiza el éxito, y todo el cuidado con el que uno pueda planear no garantiza la seguridad y la paz. Si Dios no edifica y si Dios no guarda, todo esfuerzo humano es vano.

    Dice el texto “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” Está de más perder sueño preocupándose por cosas; es vano el que uno deje de comer por ocuparse en situaciones que uno mismo no puede controlar. Dios es el que nos ayuda a conciliar el sueño aún en momentos de estrés y ansiedad. Dios es el que nos da el descanso en momentos buenos y en momentos no tan buenos.

    Por eso vemos vez tras vez a los salmistas pidiendo a Dios protección (142), y prosperidad (144). Salmo 144:2 “Misericordia mía y mi castillo, Fortaleza mía y mi libertador, Escudo mío, en quien he confiado; El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.”

    Asegura el salmista que Dios es el que da la paz; es el que nos protege, nos da la victoria, y cuida a los nuestros. Y el salmo 127 continúa recordándonos que es Dios el que nos regala a nuestros hijos (“herencia de Jehová son los hijos” (3) , y el que los cuidará, para que sean de bendición para nuestras vidas, y no seamos avergonzados (4-5). Esto es lo que Dios hace a sus amados.


    Dice el mismo salmista Salomón, en Eclesiastés 3:13 “”es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.”
    El salmo 128 dice: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien.”


    Llevemos a Dios nuestros asuntos al mismo tiempo que nos ocupamos de ellos. Debemos llevar a cabo nuestra labor, pero con la certeza de que Dios es el que nos da la habilidad de disfrutar nuestro trabajo y el fruto de nuestro esfuerzo; veremos esto más adelante, en el libro de Eclesiastés.

    Edifiquemos, pero con la certeza de que nuestro esfuerzo no es suficiente para el éxito; con el entendimiento de que necesitamos a Dios en nuestras vidas para que nos de la capacidad de disfrutarlo. Vigilemos y cuidemos a nuestra familia, pero con la tranquilidad de saber que nosotros solos no podríamos proteger a nuestros seres queridos en todo momento y en todo tiempo, pero Dios sí puede, y por lo tanto podemos descansar en Él. Y con esta confianza, podemos dormir, comer y descansar con gozo, porque sabemos que el que nos cuida es Omnipotente, Omnisciente, y quiere tener una relación personal con nosotros.

  • Salmo 95:6 “Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.”

    Vivimos en un mundo que piensa que el pensamiento científico no se puede compaginar con la fe en Dios. Sin embargo, siempre ha habido científicos que reconocen la teoría de que un ser superior ha diseñado el universo donde habitamos y ha creado los habitantes de este con propósito. Científicos famosos como Galilei, Newton, Kepler, Faraday, Pasteur, o Mendel son algunos ejemplos de científicos que han definido la ciencia actual y que creían en un Dios Creador. También hay hoy en día científicos de renombre que tienen su fe en Dios, como Francis Collins, director durante nueve años del proyecto del genoma humano, el ingeniero espacial Wernher Von Braun, Henry Schaefer, químico cuántico cinco veces nominado al premio Nobel, o profesionales de la medicina como el renombrado cirujano Ben Carson. Y es que la fe en Dios y el conocimiento científico no tienen por qué estar reñidos; al contrario, se pueden complementar en una bella armonía.

    La Palabra de Dios nos muestra que Dios es el Creador de la vida y que todo lo ha creado con orden y equilibrio.

    Salmo 74:16-17: “Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra; El verano y el invierno tú los formaste.”

    Génesis nos da el relato de la creación. El hombre puede creerlo o rechazarlo, pero eso no cambia la realidad. No hay teoría alternativa para explicar la complejidad y maravilla de la creación del universo y del detalle que encontramos en nuestro planeta. Curiosamente, los científicos que estudian más a fondo llegan a reconocer que este mundo demanda un diseño inteligente, pero para poder seguir rechazando a Dios, son capaces de sugerir incluso que haya sido un ser extraterrestre, aunque eso no resuelve el enigma. Si fuera así, ¿de dónde habría venido este ser extraterrestre? ¿De dónde habría surgido la primera vida? ¿De una explosión? Tenemos pruebas de muchas explosiones que han destruido vida, pero ¿puedes nombrar alguna explosión real que haya causado vida donde no la había?

    Requiere un salto de fe aceptar cualquiera de las teorías del origen de la vida en la tierra, ya que ningún ojo humano estuvo ahí para documentarlo. Pero conociendo al Dios eterno que nunca fue creado, yo elijo creer que Él, el creador y testigo de Su obra creadora me ha dado la versión real de los hechos.

    Colosenses 1:16-17, hablando de Cristo nos dice: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;”

    El que fue antes de todas las cosas, el único ser realmente independiente y autosuficiente, nos ha dado este universo y nos ha dado vida.

    El salmo 19 nos dice que la propia creación revela la gloria de Dios: El versículo 1 comienza: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

    El salmo 97 expresa como esta revelación no puede pasar desapercibida: “Los cielos anunciaron su justicia, Y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, Los que se glorían en los ídolos.” Al ver al Dios revelado en la creación, ¿qué otra cosa merecería nuestra adoración? Ninguna.

    Salmo 90:2 “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”

    La teoría de un diseño inteligente se ve corroborada al descubrir el funcionamiento detallado de nuestro cuerpo. Órganos como los de la vista, el oído, o cualquier sistema de nuestro cuerpo, por muy pequeño que sea, necesita un sinnúmero de acciones consecutivas, por lo que un simple error puede colapsar todo el funcionamiento. ¿Te has parado a pensar en la complejidad de una minúscula célula? Te animo a echar aun vistazo que te hará maravillarte por lo complejos que somos.

    Salmo 139:13,15, 16 “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
    “No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
    Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.”

    A toda la complejidad física debemos añadir la complejidad mental y emocional, con todos los detalles que nuestro pensamiento conlleva, y la variedad que podemos encontrar dentro de una normalidad que la mayoría de personas compartimos.

    Sin duda vemos un diseño cuidadoso y una obra maestra que solo se puede rechazar con una voluntad firme de ignorar una realidad obvia. De esta voluntad incluso habla el Creador. No hemos sido creados como robots que no pueden decidir por sí mismos, sino que tenemos una voluntad personal con la cual cada uno de nosotros tenemos la última palabra en nuestras decisiones y a la vez total responsabilidad por estas.

    Y para añadir a la maravillosa obra de Dios, nos dice Su Palabra que Dios no solamente creó la Tierra y todo lo que en ella hay para luego dejarla abandonada. Nos dice que su creación subsiste, y que por su ordenación subsisten las cosas hasta hoy. Dios ha creado un sistema que se repara solo, que se renueva. A pesar de todo el mal que nosotros los humanos hemos ocasionado a través de los siglos, nuestros cuerpos, nuestro entorno y el planeta donde habitamos subsiste, y dice la Palabra que le sirve a Dios. Aún sin querer; a pesar del rechazo a Dios en el que el ser humano insiste, la creación, toda la creación, está diseñada para traer gloria al Dios Creador.

    Esto es un pensamiento increíblemente grande en el cual debemos parar a meditar.

    Salmo 119:90-91 De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, Pues todas ellas te sirven.

    Vuelvo a recitar el texto de la carta a los Colosenses: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;”

    Estas verdades que muchas veces son rechazadas, pero que cada uno de nosotros tenemos la libertad de aceptar, nos pueden dar la seguridad que necesitamos para afrontar nuestra vida con confianza y serenidad. El salmista, en tiempos de aflicción proclama:

    Salmo 121:1-2: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” (ver también 124:8) ¡A Él sea la gloria!

  • Vimos como el salmista en el salmo 119 describía la Palabra de Dios como maravillosa, justa, pura, verdad, eterna, fiel, dulce, una delicia que trae gozo y alumbra el camino. Vimos lo que esta Palabra significaba para su vida y lo que él había hecho, hacía y pensaba hacer con ella.

    Hacia el principio del salmo 119 se nos presenta una pregunta: ¿Con qué limpiará el joven su camino?

    Y es que todos tenemos un deseo de vivir una vida limpia. Nos gusta un entorno limpio y ordenado, nos gusta sentirnos limpios y bien arreglados, y es normal que deseemos llevar una vida limpia y sin enredos incómodos. Sí, es cierto que hay mucha gente que tiende a meterse en jaleos, y es cierto también que es difícil mantener una casa limpia y una vida pulcra. Pero eso no significa que aquellos que viven vidas desordenadas no deseen el orden en sus vidas. Si les preguntáramos, seguramente nos dirían que les gustaría ser capaces de mantener una vida ordenada.

    Así que la pregunta del salmista es una cuestión de interés universal. ¿Cómo puede uno desde su juventud vivir una vida limpia?
    La respuesta llega de inmediato, en el mismo versículo: “Con guardar tu Palabra.”
    Recordemos que esto es una oración del salmista. Está hablando con Dios, y su respuesta va dirigida a Dios. Dice que guardando la Palabra de Dios podemos limpiar nuestras caminar diario.

    Como vimos, la Santa Palabra de Dios da vida, sustenta, da sabiduría, protege del pecado, ordena nuestros pasos, consuela, y da libertad.

    Pero la Palabra de Dios solo es eficaz si la guardamos. No en el armario; ni siquiera en nuestra mente. Más bien, este “guardar” nos indica que ponemos en práctica aquello que nos dice. Si leemos la Palabra y guardamos sus mandamientos, se notará en nuestras vidas. Si la leemos para luego ignorar lo que nos dice, no habrá limpieza; será solamente un engaño a nuestra propia conciencia. Esto nos dice la carta de Santiago en el capítulo 1:22-25:

    “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.
    Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”


    Cuando te miras en un espejo y ves algunas cosas que necesitan cambio, tienes dos opciones: puedes ignorar lo que te ha mostrado e irte como llegaste, o puedes trabajar para arreglar aquello que has descubierto gracias a lo que te ha mostrado el espejo.
    Del mismo modo, vayamos a la Palabra de Dios con el deseo de mirar atentamente y hacer aquello que Dios nos ha pautado.

    El salmista rogaba a Dios que hiciera en él una obra a través de su palabra:


    En el versículo 10 pide: “No me dejes desviarme de tus mandamientos.” y en el 43 “No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad.”

    Pide en el 18: “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley”
    No que no pudiera verlas físicamente, sino que necesitaba que los ojos de su entendimiento fueran abiertos para poder percibir aquello que Dios había revelado en Su Palabra.

    En múltiples ocasiones el salmista ruega a Dios que le enseñe sus estatutos, y que le haga entender sus mandamientos.

    (12 Enséñame tus estatutos.
    33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos
    64 Enséñame tus estatutos.
    66 Enséñame buen sentido y sabiduría,
    68 enséñame tus estatutos
    108 Y (que) me enseñes tus juicios.
    124 enséñame tus estatutos
    135 “Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, Y enséñame tus estatutos.”)


    Le pide a Dios que le de el deseo de estudiar Su Palabra:
    36 “Inclina mi corazón a tus testimonios” y
    38 “Confirma tu palabra a tu siervo”

    Y luego le pide que le de el entendimiento para conocer sus testimonios:

    27 Hazme entender el camino de tus mandamientos,
    34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley
    144 Dame entendimiento, y viviré.
    125 dame entendimiento Para conocer tus testimonios.
    169 Dame entendimiento conforme a tu palabra.

    Cinco veces en el salmo le ruega a Dios:

    (25 Vivifícame según tu palabra.
    107 Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.
    149 vivifícame conforme a tu juicio
    154 Vivifícame con tu palabra.
    156 Vivifícame conforme a tus juicios.)

    Y le pide a Dios:
    8 Susténtame según tu palabra
    116 Susténtame conforme a tu palabra, y viviré;
    29 Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley.

    ¿Con qué guardaría su camino el salmista? Con ver a Dios a través de Su Palabra, con el entendimiento que Dios le daría para ver aquello que Él le había revelado. El salmista sabía que la Palabra de Dios le daría la vida y la fortaleza, que lo apartaría del mal y lo llevaría por la senda recta, por lo que pide en el 133: “Ordena mis pasos con tu palabra,” y en el 35 “Guíame por la senda de tus mandamientos.”

    Acepta el reto de los versículos 9-16. Pídele a Dios que abra tus ojos y exponte diariamente a la Palabra. Guarda sus dichos, medita en sus mandamientos, considera sus caminos, y no olvides sus palabras. Y te regocijarás por las maravillas que Dios obrará en tu vida.

  • Buenos días. Quisiera dar un anuncio a aquellas que recibís las reflexiones y las escucháis regularmente. Para los siguientes meses de julio y agosto, voy a publicar solo dos reflexiones por semana, una a principio de la semana y una para el fin de semana. Esto te permitirá tomar tiempo para repasar algunas que no hayas podido escuchar, estudiar directamente los textos de la Biblia e indagar tú misma sobre ciertos temas. Espero que continúes estudiando y deleitándote en sus testimonios cada día, porque como hemos visto, lo que Dios ha compartido con nosotras por escrito es un privilegio que debemos aprovechar.

  • El salmo 119 es un poema que habla de la Palabra de Dios. Fue escrito refiriéndose específicamente a la Torá, los cinco primeros libros del antiguo testamento, la ley de los judíos. Sin embargo, las verdades del salmo son aplicables a toda la Palabra de Dios, de principio a fin.

    Este salmo es un poema acróstico. Cada estrofa corresponde a una de las letras del alfabeto hebreo. Comenzando por la primera estrofa, los ocho versos comienzan con la primera letra del alfabeto, y así, cada una de las 22 secciones, por las 22 letras del alfabeto hebreo. Esto les permitía aprenderlo de memoria.

    El salmo 119 exalta a Dios y a Su Palabra. Utiliza diferentes palabras para referirse a la enseñanza de Dios a su pueblo: se refiere a esta como ley, testimonios, camino, palabra, juicios, mandamientos, estatutos y preceptos. Cuando vayas leyendo verás alguna de estas palabras 184 veces. Con cada una, el salmista se está refiriendo a la enseñanza escrita que Dios ha dejado para que lo conozcamos a Él y su voluntad. ¿Qué nos dice el salmo sobre la Palabra?

    En primer lugar, podemos notar los adjetivos que describen la Palabra de Dios.

    Para no causar confusión, voy a evitar dar largas listas de referencias de versículos, pero si te interesa buscarlos para leerlos tú misma, puedes encontrarlos en el texto descriptivo que acompaña a la grabación.

    La Palabra de Dios se describe en este salmo como justa; sus juicios son justos y sus mandamientos son justicia (7, 62, 75, 164, 172). Sus testimonios son maravillosos (18, 129), sus juicios son buenos (39), y son verdad (42, 86, 142, 151 y 160); Su palabra es eterna, que permanece para siempre, y eternos son sus juicios (89, 96, 142, 144, 152, 160). Su Palabra es más dulce que la miel (103), sus juicios son rectos (128, 137) y muy fieles (138), y sumamente pura es Su palabra (140). Sus testimonios son una delicia (24, 92, 143, 174); son consejeros (24), sus estatutos son cánticos (54), sus testimonios son gozo al corazón (111). Lámpara es su palabra y lumbrera para el camino (105).


    El salmo también enumera lo que la Palabra de Dios hace en nuestras vidas. Dice que los testimonios de Dios vivifican (25, 40, 50, 93, 107, 149, 154, 156), que su Palabra nos sustenta (28), nos aviva (37), nos da libertad (45) nos consuela en la aflicción (50, 52); La Palabra de Dios limpia el camino del joven (9), protege del pecado (11), produce gozo (16, 47, 162, 172) trae bendición (56), da sabiduría (98-100, 104, 169), y ordena nuestros pasos (133).


    Y el salmista, a la vez que describe lo que la Palabra de Dios es para él nos declara su respuesta a esta maravillosa palabra que Dios nos ha regalado.

    Veamos primero lo que no hizo con los estatutos de Dios:

    no me he apartado de tu ley (51)
    no me he olvidado de tu ley (61)
    no he olvidado tus estatutos (83)
    no he dejado tus mandamientos (87)
    no me he olvidado de tu ley (109)
    no me desvié de tus mandamientos (110) , y en varias ocasiones declara:
    no me he olvidado de tus mandamientos (141)
    de tu ley no me he olvidado(153)
    de tus testimonios no me he apartado (157)
    no me he olvidado de tus mandamientos (176)

    También nos dice lo que no piensa hacer con la palabra de Dios. Dice:

    no me olvidaré de tus palabras (16) y
    no me avergonzaré (46)

    ¿Por qué? El salmista comparte en el tiempo presente su respuesta a la palabra de Dios:

    en ella tengo mi voluntad (35)
    en tus juicios espero (43)
    Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos. (63)
    ahora guardo tu palabra (67)
    espero en tu palabra (81)
    tus testimonios son mi meditación (99)
    amo tu ley (113)
    de tus juicios tengo miedo (120) mas
    Tu ley amo (120)

    En su oración a Dios, el salmista comparte lo que ha hecho con la palabra de Dios que tanto aprecia.

    En el versículo 11 dice: he guardado tus dichos
    En el 13: he contado todos los juicios de tu boca, y continúa en tantos otros. . .
    14 me he gozado en el camino de tus testimonios
    22 tus testimonios he guardado
    23 tu siervo meditaba en tus estatutos
    30 he puesto tus juicios delante de mí
    31 me he apegado a tus testimonios
    40 he anhelado tus mandamientos
    42 en tu palabra he confiado
    45 busqué tus mandamientos
    56 guardé tus mandamientos
    59 volví mis pies a tus testimonios
    60 me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos
    66 tus mandamientos he creído
    70 en tu ley me he regocijado
    82 desfallecieron mis ojos por tu palabra
    94 he buscado tus mandamientos
    100 he guardado tus mandamientos
    101 De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra
    104 De tus mandamientos he adquirido inteligencia
    106 Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios
    111 Por heredad he tomado tus testimonios para siempre
    112 Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos, de continuo, hasta el fin.
    114 En tu palabra he esperado.
    119 yo he amado tus testimonios
    128 estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira.
    131 deseaba tus mandamientos
    147 Esperé en tu palabra.
    148 Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, Para meditar en tus mandatos.
    166 tus mandamientos he puesto por obra
    167 Mi alma ha guardado tus testimonios, Y los he amado en gran manera.
    168 He guardado tus mandamientos y tus testimonios, Porque todos mis caminos están delante de ti.
    173 tus mandamientos he escogido.


    Y no solo comparte en el pasado, sino que también declara lo que hará con la delicia que Dios le ha dejado.


    tus estatutos guardaré (7)
    en tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos (15)
    me regocijaré en tus estatutos (16)
    guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón (34)
    guardaré tu ley siempre (44)
    Hablaré de tus testimonios delante de los reyes (46)
    me regocijaré en tus mandamientos (47)
    meditaré en tus estatutos (48)
    guardaré tus palabras (57)
    yo guardaré de todo corazón tus mandamientos (69)
    guardaré los testimonios de tu boca (88)
    yo consideraré tus testimonios (95)
    yo guardaré los mandamientos de mi Dios (115)
    me regocijaré siempre en tus estatutos (117)
    guardaré tus mandamientos (134)
    Y guardaré tus testimonios (146)
    Hablará mi lengua tus dichos, Porque todos tus mandamientos son justicia. (172)


    ¿Qué has hecho tú con la Palabra de Dios que tienes tan a mano? ¿Qué estás haciendo con este regalo precioso de Dios? ¿Qué harás con la revelación que Dios ha dejado a nuestro alcance? Te animo a tomarla diariamente y adentrarte en ella, para descubrir estas verdades compartidas en este salmo.

  • Orar es hablar con Dios. Cuando oramos, nos dirigimos a Dios para alabarlo, para declararle nuestra confianza o para comunicarle a Dios nuestros problemas y nuestras luchas. Pero nos dice Romanos 8:26 que durante nuestra oración, el Espíritu Santo intercede por nosotros, de modo que cuando no sabemos cómo pedir, el mismo Espíritu de Dios nos ayuda a orar. Y vemos que a través de la oración, nuestras emociones son transformadas, nuestros pensamientos son moldeados y nuestra manera de ver la vida cambia. Esta es la obra de Dios en nuestro ser. Los salmos de sabiduría incluyen verdades de la Palabra de Dios. Y es que la Palabra de Dios transforma nuestra manera de ver las cosas y afirma la voluntad de Dios en nuestras vidas. Hay varias oraciones en las que el salmista, tras compartir su situación con Dios y repasar las verdades de la Palabra de Dios, habla, no a Dios, sino a su propio ser. No llamaríamos a esto orar, pero sí que es el resultado de haber pasado tiempo en oración con Dios.


    En el Salmo 42:5, 11 y 44:5; el salmista repite la misma pregunta a su alma:

    ¿Por qué te abates, oh alma mía,
    Y te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
    Salvación mía y Dios mío.

    ¿Por qué te abates, oh alma mía,
    Y te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
    Salvación mía y Dios mío.

    ¿Por qué te abates, oh alma mía,
    Y te turbas dentro de mí?
    Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
    Salvación mía y Dios mío.

    ¿Paras tú a hablar con tu alma cuando no te sientes bien? Cuando estás turbada, ¿vas a Su presencia y hablas las verdades de la Palabra de Dios a tu propia alma? ¿’Dejas que la verdad de la Palabra llegue a los más profundo de tu ser?

    David en el Salmo 103 habla a su alma:


    “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
    Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.
    El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;
    El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias;
    El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.
    Jehová es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia.
    Sus caminos notificó a Moisés, Y a los hijos de Israel sus obras.
    Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia.”
    (Salmo 103:1-8)


    Y tras repasar estas verdades sobre Dios, David anima a su alma a bendecir al Señor. Lo encontramos también en el Salmo 104 y más tarde en el 146.

    Bendice, alma mía a aquel que tanto me ama, a aquel que me ha hecho y me guía.

    ¿Has hablado tú a tu propio ser de este modo en algún momento? Cuando nuestros pensamientos nos afanan o nos deprimen, vayamos a la presencia de Dios como hemos visto en los Salmos. Y una vez hayamos repasado las verdades que nos pueden liberar de las garras de nuestras dudas y temores, podremos hablarnos a nosotras mismas.
    Para hoy para hablar con el Señor, y para hablar las verdades de Su Palabra a tu propio ser. Bendiga tu alma al Dios de los cielos.

  • Hay algunos salmos curiosos en que el salmista se justifica delante de Dios. Me recuerda a la oración de Job cuando sufría y no entendía por qué le había venido el mal cuando él con todo su corazón procuraba agradar a Dios. Estos salmos pueden llegar a incomodarnos, ya que entendemos que no hay nadie que pueda, por su justicia, merecer ningún favor de Dios. Entendemos que los favores de Dios son siempre inmerecidos. Entendemos por la enseñanza de la Palabra que el ser humano es incapaz de impresionar a Dios por sus acciones. Hay de todos modos personas que se sacrifican de un modo o de otro para alcanzar el favor de Dios. Esto puede resultar en una actitud de orgullo o en una frustración constante. Pero nunca sirve para merecer los dones de Dios.

    En otros salmos, como en el 51, vemos al salmista rogando a Dios que tenga de él misericordia, reconociendo su maldad y su incapacidad de agradar a un ser sumamente santo. En estos, el salmista ruega a Dios que mire su condición, que reconozca su arrepentimiento y deseo de rectificación, y que supla sus necesidades.

    El salmo 41 también es una oración pidiendo misericordia; suena como una de las oraciones de lamento de Job:

    “Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí;
Sana mi alma, porque contra ti he pecado.
    Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando:
¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?
    Y si vienen a verme, hablan mentira;
Su corazón recoge para sí iniquidad,
Y al salir fuera la divulgan.
    Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen;
Contra mí piensan mal, diciendo de mí:
    Cosa pestilencial se ha apoderado de él;
Y el que cayó en cama no volverá a levantarse.
    Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía,
    Alzó contra mí el calcañar.”

    ¿Verdad que es similar a la situación de Job cuando en su enfermedad fue acusado por sus propios amigos?

    En este salmo, David pide misericordia; en el versículo 10: “Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar” David le dice a Dios que pueda mejorar para que los que le atormentan no se alegren en su padecimiento. Vemos esta petición de misericordia en muchos otros salmos, basada en la relación personal del salmista con Dios.

    Salmo 85:10“Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu salvación.” o
    Salmo 86:3 Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día.


    Sin embargo hay muchas ocasiones en las que el salmista, en lugar de misericordia, pide justicia. Muchas veces, la petición de misericordia va acompañada de la petición de justicia: misericordia para aquel que está siendo afligido, y justicia para el que está afligiendo a otro. En el salmo 41, el cual acabamos de leer, hay un lamento y un deseo de que los que hacen mal sean refrenados, reprendidos y castigados. Esto lo podemos ver en otros salmos también:

    Salmo 31: 16-18 “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo;
Sálvame por tu misericordia.
    No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado;”

    Mas para el malo en el 17-18 pide:
“Sean avergonzados los impíos, estén mudos en el Seol. Enmudezcan los labios mentirosos,
Que hablan contra el justo cosas duras Con soberbia y menosprecio.”


    En el salmo 79, Asaf pide misericordia para el pueblo de Israel en el versículo 9:

    “Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre;
    Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. “(9)

    Y al mismo tiempo pide juicio sobre los que no reconocen a Dios en el versículo 6: “Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre.” (6)

    David en el salmo 59 pide rotundamente en el 5:

    “No tengas misericordia de todos los que se rebelan con iniquidad. (5) y en el 11: “Dispérsalos con tu poder, y abátelos”

    Mas cuenta con la misericordia de Dios en el versículo 10: “El Dios de mi misericordia irá delante de mí; Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo.”

    Y es que es normal pedir misericordia para nosotros mismos y pedir justicia para el enemigo. Mas vemos en Jesucristo, en el nuevo testamento, un cambio de dinámica. Jesús nos pide que oremos por los que nos afligen. Pero no como David y los otros salmistas oraban, pidiendo juicio y castigo sobre estos. Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos.

    Mateo 5:43-48
    “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

    Esta perfección no implica falta de error, pero implica un deseo de ser justos y misericordiosos como Dios es con nosotros. Y creo que la clave se encuentra en el equilibrio que Dios presenta en el Salmo 85:10

    “La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron.”

    Dios es verdad y conoce toda la verdad, y sin embargo, puede mostrar misericordia hacia el pecador, no ignorando los hechos, sino dando oportunidad para el perdón y la rectificación.

    Del mismo modo, Dios es justo y santo, no pudiendo soportar la injusticia y la impiedad; mas Dios no imparte justicia de forma vengativa, sino que busca la paz con el pecador. Una vez más, sin sacrificar su santidad. Mas Él da la salida para que el pecador se arrepienta y pueda hacer las paces con Dios.

    Salmo 89:14
    “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; Misericordia y verdad van delante de tu rostro.”

    Ese en mi Dios, Dios justo y Dios de paz; Dios de verdad y de infinita misericordia. Como el profeta Jeremías declara en Lamentaciones 3:22-23 “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”

    Que Dios nos dé el amor que necesitamos para orar por los que nos afligen con la misericordia que Dios ha demostrado hacia nosotros, y ser justos con la paz con la que Dios nos ha alcanzado.

  • En el libro de los salmos vemos reflejada la naturaleza humana. Dios incluye estos cánticos y oraciones en Su Palabra porque sabe que somos débiles y propensos a desanimarnos en los momentos de dificultad. Nos podemos sentir culpables de pensamientos negativos y de desánimo, y es muy probable que las palabras de algunos de estos salmos hayan formado parte de nuestros pensamientos en privado, si no de comentarios espontáneos.

    En el salmo 77, Asaf el cantor levita comparte los pensamientos y dudas que experimentó en tiempos de angustia:

    “Al Señor busqué en el día de mi angustia;
Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso;
Mi alma rehusaba consuelo.
    Me acordaba de Dios, y me conmovía;
Me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah
    No me dejabas pegar los ojos;
Estaba yo quebrantado, y no hablaba.
    Consideraba los días desde el principio,
Los años de los siglos.
    Me acordaba de mis cánticos de noche;
Meditaba en mi corazón,
Y mi espíritu inquiría:
    ¿Desechará el Señor para siempre,
Y no volverá más a sernos propicio?
    ¿Ha cesado para siempre su misericordia?
¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?
    ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?
¿Ha encerrado con ira sus piedades?” Selah
    (Salmo 77: 2-15)


    Los pensamientos y las luchas de Asaf, una vez más, se ven reflejadas en este salmo. Y es que Asaf, como cualquiera de nosotros, tenía tendencia a olvidar todo lo que Dios había hecho en el pasado. Como ocurrió con el pueblo de Israel , como lo vimos en la vida de Job, como el rey David clamó en el salmo 10: “¿Por qué estás lejos, oh Jehová en el tiempo de la tribulación?” o en el 13: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?”

    Asaf para en medio de su reflexión, así como lo hizo en el salmo 73; para y recapacita. Es su momento de ir a la presencia del Altísimo, y ahí se percata de la realidad y confiesa su error:

    “Dije: Enfermedad mía es esta; 
Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.
    Me acordaré de las obras de JAH;
Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.
    Meditaré en todas tus obras,
Y hablaré de tus hechos.
    Oh Dios, santo es tu camino;
¿Qué dios es grande como nuestro Dios?
    Tú eres el Dios que hace maravillas;
Hiciste notorio en los pueblos tu poder.
    Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
A los hijos de Jacob y de José.”  Selah


    Como ocurrió en el salmo 73, el estado de ánimo de Asaf cambió cuando entró a la presencia del Señor.

    El salmo siguiente, el 78, es una recapitulación de la fidelidad de Dios al pueblo de Israel. Aún cuando el pueblo había sido infiel, Dios había permanecido fiel. El último versículo lee: “Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos.” (78:72)

    Dios ha permitido que tengamos a nuestro alcance los pensamientos de hombres fieles que pasaron por momentos de desesperación. Pero fijémonos de nuevo en el hecho de que cuando pasaron tiempo con el Señor, sus pensamientos fueron aclarados. El pueblo de Israel, a pesar de sus muchas caídas, tuvo que reconocer que Dios había sido siempre fiel. Dios nunca fue el que los había olvidado o los había abandonado. Muy al contrario, habían sido ellos los que vez tras vez habían dado la espalda a Dios. El libro de Job, en las conversaciones y oraciones de un hombre que amaba a Dios, nos muestra la transformación del modo de ver la vida de Job al ver a Dios como realmente es, y vemos que Job declara la soberanía y la bondad de Dios. David, en el salmo 13, recapacita y declara: “Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová. Porque me ha hecho bien.”

    Asaf, del mismo modo, llegó a la conclusión de que esos pensamientos y sentimientos de decepción no tenían una base real, ya que como David expresó en el salmo 23, si Dios es el que nos cuida, no tenemos de qué preocuparnos.

    Cuando sientas dudas o experimentes decepción, ve al Señor en oración, y comparte con Él tus emociones. Dios no te lo va a echar en cara. Si vienes dispuesta a ser transformada por Él, experimentarás el cambio de actitud que experimentaron los salmistas. Cuando veas lo que Dios ha hecho por ti y lo que todavía quiere hacer, te sentirás apacentada por el que es el buen Pastor, y tu corazón se alegrará en Dios, porque Él te ha hecho bien.

  • Hay varios salmos de lamento en los que el salmista reconoce que ha pecado contra Dios y confiesa su pecado.

    El salmo de arrepentimiento más conocido es el 51. En el salmo 51, David pide la misericordia de Dios, reconociendo su propio pecado.

    “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
    Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
    Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
    Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;”
    (1-4)

    Habiendo reconocido que él mismo es el que había traído la situación a su propia vida al pecar con Betsabé y tratar de cubrirlo con el asesinato del marido de esta, David rogaba a Dios que tuviera misericordia de él. No estaba pidiendo que las consecuencias desaparecieran, pero le pedía a Dios que produjera un cambio en su vida:

    “Purifícame con hisopo, y seré limpio;
    Lávame, y seré más blanco que la nieve. Y
    Borra todas mis maldades.” (7, 9)

    En estos primeros versículos, David pide ser limpio de su maldad. Ruega que Dios lo purifique y borre su iniquidad. Continúa pidiendo que Dios le dé el corazón limpio que él quiere tener, reconociendo que sin la ayuda de Dios no podría ser justo. Le pide a Dios:

    “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.” (10)

    Y habiendo confesado su mal, David busca la reconciliación con Dios:

    “No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
    Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.” (11-12)

    Con esto últimos versos, David ruega que su relación con Dios no se acabe, sino que sea restaurada. Para él, lo más importante en su vida era su relación personal con Dios. El poder experimentar la dirección del Espíritu Santo, el disfrutar del gozo que trae la salvación de Dios, y poder sentir cada día que no hay nada interponiéndose entre Dios y uno mismo son algunos de los muchos beneficios de una relación personal continua con Dios mismo.

    Como resultado, en el salmo 51, David se compromete en la última parte del salmo a enseñar a otros lo que él ha aprendido por sus errores, y a publicar las verdades aprendidas, cantando y publicando alabanza a Dios. (15)

    “Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.”

    David había aprendido que Dios no quiere nuestros esfuerzos, sino que la alabanza que le agrada es una vida de obediencia, un corazón arrepentido que busca comunión con Él:

    “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
    Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (16-17)

    Es la importancia del perdón lo que refleja el salmo 32, escrito también tras la situación con Betsabé. En este salmo, David describe la bendición de haber sido perdonado de su maldad. El salmo comienza describiendo el daño que la culpa hace al cuerpo humano. Hay muchas enfermedades hoy en día que se desarrollan a causa de culpa acumulada, de pecados no confesados, que corroen el cuerpo y el espíritu hasta destruirlo. El salmista declara:

    “Mientras callé, se envejecieron mis huesos
    En mi gemir todo el día.” (3) Y
    “se volvió mi verdor en sequedades de verano” (4)


    El salmo 31:9-10 dice:
    “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia;
Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar;
Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.”

    Sus huesos sufrían la ansiedad que su culpabilidad le causaba. Mas cuando dejó de esconderlo y lo trajo a Dios, su estado cambió.
    Al confesar su mal al Dios que oye en los cielos y experimentar el perdón, fue perdonado y restaurado. David le habla a Dios:

    “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
    Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
    Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” (5)

    Proverbios 28:13 nos recuerda esta misma verdad: “El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

    No guardemos culpa por nuestros pecados. Vayamos al único que puede perdonar nuestros pecados y confesemos nuestro mal, porque en su perdón hallaremos la paz y el gozo que viene de un corazón arrepentido y restaurado. Salmo 32:10

    “Muchos dolores habrá para el impío;
    Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.”

  • En el salmo 1 veíamos un contraste entre el que camina en el camino de Dios y el que va por su propio camino. Vimos que no todos los caminos llegan a Dios. En Juan 14:6 Jesús dice: Yo soy EL camino, LA verdad y LA vida. No dice “yo soy UN camino, Una verdad, UNA vida. Y por si el lector no lo ha entendido bien, lo reafirma diciendo: NADIE viene al Padre sino por mí.”

    Este no es el único salmo que nos presenta este contraste.

    En el Salmo 11: 5-7 Jehová prueba al justo; nos dice: 
“Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Sobre los malos hará llover calamidades;
Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos. Porque Jehová es justo, y ama la justicia;”


    En el Salmo 18: 25-27 David canta de cómo Dios, en su justicia, protege al recto de corazón, mas tratará con severidad al perverso.
    “Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro.
    Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso.
    Porque tú salvarás al pueblo afligido, Y humillarás los ojos altivos.”

    Mas no siempre parece que esto sea así. El salmo 73:5-9 muestra que el impío prospera:

    “No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.
    Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.
    Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.
    Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.
    Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.”


    El Salmo 73 fue escrito por Asaf, el cantante principal de los levitas. Asaf estuvo presente cuando el arca fue trasladada desde la casa de Obed-edom a la “Ciudad de David” Esto lo podemos ver en 1 Cr 15:17, 19, 25-29.) Mas en el salmo 73 comparte su testimonio personal sobre cómo luchó con sus emociones cuando miró a su alrededor y vio que los injustos no eran castigados y parecían vivir una vida sin problemas.

    En el salmo 73:2-4 leemos:

    “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.
    Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.
    Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.”

    Al igual que vimos en el libro de Job, la calamidad no es siempre para el impío; también llega al recto y justo. Y en este salmo, Asaf sufre al ver que los malos, arrogantes y violentos prosperan en esta vida mientras hay justos que están padeciendo. Esto le causaba sentimientos depresivos. Dice el versículo dos que esto casi lo hizo deslizarse, y por poco resbalaron sus pies, en sentido emocional y espiritual. Era tentado a pensar las palabras del versículo 13: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia;”

    Seguramente llegó a preguntarse: ¿De qué me sirve vivir una vida recta si al malo todo parece irle bien y a mí las cosas no me van mejor?

    Pensaba: “Es en vano que viva justamente, que limpie mi corazón de perversidad, que vida una vida recta.” Quizás debería actuar como ellos, pensaba, y así mi vida sería más fácil.

    Mas, como dice en el 16, “Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí,” Este pensamiento no le traía consuelo ni esperanza. Estos pensamientos no le hacían bien. Lo único que producían en él era amargura y ansiedad. En el versículo 21 declara: “Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas.”

    Pero todo cambió de repente. Su perspectiva ante las injusticias de la vida cambió. ¿Y sabes cuándo?
    El versículo 17 nos lo dice: “Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos.”

    Cuando Asaf entró en el santuario de Dios, cuando fue a la presencia de Dios en oración y repasó sus pensamientos, trayéndolos cautivos ante la presencia del que es el camino, la verdad y la vida, todo cobró sentido. Cuando Asaf se dio cuenta de que el Dios justo hará justicia, y que el fin de los que rechazan a Dios es la muerte eterna, ya no tenía envidia de ellos. Entonces podía sentir lástima por el pecador. Podía estar agradecido por el destino glorioso de los que han puesto su confianza en Cristo.

    Los versículos 23-26 dicen:

    “Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.
    Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.
    ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
    Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

    Y el salmo acaba con una afirmación de la esperanza del cristiano:

    “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;
    He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
    Para contar todas tus obras.”

    Asaf había visto el mundo con sus propios ojos y se había frustrado, mas cuando vio el mundo desde la perspectiva de Dios pudo descansar en las promesas de su Señor.

    ¿Cómo estás viendo el mundo? La elección es tuya, pero confiar en el Señor y acercarse a él es, sin duda, el bien. Pon en Dios tu confianza, y te encontrarás contando todas sus grandiosas obras.

  • Los Salmos Mesiánicos son aquellos que tratan de la persona y la obra del Señor Jesucristo. Para que un salmo se considere mesiánico debe contener por lo menos una referencia directa a Cristo, y estar explicado en el Nuevo Testamento en conexión a Cristo.” Podemos encontrar 16 salmos mesiánicos en el libro de los salmos.Hay tres salmos que no se explican en el nuevo Testamento pero que consideramos mesiánicos porque hacen referencia clara al Mesías. El salmo 24, habla del rey de gloria, el 72 nos presenta el reino milenial de Cristo y el 89 nos habla del pacto que Dios hizo con el rey David y que se cumpliría con el Mesías, el hijo de David.Algunos de estos salmos hablan del Mesías en todo el salmo, y en otras ocasiones, solamente un versículo o un párrafo se refiere al Rey Mesías. Para más información sobre estos salmos, dejo un enlace en el texto adjunto.(https://tesorodigital.com/los-salmos-mesianicos-por-t-e-wilson-66-paginas/)El salmo 22 es uno de esos salmos que trata enteramente del Mesías. Es uno de los cuatro que tratan la muerte de Cristo, y el 22 es específicamente sobre el sacrificio que Cristo hizo para pagar la deuda del pecado. Habla de la pasión del Cristo, de cómo sufrió para que nosotros pudiéramos ser libres de la paga del pecado, que según nos recuerda Romanos 6:23 es la muerte eterna. Sin embargo, como este mismo versículo nos dice, “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”El Salmo 22 comienza con las palabras que Cristo dijo estando en la cruz cuando exclamó: Elí, Elí, lama Sabactani, que en castellano lee: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”Esta primera parte del salmo nos presenta a un Dios Santo. Tan Santo que no podía mirar a Jesús en la cruz, cargando en sí el pecado de toda la humanidad. Por lo que el Padre tuvo que girar su cabeza para no mirar, y Jesús, mucho más allá de sufrir el dolor físico de la cruz, tuvo que sufrir el dolor emocional de la ausencia de Su Padre, una ausencia que aunque fuera corta, era el único instante en toda la eternidad en que Dios Padre y Dios Hijo estarían separados, y la causa era nuestro pecado. El pueblo judío había estado esperando al Mesías durante siglos. El Salmo 22 no era desconocido a los judíos de la época de los romanos. Había sido escrito más de mil años antes de que Cristo sufriera la cruz.El salmista proclamaba un milenio antes“En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.”Salmo 22:4-5Sin embargo, cuando el Mesías llegó, no lo reconocieron. Lo tuvieron entre ellos, mas no lo aceptaron, sino que lo enviaron a morir en la cruz, derramando sangre inocente. En el Salmo 22:16-18 el salmista escribió siglos antes, narrando exactamente el trato que recibió Jesús en su crucifixión: “Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.” Justo como narran la muerte de Jesús en la cruz los evangelios, el salmo 22 ya lo anunciaba como un hecho. Mientras Jesús colgaba en la cruz, sufriendo nuestro castigo, los que le observaban gritaban:“Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.” En el nuevo testamento, en Mateo 27:43 leemos el eco de este salmo: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.”Y recordemos que en el bautismo de Jesús en el Jordán, la voz del Padre desde el cielo exclamó: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Mateo 3:17Cristo tuvo que sufrir, tuvo que morir, y ser sepultado durante tres días, mas sabemos que la muerte no lo venció, sino que Él salió triunfante sobre la muerte y el pecado para la eternidad. Los versículos 23-25 proclaman: “Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.De ti será mi alabanza en la gran congregación;”Hebreos 5:7 Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”Dios no escondió su rostro. Por lo que podemos nosotros ahora alabar a Dios, dando gracias por Su obra redentora en la cruz. Este precioso salmo nos recuerda la maravillosa obra de amor de nuestro Salvador, que desde el principio planeó el rescate de aquellos que ponen su confianza en Él. Gracias a Dios por la salvación en Cristo.

  • “Jehová es mi pastor; nada me faltará.
    En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
    Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
    Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
    Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
    Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

    Si es la primera vez que escuchas este salmo, notarás que el salmista está expresando confianza plena en Dios para los momentos más difíciles. Es muy posible que lo hayas escuchado, que lo hayas memorizado, y que lo hayas recitado en momentos de temor y confusión a lo largo de tu vida. Este salmo es sin duda el salmo de confianza por excelencia. ¿Has probado a leerlo en diferentes versiones? Cuando memorizamos un poema y lo decimos muchas veces, podemos caer en el error de pasar por alto detalles que pueden ser de mucha bendición. Sugiero que leas el mismo salmo en una versión distinta, porque un pequeño cambio de expresión puede despertar tu entendimiento del salmo. Quisiera leerlo en un par de versiones distintas.

    “El Señor es mi pastor, nada me falta.
    En verdes praderas me hace descansar, junto a aguas tranquilas me lleva.
    El Señor me reconforta, me conduce por caminos rectos haciendo honor a su nombre.
    Aunque camine por valles sombríos no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan.
    Ante mí preparas una mesa delante de mis enemigos, unges mi cabeza con aceite y mi copa rebosa.
    El bien y la bondad estarán conmigo todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor durante días sin fin.”
    SALMOS 23:1-6 BLPH (La Palabra)

    En esta versión, los tiempos verbales nos muestran, como comentábamos ayer, la relación entre la confianza para el futuro con lo que Dios está haciendo en nuestras vidas en este momento y lo que ha hecho en el pasado.

    “El SEÑOR es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan. Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre.”
    Salmos 23:1-6 NTV

    Resalta la confianza del salmista en tiempos inciertos y complicados, con la seguridad de que Dios es capaz de hacernos disfrutar de banquete incluso cuando estamos rodeados de peligros.


    ¿Has probado a escribir una versión alternativa en tus propias palabras? Cuando ponemos algo en nuestras propias palabras, no estamos cambiando el significado, sino que más bien estamos haciéndolo personal, y al mismo tiempo hacemos el ejercicio de entender lo que el autor quería comunicar y expresarlo con un lenguaje que para nosotras mismas es más común. Te doy una idea de cómo el salmo 23 sonaría en mis propias palabras.

    Si el Señor es mi pastor, no necesito nada.
    Me hace descansar en prados verdes, y
    Me lleva junto a arroyos cristalinos.
    Conforta mi alma y renueva mi espíritu.
    Me guía por sendas justas, y así trae honra a su propio nombre.
    Y aún cuando pase por mi hora más oscura, no temeré, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me proporcionarán aliento.
    Preparas banquete incluso en la presencia de mis enemigos. Me unges con aceite, mi copa esté llena. Sin duda, el bien y la misericordia me acompañarán todos los días, y viviré en la casa de mi Señor eternamente y para siempre.
    Salmo 23


    Hagamos de los salmos nuestras oraciones personales, porque el mismo Dios de los salmistas es nuestro Dios y Padre. A Él sea la gloria.

  • En la categoría de los salmos de confianza, también he incluido aquellos en que el salmista está dando gracias a Dios por lo que ha hecho por él en el pasado. Cuando decidimos ser agradecidos a Dios, estamos afirmando que Él ha hecho por nosotros maravillas inmerecidas. Al escoger una actitud de gratitud, alabamos a Dios por Su cuidado de nosotros en el pasado y en el presente, y al mismo tiempo podemos proclamar nuestra confianza en Él para situaciones futuras.

    Los salmos comunican a menudo la protección de Dios. Cuando el salmista se encontraba en situaciones peligrosas, sabía que podía confiar en Dios, porque Dios podía protegerlo de cualquier cosa y también quería hacerlo.

    Salmo 17:7 “Tú salvas a los que se refugian a tu diestra” Basándose en esta verdad, David podía pedirle a Dios protección individual en los siguientes versos: “Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas, De la vista de los malos que me oprimen, De mis enemigos que buscan mi vida.”

    En el salmo 18, el salmista alaba a Dios por cómo lo había sacado de las muchas aguas, lo había librado de poderoso enemigo, lo había sacado a lugar espacioso (18:16-19)
    Si recuerdas 2 Samuel 22, David escribe y canta este salmo de cómo Dios lo había protegido de sus enemigos, incluyendo de su propio suegro, el rey Saúl.

    David se sentía seguro en su Señor:

    En el salmo 18:28-29 “Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros.

    18:30-34 “En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová;
    Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino;
    Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas;
    Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce.

    En esta sección escrita en presente David declara que Dios sin duda protege, porque su naturaleza omnipotente y amorosa así funciona.

    Vemos a David en la segunda parte del salmo afirmando que Dios lo ha protegido todo el tiempo que ha sido acosado por sus enemigos.

    En el versículo 35 y hasta el 45 el tiempo verbal cambia al pasado para expresar lo que Dios había hecho por él.

    18:35-36 “Me diste asimismo el escudo de tu salvación; Tu diestra me sustentó, Y tu benignidad me ha engrandecido.
    Ensanchaste mis pasos debajo de mí, Y mis pies no han resbalado.”

    Y a partir del 46 y hasta el final (50) David vuelve a alabar a Dios por su cuidado en el tiempo presente. Y en medio de su alabanza, David afirma que él, por todo lo que ha podido experimentar de la fuerza y la bondad de Dios, proclamará , avanzando hacia un tiempo futuro, el nombre de Dios entre las naciones.


    Este patrón del salmo se puede ver en otros salmos también. El salmista medita en la naturaleza de Dios, destacando los atributos personales de Dios que lo hacen admirable. Continua repasando las veces que Dios ha mostrado sus atributos personalmente en favor del salmista, y concluye con si Dios es así, y en el pasado ha actuado de tal modo, que en un futuro volverá a mostrar su poder y bondad en las situaciones venideras. Esta es la base de la confianza.

    Salmo 33:20-21:Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
    Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado.

    Salmo 34:17-19: “Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias.
    Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.
    Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.”

    Salmo 138:3 y 8 “El día que clamé, me respondiste; Me fortaleciste con vigor en mi alma.” Y “Jehová cumplirá su propósito en mí;
    Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre.”


    ¿Muestras agradecimiento a Dios por lo que ha hecho, lo que está haciendo, y lo que hará? Recuerda que puedes tener a tu lado a aquel que es soberano y te ama más de lo que tú puedes llegar a comprender. Agradécele hoy y confía en su cuidado.

  • Los salmos Hallel son salmos de alabanza a Dios que se solían recitar para celebraciones del pueblo judío. La palabra Hallel, de donde proviene nuestra palabra Aleluya significa literalmente alabanza. Los salmos 113-118 son Hallel y los últimos 5 salmos del libro también son alabanzas a Dios. Al leer los salmos, marca toda muestra de alabanza de los salmistas, y verás que la alabanza está basada en el reconocimiento del carácter de Dios.

    Estos y otros salmos alaban a Dios por alguno de sus muchos atributos, y es que Dios es indudablemente digno de alabanza.

    Se suele hablar de atributos comunicables y no comunicables. Los incomunicables son aquellos rasgos que son intransferibles. Son características de Dios que son únicamente suyas. Por ejemplo, decimos que Dios es omnipotente, omnipresente y omnisciente.

    Dios es omnipotente; significa que todo lo puede. No existe ni ha existido nadie más con esta característica. Todos podemos algo, sea mucho o sea poco, pero nadie lo puede todo. Mas en los salmos Dios es alabado por ser Jehová, Dios de los ejércitos en Salmo 84:12, 80:19, denotando su fuerza insuperable. Salmo 91:1 dice: “El que mora al abrigo del altísimo morará bajo la sombra del omnipotente”
    El salmo 24 nos dice que la tierra y su plenitud son de Jehová, el cual la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos. Y los versículos 8 y 10 nos dices ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. “Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.”

    Y el salmo 115:3 proclama: “Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho.”

    Dios también es omnipresente. Dios puede estar en todo lugar en todo momento. Nosotros no podemos estar en todos los sitios. Nosotras las mujeres pensamos que podemos, y conseguimos estar en varias cosas a la vez, pero nunca al mismo tiempo y con la misma intensidad. En realidad, solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez, y desde luego, físicamente, solo podemos estar en un sitio a la vez.

    Dios, sin embargo, puede estar contigo al mismo tiempo que está conmigo. No hay peligro de que se despiste o que no esté prestando atención a tus problemas. Está ahí para todo aquel que a él clame. Es más, nos dice salmo 139 que no podríamos huir de su presencia, incluso si lo intentáramos.

    Salmo 139:7-10
    “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
    Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
    Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar,
    Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.”


    Dios es omnisciente. Dios lo sabe todo. Aunque utilizamos el adjetivo “sabelotodo” para el que piensa que sabe algo de muchas cosas, o que piensa que lo sabe todo de un tema en particular, no hay nadie en la tierra que sepa todo ni siquiera de un solo tema. Todo el que ha investigado sobre un tema en particular se da cuenta de la incapacidad de llegar a saber todo lo que hay por saber aún de un tema en específico. Pero Dios sabe todo de todos los temas. Y conoce tanto el presente, como el pasado, como el futuro. Sabe lo que es externo y obvio, y conoce aquello que está escondido.

    Salmo 139:1-4 “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.
    Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.”

    Pero en los salmos también vemos algunos atributos de Dios que son comunicables, es decir, aquellos que nosotros los humanos podemos tener a un cierto nivel. Por ejemplo, Dios es misericordioso, es justo, bondadoso, verdad, santo y amoroso. Nosotros podemos tener estos atributos, aunque no de forma perfecta.

    Salmo 103:8 “Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia.”
    Salmo 136:1 : “Alabad a Jehová, porque él es bueno, (y en cada versículo leemos) “Porque para siempre es su misericordia.”
    Y el 103:17 proclama la misericordia de Dios, y al mismo tiempo su justicia:
    “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
    Y su justicia sobre los hijos de los hijos”
    Salmo 99:3 “Alaben tu nombre grande y temible; El es santo.”

    Estos y otros salmos proclaman el precioso carácter de Dios. Te animo a leer los salmos y marcar las diferentes características de Dios que los salmos nos revelan, y te encontrarás alabando a Dios por todo lo que es y lo que eso significa para ti.

    Salmo 148:13 “Alaben el nombre de Jehová, Porque sólo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos.”

  • ¿Has considerado alguna vez que cuando vienes a Dios con una petición estás demostrando confianza?

    No solemos ir a pedir cosas a aquellos que sabemos que no tienen la obligación o el deseo de dárnoslas. Más bien, vamos a pedir ayuda a aquellos que pueden brindárnosla y que se interesan por nuestro bienestar.

    La mayoría de los salmos del rey David están en el primer libro de los cinco libros de los salmos. En los primeros capítulos del libro, comenzando con el salmo 3, encontramos varios salmos de lamento. Esta categoría incluye lamento y súplica, en los que el salmista ruega a Dios que lo guarde, lo defienda, lo proteja, o que haga justicia, para él, defendiéndolo, o para el enemigo, liberándolo de aquellos que lo estaban oprimiendo.

    Mas si lees estos salmos notarás que tienen también versículos en los que el salmista alaba a Dios mostrando confianza en las obras de aquel hacia quien la súplica estaba dirigida.

    En el salmo 3, David pide la protección de Dios, y en el versículo 3 leemos cómo afirma que Dios es su escudo, su gloria, y el que levanta su cabeza. David podía venir a rogarle a Dios que lo protegiera porque sabía que Dios era poderoso para hacerlo, y era bondadoso para querer defenderlo. Y es por eso, en el versículo 5 puede decir que descansará tranquilo porque Dios mismo lo sustentaba.

    De igual modo, en el salmo 4, un salmo de lamento, leemos más versículo de afirmación de confianza que de petición a Dios. David venía a rogar a Dios que lo escuchara y le respondiera porque ya había experimentado el cuidado de Dios. El versículo 1 dice “cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar.” David ya había experimentado el socorro de Dios, y por eso podía acabar este salmo también con la afirmación “En paz me acostaré, y así mismo dormiré, porque solo tú ,Jehová, me haces vivir confiado.”

    En el 5:7 David afirma que el motivo por el que ruega a Dios que lo proteja de aquellos que desean su mal, es “por la abundancia de su misericordia” Y por su justicia, porque como dice el versículo 12: Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
    Como con un escudo lo rodearás de tu favor.”

    En el salmo 6 David ruega que Dios sea misericordioso con él en la prueba, y lo hace con la certeza de los versículos 8 y 9, que dicen: “Jehová ha oído mi ruego;
    Ha recibido Jehová mi oración.”

    Finalmente por hoy, en el salmo 7, David ruega a Dios que lo libre de los que lo persiguen, y que traiga juicio contra aquellos que desean su mal. Pero más de la mitad del salmo lo dedica a compartir con sus lectores la grandeza y la justicia de Dios:

    Salmo 7: 9-12 “Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. Mi escudo está en Dios, Que salva a los rectos de corazón. 
    Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.
    Si no se arrepiente, él afilará su espada; Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.”

    Estos salmos nos muestran un patrón. Cuando David ruega a Dios que lo auxilie, es porque tiene plena confianza en que ÉL es poderoso para hacerlo, y a la vez es bueno para querer llevarlo a cabo.

    Del mismo modo, cuando tú o yo vamos ante el trono de Dios en oración personal, y le traemos nuestros miedos, nuestras luchas o nuestros deseos, estamos diciéndole a Dios que nos fiamos de Él.

    En la carta a los Hebreos, versículo 4:16 dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

    Si quiero misericordia y gracia iré a aquel que puede dármela y quiere ayudarme. Por ese motivo Jesús decía que pidiéramos con absoluta confianza, sabiendo que lo recibiríamos, y nos sería dado (Mateo 7:7). Esto lo dijo porque a Él le gusta que le pidamos.

    Pero Santiago 1:6 nos advierte: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No dudemos de Dios, sino traigamos nuestras súplicas a Él.

    ¿Qué tal si hacemos aquello que al Padre le agrada? Vayamos más a menudo ante Dios, trayéndole aquello que para nosotras es importante. Y comuniquemos nuestra confianza en Él, alabando a su persona y recordando con gratitud todo lo que Él ya ha hecho por nosotros. Pide, pero pide con confianza.

  • La vida del cristiano debería distinguirse por dos prácticas que forman la base de la comunicación con Dios.

    En primer lugar, el cristiano, como ya vimos el el salmo 1, debería estudiar la Palabra de Dios para conocer al Dios de la Biblia y seguir sus enseñanzas.
    En segundo lugar, el cristiano debería hablar con Dios constantemente. 1 Tesalonicenses 5:17 dice “orad sin cesar”. Esto no significa que lo único que hacemos en nuestro día es hacer oraciones. Más bien, lo que Dios desea es que vivamos nuestro día conscientes de la presencia de Dios y en constante comunicación con Dios, haciéndolo parte de nuestro andar diario. Claro está, esto incluye tiempo de oración consciente en la que hacemos una pausa y hablamos con Dios de lo que él significa para nosotros, de lo bueno en nuestra vida, y de las dificultades que enfrentamos en el momento.

    Pero si has probado pasar tiempo personal con el Señor, habrás notado que es difícil no despistarse. Es más, incluso cuando estamos centrados en la oración, solemos ir a Él con una lista de peticiones y no sabemos cómo compartir nada que no sean necesidades inmediatas.

    Dios nos ha dado instrucciones sobre nuestra vida de oración, como la oración modelo de Mateo 6, o las diferentes oraciones que aparecen en la Biblia. Dios nos ha dado los Salmos también, y debemos verlos como un libro de oración. Al venir a conversar con Dios, es saludable leer o recitar salmos, ya que estas oraciones y canciones hablan en muchas ocasiones del carácter de Dios y otros nos reflejan las luchas de otros cristianos en épocas remotas que lucharon con emociones y situaciones personales muy parecidas a las que nosotros experimentamos en nuestros días. Es increíble notar que en todos los siglos que nos separan de los autores de los salmos, el ser humano no ha cambiado mucho, y las mismas luchas a las que se enfrentaron los salmistas nos invaden a nosotros también.

    Te animo a leer el libro de los salmos notando varios tipos de salmos. Hay muchas clasificaciones, pero para simplificar podemos distinguir cinco categorías; aquellos salmos que exaltan el carácter de Dios, los que declaran gratitud, los que comparten sabiduría, los salmos de súplica y lamento, y aquellos que presentan al Mesías, el Rey Ungido.

    En primer lugar, nota aquellos que son canciones que exaltan el carácter de Dios. Estos son especialmente útiles a la hora de alabar a Dios en tus oraciones. Si no puedes parar a pensar en un momento dado en toda la bondad y la grandeza de Dios, te vendrá bien poder recitar los salmos que declaran Su gloria.

    Salmos 34:1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.
    Salmo 103: 3-5: El es quien perdona todas tus iniquidades,El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca, De modo que te rejuvenezcas como el águila.”

    Otro tipo de salmos que nos ayudan en la oración son aquellos en los que el salmista declara gratitud por cómo Dios ha contestado a las oraciones y los ha protegido en el peligro.

    Salmo 9:4 “Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia.”

    Otros salmos declaran verdades similares a las que otros libros de sabiduría también comparten, como es el caso del libro de los proverbios.

    Salmo 37:1-2: “No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.”

    Hay también salmos de súplica y lamento, en los que Dios nos permite leer las oraciones que los salmistas elevaron al Padre celestial en momentos difíciles. Estas oraciones son preciosas porque a menudo se combinan con expresiones de confianza en Dios, gozo y alabanza.

    Salmo 17:1 “Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.”

    O el versículo 5: “Sustenta mis pasos en tus caminos, Para que mis pies no resbalen.”

    Y por último, quisiera destacar los salmos en los que el enfoque es el prometido Rey Mesías.

    Ayer vimos uno de dos temas que aparecen a través de los salmos. El capítulo 1 trata de la enseñanza de la Palabra y cómo el que la sigue es bienaventurado.

    Y el otro tema recurrente es, como nos muestra el salmo 2, la promesa de la venida del Mesías. El ungido rey mesías fue prometido a su pueblo desde su principio, y aquí, en los salmos, vemos reflejado a Cristo, el ungido de Jehová. El salmo 2, el 16, el 22, el 34, el 41, el 69, el 110, o el 118 son algunos de los salmos que describen al que vendría a salvar a Su pueblo de sus pecados, al hijo de Dios que vendría y sería llamado el Rey de los judíos.

    Salmo 2: 6-7 “Pero yo he puesto mi rey, Sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto” Y “Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.”


    Te animo a leer los salmos notando los diferentes tipos. Intenta marcarlos con diferentes colores para clasificarlos en categorías, y utilízalos para mejorar tu vida de oración. Te animo también a compartir con otros las verdades que esta colección de canciones y oraciones aporten a tu vida a través de tu lectura y meditación de la Palabra.

    Oremos como el salmista en el Salmo 119:18: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.”