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  • En su momento álgido, a principios del siglo II, el imperio romano cubría una extensión de unos cinco millones de kilómetros cuadrados y en su interior vivían entre 50 y 60 millones de personas. Abarcaba tres continentes. Por el norte limitaba con la gran llanura europea y la actual Escocia, por el oeste con el océano Atlántico, por el este con Mesopotamia y por el sur con el desierto del Sáhara. Semejante extensión territorial implicaba una línea fronteriza muy larga para la que los romanos buscaron fronteras naturales como ríos, desiertos y cadenas montañosas. Pero no siempre era posible, así que en ciertas zonas se levantaron muros y fortificaciones de los que luego surgirían ciudades que han llegado hasta nuestros días.

    Los romanos lo llamaban limes, de donde proviene el término límite en español. El limes no era propiamente una línea trazada con precisión en el sentido moderno, sino un área mucho más extensa en la que se transitaba de los dominios de Roma al exterior, de la civilización a la barbarie. De este modo, según el lugar en el que se encontrase, hablaban de limes germanicus para la frontera con la Germania Magna, limes Britannicus, que separaba la provincia de Britania de Caledonia, o el limes Arabicus, que se encontraba en el desierto del este. En el sur, para vigilar los accesos desde el Sáhara, levantaron una línea de fuertes que denominaron Fossatum Africae, la fosa de África.

    Esta inmensa estructura defensiva perduró durante siglos y buena parte de la misma ha llegado hasta nuestros días. En Europa, especialmente en Inglaterra y Alemania, se ha excavado y estudiado a fondo, lo que nos ha permitido conocer muy de cerca a los que durante cientos de años custodiaron los confines del mundo civilizado.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a recorrer juntos los cerca de cinco mil kilómetros de limes romano, desde el frío y húmedo muro de Adriano hasta las abrasadoras arenas del desierto jordano pasando por los pantanos del Danubio o las cumbres del Atlas, una línea que, en la Europa occidental, se transformó en el limes cultural entre la Europa latina y la anglogermánica.

    En El ContraSello:
    - La rebelión Taiping
    - Fernando VI
    - La historia contrafactual

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  • Es la civilización más antigua de Europa pero, a pesar de ello, se tardaron tres mil años en redescubrirla. Hasta ese momento, ya a principios del siglo XX, todo lo relativo a los minoicos y a la Creta anterior a los griegos habitaba en el mito. El nombre que le dieron es, de hecho, más mitológico que histórico. El descubridor de su capital, la majestuosa Cnosos, un arqueólogo inglés llamado Arthur Evans, bautizó a esta antigua civilización como minoica en honor del rey Minos, un rey legendario de la antigua Creta, hijo de Zeus y de Europa, que hizo construir un laberinto para confinar en él al Minotauro, una criatura que había engendrado su esposa Pasífae con un toro.

    Este mito fue muy popular en la antigüedad clásica, los griegos y los romanos lo conocían a la perfección y lo transmitieron hasta nosotros. Lo que no sabían era dónde estaba la Corte del rey Minos y su laberinto. Dos milenios más tarde Evans dio con ellos... o con algo parecido. Encontró las ruinas de una vieja civilización muy sofisticada que había perdurado durante más de mil años entre el segundo y el tercer milenio antes de Cristo. Descubrieron que los cretenses de aquella época, ya definitivamente rebautizados como minoicos, controlaban una extensa red comercial cuyo centro se encontraba en la propia isla, poseían escritura y eran consumados arquitectos, artistas e ingenieros a la luz de los palacios, villas y frescos que la arqueología ha sacado a la luz en el último siglo.

    Hoy en La ContraHistoria retrasaremos el reloj nada menos que cuatro mil años para recorrer la historia de esta civilización perdida que aún guarda muchos secretos porque ni sus jeroglíficos ni su enigmática escritura Lineal A han conseguido ser descifrados.

    En El ContraSello:
    - La revolución industrial y las condiciones de vida de los trabajadores
    - ¿Qué pensarán de nosotros nuestros descendientes?
    - Historia de Cataluña

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  • Es el lugar más sagrado del mundo para los católicos, el epicentro de su religión ya que la tradición asegura que allí mismo está enterrado San Pedro, el principal de los doce apóstoles de Jesucristo y el primer obispo de Roma, es decir, el primer Papa. Eso convirtió a la colina vaticana en un centro de peregrinación desde los primeros siglos de nuestra era. En el año 319, cuando el cristianismo ya había salido de la clandestinidad tras el edicto de Milán, el emperador Constantino el Grande ordenó construir una basílica justo encima de la tumba de Pedro.

    Esta primera basílica de San Pedro se mantuvo en pie durante más de mil años, hasta que a principios del siglo XVI el Papa Julio II decidió derribarla y levantar un soberbio templo de estilo renacentista. Esa es la que ha llegado hasta nosotros, la basílica y la espectacular columnata que la antecede que se levantaría algo más tarde, ya bien entrado el siglo XVII. Para concluirla hicieron falta 120 años, veinte pontificados y siete arquitectos diferentes.

    Hoy la basílica de San Pedro se eleva con su cúpula hasta los 136 metros de altura, es uno de los edificios más conocidos del mundo y de los que más historia han visto pasar entre sus muros. Para muchos es el ombligo del mundo, para otros es simplemente una de las basílicas más bellas de toda la cristiandad y para todos uno de los centros neurálgicos de la civilización occidental. En La ContraHistoria de esta semana vamos conocer el largo y a veces agitado recorrido histórico de esta basílica que ejerce como corazón de la cristiandad católica pero que no es catedral de Roma ya que ese privilegio pertenece a una iglesia vecina, la de San Juan de Letrán.

    En El ContraSello:
    - El Gran Cisma de 1054
    - Orígenes históricos del periodismo
    - Historia de la aviación

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  • Un país muy desconocido pero con una historia riquísima que se remonta a los antiguos imperios del creciente fértil. Situados en un punto estratégico, a caballo entre el océano Índico y el golfo Pérsico, entre la India, Persia y Mesopotamia, los omaníes fueron uno de los primeros pueblos marineros de la historia de la humanidad. Quiso el destino, además, que en el siglo XVI se encontrasen con los portugueses, otra nación de marinos que llegó a sus costas para quedarse.

    La presencia portuguesa durante siglo y medio sumada a la vocación local por hacerse a la mar les permitió levantar durante los siglos XVIII y XIX un extenso imperio ultramarino que iba de Persia al norte a la actual Tanzania al sur pasando por toda la costa meridional de la península arábiga. De este periodo dorado de la cultura omaní aún quedan numerosos restos en lugares distantes como Zanzíbar, una exuberante isla al sur del ecuador.

    Tras aquello llegaron los británicos, que incorporaron Omán a su imperio concediendo, eso sí, una amplia autonomía a sus sultanes. Controlar Omán suponía adueñarse del acceso al golfo Pérsico, algo que se demostraría crucial tras el descubrimiento de grandes reservas de petróleo en aquella zona durante el siglo pasado. Hoy Omán es uno de los países musulmanes más prósperos, abiertos y pacíficos, un país que ha sabido modernizarse sin renunciar a sus tradiciones ni a su rico legado histórico.

    En La ContraHistoria de esta semana Alberto Garín y un servidor hablamos sobre la larga historia de este remoto sultanato que, hoy como ayer, sigue ejerciendo de llave de paso entre Oriente y Occidente.

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  • La dinastía borbónica es el último resto de los Capetos, una mítica casa real que reinó en Francia desde el siglo X hasta el siglo XIV. Originarios de un pequeño pueblo de Auvernia, Bourbon-l'Archambault, donde poseían un castillo, consiguieron hacerse primero con ducado, luego con el trono de Navarra, posteriormente con el de Francia y más tarde con el de España y Nápoles. La rama española aún sigue reinando, no así la original, la francesa, que perdió la corona en 1830 cuando, tras la revolución de julio de aquel año, Carlos X se marchó al exilio.

    Los Borbones han marcado a fuego la historia de Francia y España durante los últimos cuatro siglos. En esta última fueron destronados en tres ocasiones (1808, 1868 y 1931) y tres veces recuperaron el trono. Sus armas, tres flores de lis sobre fondo azul, se encuentran en el escudo de España, también en el canadiense y en la bandera de Quebec, ultimo resto del virreinato de Nueva Francia que, a diferencia de la Francia europea, aún conserva la heráldica real. La flor de lis borbónica, heredada de los Capetos, es un emblema de la realeza y aparece profusamente reproducida en banderas y escudos, incluidos, claro está, los de los legitimistas franceses que desde hace casi dos siglos reclaman el retorno de la dinastía.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a hacer un recorrIdo histórico de la casa de Borbón desde sus remotos orígenes en la Francia medieval hasta la actualidad en la que aún siguen reinando herederos suyos en España, no muy lejos de la región de Auvernia.

    En El ContraSello:
    - El carlismo
    - Historia de Venezuela
    - La peseta puertorriqueña

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  • Fueron la casa real más poderosa de Europa durante siglos. Reinaron sobre Austria y Hungría, sobre Borgoña y Flandes, sobre Bohemia y Milán, sobre España y Portugal y sus inmensos territorios ultramarinos, pero, sobre todo, ocuparon el trono del Sacro Imperio Romano Germánico desde el siglo XV hasta la desaparición del mismo en tiempos de Napoleón. Hoy la familia Habsburgo, que sigue existiendo en su rama Habsburgo-Lorena, no reina en parte alguna, pero su historia se confunde con la de la misma Europa. Todo un logro para una familia de la pequeña nobleza que proviene del pequeño cantón suizo de Argovia, donde aparecieron en torno al siglo X como dueños de un castillo y su reducido dominio.

    En origen no eran más que simples terratenientes vasallos del duque de Suabia, pero la habilidad de sus vástagos hizo de ellos un importante linaje gracias a sus matrimonios con la aristocracia y la realeza europea. Algunos de los monarcas más célebres de la historia llevan como apellido Habsburgo. Desde Rodolfo, que se hizo con la corona imperial en 1273, hasta el desventurado Francisco José I, penúltimo rey de la dinastía, pasando por los Habsburgo españoles, una rama fundada por el emperador Carlos V y que regiría durante casi dos siglos los destinos del mayor imperio que el mundo había conocido hasta la fecha.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a recorrer la pequeña historia de esta mítica dinastía real que lo fue todo en Europa y que perdió la última de sus coronas, la de Austria-Hungría, hace sólo cien años.

    En El ContraSello:
    - Barcelona neogótica
    - ¿Por qué estalla una guerra?
    - La carrera espacial

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  • Vimos en el capítulo anterior las causas que llevaron a la guerra de secesión estadounidense o, mejor dicho, a la secesión y, como consecuencia, a la guerra. Vimos también como en 1860 el país estaba fracturado y en muchos aspectos se trataba ya de dos países que recelaban el uno del otro. El norte y el sur diferían mucho en cuanto a estructura económica. El primero estaba industrializándose a gran velocidad y buscaba la protección del Gobierno, el segundo era agrario y librecambista.

    Pero la causa de la secesión fue la espinosa cuestión de la esclavitud, algo de lo que se llevaba décadas debatiendo, desde el mismo nacimiento de Estados Unidos en 1776, pero no habían conseguido ponerse de acuerdo. Durante las primeras décadas del siglo trataron de llegar a una serie de compromisos para mantener el equilibrio entre Estados esclavistas y Estados libres, pero en 1860 la esclavitud era ya cosa del pasado. Se estaba aboliendo en todo Occidente y no podía durar mucho más.

    Fue ese y no otro el disparador de la secesión de Carolina del Sur el 24 de diciembre de 1860, sólo mes y medio después de las elecciones presidenciales que había ganado Abraham Lincoln. Tras Carolina del Sur otros Estados se apuntaron a la aventura constituyendo los Estados Federados de América. En ese punto la guerra era ya cuestión de tiempo, de poco tiempo.

    Una guerra que la Confederación tenía perdida de antemano porque los unionistas eran más y tenían mejores armas. Pero no fue una guerra corta tal y como Lincoln imaginó al principio. Duró cuatro interminables años y fue extremadamente sangrienta. Segó la vida de más de 600.000 personas incluyendo la del propio presidente, que fue asesinado en un teatro de Washington una semana después de la rendición sudista.

    En El ContraSello:
    - La rocambolesca historia de Rafael de Nogales
    - Pol Pot y la Kampuchea comunista
    - La independencia de la Grecia moderna

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  • El conflicto marca un antes y un después en la breve historia de los Estados Unidos de América. Entre 1861 y 1865 los Estados del norte (la Unión) y los del sur (la Confederación) se enfrentaron en una guerra fratricida que ocasionó más de medio millón de muertos entre los dos bandos. El origen de la guerra y lo que terminó por darle nombre fue la secesión de siete Estados del sur a los que luego se sumarían cuatro más. La secesión vino motivada por la legislación referente a la esclavitud ya que, desde la independencia del país en 1776, el sur era esclavista y el norte abolicionista.

    La economía sureña, basada en las grandes plantaciones de algodón, tabaco y caña de azúcar, dependía de la mano de obra esclava traída de África en barcos negreros. En el norte, en cambio, ya había dado comienzo la revolución industrial. Este hecho marcó la diferencia en el campo de batalla. Los ejércitos unionistas eran más numerosos y estaban mejor equipados de armamento. Aún así la Confederación resistió durante cinco año hasta que el general Robert E. Lee fue derrotado por Ulysses S. Grant en la batalla de Five Forks.

    Tras ello, y después de una cadena de reveses bélicos, el sur se avino a deponer las armas en la Appomattox Court House. La Unión había ganado, lo que marcaría a fuego el destino de la nación, que salió refortalecida de este conflicto dando comienzo a una era de reconstrucción y expansión que la convertirían en el lapso de unas pocas décadas en una gran potencia mundial.

    Como es relativamente cercana en el tiempo y las fuentes son abundantes, la guerra de secesión ha sido ampliamente estudiada, novelada y llevada al cine. Es uno de los episodios históricos del siglo XIX que más se recuerdan y que más ha dado que hablar. Precisamente por eso en La ContraHistoria vamos a dedicarle dos capítulos, el de esta semana y el de la próxima, para que podamos no sólo saber lo que pasó, sino también entenderlo.

    En El ContraSello:
    - Expediciones romanas más allá del Mediterráneo
    - La Paz de Versalles
    - Dos podcast de historia recomendados

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  • Es la figura central de la religión cristiana y sus múltiples denominaciones. Para la mayor parte de ellas tiene dos naturalezas, una divina y otra humana. La primera no pertenece al ámbito de la historia, la segunda si. Prácticamente todo lo que sabemos de él procede de fuentes cristianas, esencialmente los evangelios y otros libros del Nuevo Testamento como las epístolas paulinas. Todas son posteriores a su muerte a manos de Poncio Pilato, prefecto romano de Judea durante el reinado del emperador Tiberio.

    Su historicidad de cualquier modo parece fuera de toda duda. Dos autores romanos, los historiadores Flavio Josefo y Tácito hacen dos breves menciones sobre la figura de Jesús décadas más tarde de su desaparición física, cuando el cristianismo había adquirido ya cuerpo tanto en la propia Judea como fuera de ella. Sobre esta base y la obtenida de excavaciones arqueológicas los historiadores llevan dos siglos tratando de distinguir el Jesús histórico, el predicador judío que pasó por este mundo en la primera mitad del siglo I, del Jesucristo de la fe, que sirve de fundamento al cristianismo.

    Hoy en La ContraHistoria nos sumergimos de manos de Alberto Garín en este fascinante personaje histórico que, precisamente por la revelación que trajo consigo o le atribuyeron sus sucesores, terminaría cambiando la historia de un modo tal que el mundo que le siguió sería simplemente inexplicable sin el cristianismo.

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  • En México la denominan con un exquisito eufemismo "intervención estadounidense", en Estados Unidos la llaman por su nombre: guerra mexicano-estadounidense. Fue ambas cosas. La primera condujo a la segunda que supuso una derrota y una humillación histórica para México. En la paz de Guadalupe-Hidalgo tuvo que ceder más del 50% de su territorio y dejó al país tocado durante décadas.

    En EEUU sucedió todo lo contrario, la victoria sobre México le catapultó y le puso en la senda para convertirse en una gran potencia mundial, estatus que alcanzaría medio siglo más tarde cuando arrebató a España Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Antes de eso serviría como preámbulo de la guerra civil estadounidense que estalló una década más tarde.

    Pero, ¿por qué se produjo una guerra entre dos vecinos que en aquel entonces estaban mucho más igualados que ahora?, ¿qué llevó a Estados Unidos a meterse en Texas y California?, ¿porque qué México, una república todavía próspera, fue incapaz, no ya de defender las provincias norteñas, sino de impedir que el enemigo ocupase su capital?

    Son preguntas muy oportunas porque de aquella guerra se derivan muchos de los problemas que México tuvo que enfrentar a lo largo de las siguientes décadas, un conflicto que obligó a la república a reinventarse y que le puso bajo la tutela de su recrecido vecino del norte. Algo que, por cierto, no ha cambiado en los últimos 170 años. Hoy en La ContraHistoria vamos a echar un vistazo a este conflicto que fue de duración breve, pero que tan decisivas consecuencias trajo y cuyos ecos aún resuenan.

    En El ContraSello:
    - La inquisición
    - Guerras de religión
    - El pionero Diego Marín Aguilera

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  • Siete constituciones en dos siglos. La más longeva duró 47 años, la más efímera sólo cinco que, además, no fueron siquiera seguidos sino en tres tandas. A estas siete habría que sumarles dos cartas otorgadas y tres proyectos constitucionales que nunca llegaron a entrar en vigor. La historia del constitucionalismo español es la de la propia España durante los agitados siglos XIX y XX.

    Los padres de la patria pensaban que bastaba con poner negro sobre blanco sus ideales y éstos se convertirían en realidad por arte de magia. Sucedía entonces que no era así o simplemente cambiaba el Gobierno y lo primero que hacía era afanarse en redactar una nueva Constitución. Sobre todas ellas aletea, eso sí, el espíritu de la Constitución de Cádiz de 1812, una de las más avanzadas de su época y la única que España comparte con el resto del orbe hispano, excepción hecha de Cuba y Puerto Rico, que durante el siglo XIX participaron de otras cuatro constituciones.

    Las hubo de todo tipo: monárquicas y republicanas, moderadas y progresistas, federales y unitarias hasta llegar a la última, la de 1978, en vigor desde hace más de cuatro décadas y que en unos pocos años se convertirá en la más duradera de nuestra historia gracias al esfuerzo que se hizo en su momento por consensuarla y al convencimiento de sus autores de que cambiar la Carta Magna no basta para mejorar el país, que es necesario algo más. Eso al final parece que hemos terminado aprendiéndolo.

    En El ContraSello:
    - La traición de Antonio Pérez
    - Franco y Juan Carlos I

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  • Duró sólo siete años, de 1756 a 1763, y algunos la califican como la genuina primera guerra mundial porque involucró a todas las potencias europeas de la época y se desarrolló en varios teatros de operaciones por todo el globo, fundamentalmente en Europa y América, pero que, gracias a la expansión europea por el Índico y el Pacífico, también se extendió a lugares remotos como la India o las Filipinas.

    El conflicto partió Europa en dos. De un lado los aliados de Gran Bretaña y, de otro, los de Francia. Entre los primeros destacaban Prusia y Portugal, entre los segundos España y el Imperio Ruso, La guerra de los Siete Años tuvo importantísimas consecuencias, pulverizó la hegemonía francesa en Europa y liquidó su imperio en América. Debido a los ingentes gastos que ocasionó puso los cimientos sobre los que dos décadas más tarde se levantaría la revolución francesa.

    Gran Bretaña, por su parte, ganó la guerra en Norteamérica, pero no le sirvió de mucho porque menos de quince años después sus colonias reclamaron la independencia. Algunos prohombres de la nueva nación como George Washington combatieron en esta guerra. España tuvo que ceder la Florida a los británicos, pero, a modo de compensación, el rey de Francia le entregó la colonia de Luisiana, que permanecería en manos españolas hasta 1803.

    En Europa la guerra de los Siete Años dinamitó el sistema de alianzas imperante, posibilitó el ascenso de Prusia como potencia continental de primer orden y dejó el mapa político listo para las guerras napoleónicas, en las que Francia trataría nueva e infructuosamente de recuperar la hegemonía.

    En El ContraSello:
    - La peste negra y la viruela
    - La Armada de Inglaterra

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  • De las siete maravillas del mundo antiguo es la única que queda en pie a pesar de que han pasado más de cuatro mil años desde su construcción. Las pirámides de Egipto y, más concretamente, las de Guiza, en las inmediaciones de El Cairo, son seguramente el monumento más famoso del mundo. Se llegaron a levantar más de un centenar entre el año 2600 y el 1500 a.C. Siglos después la construcción de pirámides tuvo un renacer más al sur, en Nubia (actual Sudán), donde se levantó un magnífico complejo de pirámides hechas a imagen y semejanza de las de Imperio Antiguo egipcio, pero casi mil años más tarde.

    Las pirámides servían esencialmente como tumbas, pero su simbolismo iba más allá. Toda la vida del Egipto de las primeras dinastías giraba en torno a las pirámides, para las que se emplearon ingentes recursos materiales y humanos. Aspiraban a ser la morada eterna del los faraones que las utilizaban para realizar el tránsito hacia la otra vida. Eran, en cierto modo, edificios pensados para resucitar.

    Los cuerpos de los faraones hace tiempo que desaparecieron, pero las pirámides han conseguido perdurar, algunas en buen estado de conservación, por lo que se han convertido en el principal reclamo turístico del Egipto moderno. También son una Meca para arqueólogos e historiadores, que llevan siglos preguntándose como un pueblo no excesivamente numeroso que acababa de salir de la prehistoria pudo levantar semejantes titanes con unas herramientas muy rudimentarias.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a hacer un recorrido por las principales pirámides de Egipto y a descubrir cómo, cuándo y quién las construyó.

    En El ContraSello:
    - La gran hambruna de Etiopía
    - El nombre de los bizantinos
    - La república de Cracovia

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  • Se llamaba Simón Bolívar Palacios Ponte y Blanco y nació en Caracas en 1783, en pleno reinado de Carlos III. Era hijo de una adinerada familia de origen español, de Vizcaya concretamente. Quedó huérfano de padre con dos años y de madre con nueve. Serían sus tíos los que se encargarían de su educación bajo la tutela de su maestro Simón Rodríguez.

    En 1799 viaja por primera vez a Europa, conoce en España a su futura esposa María Teresa Rodríguez del Pozo con la que se casó en 1802 en Madrid, cuando él tenía 19 años y ella 21. Regresaron a Caracas donde María Teresa muere en 1803. Decidió entonces viajar a Francia. Se establece en París, donde asiste a la entronización de Napoleón, para después viajar por Italia, donde en Roma jura en el Monte Sacro que su destino era independizar su país de España.

    De vuelta a América, ya en 1806, participa en las acciones que habían de llevar a la Primera República. Para ello viajó a Londres en 1810 buscando el apoyo británico a favor de los venezolanos. Allí entra en contacto con Francisco de Miranda. Regresó poco después a Venezuela, seguido de Miranda, que proclamaría la Primera República en 1811. Pero sería una república muy efímera, acabaría el año siguiente con la captura de Miranda por parte de los españoles, captura en la que participó el propio Bolívar, lo que le permitió salir exilado hacia Curazao.

    Ese mismo año de 1812, viaja a Cartagena de Indias, para unirse a los independentistas de la Nueva Granada. Logra allí reunir un ejército con el que invade Venezuela en la llamada Campaña Admirable, que ayudó a la constitución de la Segunda República y le valió a Bolívar el título de Libertador. Sin embargo, en 1814, la resistencia realista encabezada por José Tomás Boves llevó a Bolívar a declarar la “guerra a muerte”, lo que no evitó el fin de la Segunda República. Tras ello huyó de nuevo de Venezuela, primero a Cartagena, más tarde a Jamaica, donde escribió una famosa Carta en la que defendía la futura confederación colombiana, para después instalarse en Haití, desde donde organizó una nueva invasión de Venezuela que comenzó a mediados de 1816.

    A comienzos de 1819 era ya prácticamente dueño de toda Venezuela. Convocó el Congreso de Angostura, donde puso en marcha su plan de la Gran Colombia, que le llevará a cruzar los Andes en julio de 1819 y a derrotar a los realistas en Boyacá en agosto de ese mismo año, lo que le abrió las puertas de Bogotá. En el Congreso de Cucutá de 1821, fue nombrado presidente de la Gran Colombia, que coincidía a grandes rasgos con el virreinato de Nueva Granada, es decir, lo que hoy son Colombia, Venezuela y Ecuador.

    La incorporación de la futura República de Ecuador a la Gran Colombia quedó definitivamente establecida tras la entrevista de Bolívar con José de San Martín, el líder independentista argentino, mantenida en Guayaquil en julio de 1822. Al año siguiente, en compañía del general Antonio José de Sucre, acude con el ejército de la Gran Colombia a apoyar a los independentistas peruanos, logrando las victorias de Junín y Ayacucho, ésta última, en diciembre de 1824, liderada por Sucre, que remataría la independencia de Sudamérica al liberar el Alto Perú, lo que poco después pasaría a conocerse como República de Bolivia, nombre que tomó del propio Bolívar.

    Para entonces el libertador ya había sido nombrado dictador del Perú para terminar todas estas campañas, cargo que ostentó hasta 1826, cuando regresó a Colombia. Allí fue asistiendo a la progresiva desintegración de su sueño de Unión Hispanoamericana, defendido en el Congreso de Panamá de 1826. Bolivia se separaba de Perú, el propio Perú entraba en guerra con la Gran Colombia, al tiempo que Venezuela y Ecuador rompían esa confederación grancolombiana. Todo por lo que había luchado se vino abajo con gran rapidez.

    Tras un intento de asesinato que logró desbaratar su amante Manuelita Sáenz, la salud del Libertador fue mermando. Abandonó la presidencia de Colombia en enero de 1830 y murió meses después, tras conocer la noticia del asesinato del general Sucre en Santa Marta, un puerto fundado por Rodrigo de Bastidas trescientos años antes en las costas del caribe colombiano, en casa de un médico español que le había acogido cuando todos le daban la espalda.

    Esta es la vida, muy resumida por supuesto, de Simón Bolívar, uno de los personajes más importantes de la historia de España, de las dos Españas, de la chica y de la grande. Un personaje que ha hecho correr ríos de tinta, ha inflamado discursos y sobre el que se han llegado a construir ideologías políticas. Sólo pronunciar su nombre basta para dar pie a una discusión o a una agradable conversación sobre historia española y americana. Lo segundo, la agradable conversación, es lo que vamos a hacer hoy Alberto Garín y un servidor de ustedes en La ContraHistoria.

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  • Los romanos llegaron a Hispania de puro rebote como consecuencia de la segunda guerra púnica. Pusieron el pie aquí por vez primera en el año 218 a.C, combatieron a los cartagineses, que habían organizado una ambiciosa expedición para tomar Roma con Aníbal al frente y, ya que estaban, se quedaron. Aquello duró casi 20 años y a su término Roma se enseñoreaba ya de todo el levante y el sur peninsular. En ningún momento consideraron abandonar lo que tanto les había costado retener.

    Pero no eran los dueños de toda Hispania. Habían heredado los dominios que, hasta poco tiempo antes, ocupaban los cartagineses, pero no se conformaron con eso. Hispania era muy grande y quedaban ricos valles por conquistar más allá de los de los ríos Ebro y Guadalquivir. A eso mismo se afanaron en las décadas siguientes. Primero la emprendieron con Lusitania, luego con la Celtiberia y, más tarde, con los celtas que vivían en el extremo norte de la península.

    No fue una tarea sencilla. Rendir toda Hispania y convertirla en un trasunto de la propia Roma les llevaría casi dos siglos. Los celtas y celtíberos resultaron ser especialmente duros, por lo que hizo falta poner toda la carne en el asador y muchos legionarios. Tanto que, una vez tomada la región septentrional, tuvieron que acantonar una legión que pasaría siglos allí y terminaría convirtiéndose en la ciudad de León, a quien le debe el nombre.

    Pero mucho antes de eso tuvieron que emplearse a fondo desplegando a partes iguales diplomacia y fuerza bruta. Esto mismo es lo que vamos a ver hoy en La ContraHistoria.

    En El ContraSello:
    - Agatha Christie
    - Curiosidades sobre el quetzal
    - La carrera nuclear

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  • Uno de los momentos clave de la historia de España tuvo lugar hace 22 siglos, en el año 218 a.C. Se libraba entonces la segunda guerra púnica entre romanos y cartagineses y la península ibérica se convirtió en uno de sus teatros de operaciones más importantes.

    La vieja Iberia pertenecía hasta ese momento a la órbita cartaginesa por lo que es normal que se viese involucrada en el conflicto. Los romanos, con intención de cortar la retaguardia a Aníbal, que había partido de la propia Iberia para atacar Roma desde el norte, desembarcaron en Ampurias y desde ahí combatieron a los cartagineses. Para ello fundaron la ciudad de Tarraco y conquistaron la de Cartago Nova.

    La segunda guerra púnica acabaría en el año 210 a.C., pero los romanos ya no se irían de aquí. Incorporaron la tierra conquistada a su incipiente imperio y fueron, a lo largo de los dos siguientes siglos, conquistando el resto de la península. Sería una conquista lenta y llena de inesperados quiebros a la que le sucedió la romanización y la asimilación. Iberia se transformó en Hispania, sus gentes adoptaron el latín como lengua y se integraron en el entramado comercial y político del mayor imperio del mundo antiguo.

    Hispania sería romana durante seis siglos, pero ya nunca abandonaría el latín, que se transformaría con el correr de los siglos en un puñado de lenguas romances. Tampoco dejaría el cristianismo, una religión que entró en Hispania en los últimos siglos del imperio, ni el derecho, el alfabeto, el arte o la filosofía. Todo lo que vendría después sería una herencia, una reinterpretación de la partitura que empezaron a tocar los Escipiones a finales del siglo III a.C.

    En El ContraSello:
    - Reyes de Castilla y de León
    - La Confederación del Rin
    - El siglo de Oro
    - La toma de Gibraltar
    - La operación Market Garden

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  • Pocas historias cautivan tanto la imaginación de los aficionados a la historia medieval como la guerra de los cien años que, aunque se le conozca con ese nombre, en realidad duró 116 años, 4 meses, 3 semanas y 4 días. Con semejante duración ninguno de los que la empezaron la vieron terminar. Fue una guerra tan larga que, dentro de la misma, se produjeron otras guerras tanto en el mismo foco del conflicto -el reino de Francia-, como en los reinos cercanos.

    En la guerra de los cien años terminaron interviniendo, ya del lado de los Plantagenet, ya de los Valois, reinos como el de Castilla, el de Bohemia, el de Navarra, el de Portugal, la república de Génova, el ducado de Borgoña o el mismísimo papado, que en esa misma época padeció su propia "guerra civil" materializada en un cisma entre las sedes de Roma y Aviñón.

    Cuando en 1453 los ingleses se retiraron de Aquitania y Normandía el mapa de Francia había cambiado para siempre, su corona se había refortalecido y, con ello, el feudalismo medieval comenzó una imparable decadencia. Desde ese momento los monarcas ingleses se olvidaron del continente y tuvieron que enfrentarse a problemas internos que romperían en la guerra de las dos rosas, que enfrentaría a la casa reinante de Lancaster y la de York durante otros 30 años.

    Tanto en Francia como en Inglaterra el conflicto dio alas a las identidades nacionales que surgieron con fuerza entonces y que, tiempo después, darían lugar a la Francia y la Inglaterra que conocemos hoy. Fue, en definitiva, un episodio capital en la historia de Europa que hoy vamos a conocer más a fondo en La ContraHistoria.

    En El ContraSello:
    - Las guerras carlistas
    - La formación de Uruguay
    - La importancia del patrimonio histórico

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  • Según el código de derecho canónico una herejía es la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católico, o la duda pertinaz sobre la misma. No es, como vemos, lo mismo que la apostasía, que implica el rechazo total de la fe cristiana, o el cisma, que supone dejar de estar sujeto al Sumo Pontífice. Para la iglesia la herejía siempre fue algo muy preocupante porque era la antesala del cisma y porque, por lo general, solía traer desórdenes. Los herejes no eran siempre mansos y razonables, a menudo todo lo contrario, de ahí que desde el cristianismo primitivo se persiguiese a los herejes y sus doctrinas con gran determinación.

    A lo largo de los casi dos mil años de historia del cristianismo ha habido centenares de herejías. Durante los primeros siglos fueron muy comunes, luego, con la conversión del emperador de Roma al cristianismo, la cosa se tranquilizó para volver con fuerza mil años más tarde, momento en el que emergió la herejía luterana que culminaría en un gran cisma.

    Pero no todas corrieron la misma suerte. La mayor parte de herejías tuvieron vidas breves, lo que les impidió constituir verdaderas amenazas para la iglesia católica, que vigilaba consciente de que una sola herejía debidamente agitada podía acabar con la propia iglesia.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a dar un repaso por las principales herejías cristianas desde los albores de esta religión hasta la irrupción del protestantismo en el siglo XVI, que resultó ser la herejía definitiva.

    En El ContraSello:
    - Fernando I de Habsburgo, el hermano de Carlos V
    - Los orígenes de León y Castilla
    - Los sobrenombres de los reyes

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  • La Biblia dice que son descendientes de Noe a través de Sem, su hijo primogénito. En otro pasaje bíblico se habla de Ismael, hijo de Abraham y hermano de Isaac que sería el antecesor legendario de lo que hoy conocemos como pueblo árabe. La madre de Ismael era una esclava egipcia llamada Agar, de ahí que a los árabes históricamente se les haya conocido como ismaelitas o agarenos.

    Eso en lo que toca a la parte bíblica, en los documentos históricos la primera mención a los árabes aparece en el siglo IX a.C. como una serie de tribus nómadas o seminómadas que vivían al sur de Mesopotamia y al este de Egipto, es decir, en los desiertos de la actual Arabia. Esa circunstancia les daría sus dos apelativos más célebres: sarracenos y árabes, ambos significan gente del desierto.

    Desde su aparición en la historia ya no se les pierde la pista. Hubo árabes en los imperios asirio y babilonio, en el aqueménida, en el seléucida, en el parto y, por supuesto, en el imperio romano. Llegó incluso a haber un emperador en el siglo III d.C. que atendía al nombre de Filipo el Árabe.

    Cuatro siglos más tarde el destino tenía reservado a este pueblo que vivía en los márgenes de la civilización ser protagonista de un hecho de gran trascendencia histórica; la revelación islámica, que se produjo en el corazón de Arabia a principios del siglo VII, en el año 610 exactamente, cuando a un pastor de La Meca llamado Mahoma se le apareció el arcángel Gabriel en una cueva.

    Desde ese momento, y poseídos por el fervor religioso, los árabes se expandieron hacia el norte acabando con el imperio persa sasánida, que llevaba cuatro siglos establecido en el solar del antiguo imperio parto. Ese sólo sería el principio. A costa del imperio bizantino se extendieron por todo el norte de África, liquidaron la Hispania visigoda e irrumpieron en las estepas centroasiáticas.

    El viejo mundo no volvería a ser el mismo. La influencia de los árabes y del islam ha sido determinante en el último milenio y medio de historia. Pero no todos los árabes son musulmanes, ni todos los musulmanes son árabes. Este y otros muchos temas sobre la historia de este pueblo vamos a tratar hoy en La ContraHistoria junto a Alberto Garín.

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  • Es un país inmenso, de casi tres millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a Francia, España, Suecia, Alemania, el Reino Unido, Polonia e Italia juntas. Es el mayor del orbe hispano, el cuarto más extenso de América y el octavo del mundo. Es además extraordinariamente largo, casi 4.000 kilómetros desde el extremo norte que supera el trópico de Capricornio hasta la Tierra del Fuego, ya en las puertas de la Antártida. Un auténtico continente en sí mismo con gran variedad de climas y paisajes sobre cuyo solar pudieron haberse formado varios Estados, pero sólo cristalizó uno: la actual República Argentina.

    Inventar un prodigio semejante no fue algo rápido ni sencillo. Desde la implosión del virreinato del Río de la Plata, cuya capital estaba en Buenos Aires, al nacimiento de la república, transcurrieron varias décadas presididas por la inestabilidad y las continuas tensiones territoriales. No fue, por lo tanto, un país que se hizo contra España como había sucedido en Norteamérica, donde los Estados Unidos se hicieron contra Inglaterra. Se hizo contra sus propios fantasmas internos a los que consiguieron sobreponerse.

    A Argentina le hizo falta algo más de tiempo para formarse y consolidarse como república, más de medio siglo desde la ruptura con la Corona. Tras ello vendría un periodo de paz, prosperidad y crecimiento que puso a este país a la cabeza del mundo. Pero eso nunca hubiese sido posible sin que todos los ingredientes previos se hubiesen agitado y mezclado del modo en que lo hicieron.

    Hoy en La ContraHistoria vamos a sumergirnos en la infancia de la República Argentina y a descubrir cuándo, cómo y por qué vino al mundo.

    En El ContraSello:
    - Batlle y su influencia en Uruguay
    - Bolívar y Santander
    - La expulsión de los alemanes del este

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