Episódios
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La fórmula que escuchamos en cada misa —«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo...»— aparece ya en san Pablo. Pero cuando Pablo la escribió todavía no existía casi nada del Nuevo Testamento y faltaban tres siglos para Nicea. ¿Cómo llegó a expresar una fe tan plenamente trinitaria?
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Éxodo 19 es una de las grandes teofanías de toda la Biblia: fuego, trueno, nube, temblor… y Dios descendiendo sobre el Sinaí. Un recorrido exegético por el texto que está detrás del Pentecostés cristiano.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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Estão a faltar episódios?
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La Ascensión no habla simplemente de un Jesús que “se fue al cielo”.
Las lecturas de este domingo muestran algo mucho más grande: Cristo llena el espacio entre Dios y el hombre, y ese espacio ya no está dominado por poderes oscuros, sino por una humanidad nueva llamada a formar el cuerpo visible de Cristo.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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¿Qué sostuvo realmente la fe cristiana durante 2000 años?
No sólo un sistema de pensamiento, por bello que sea, sino una experiencia vivida: la presencia de Dios en la historia.
En este sexto domingo de Pascua reflexionamos sobre el Espíritu Santo como Paráclito: presencia que consuela, intercede y sostiene.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar -
En el discurso de la última cena, Jesús pronuncia una de sus frases más conocidas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Pero ¿qué significa realmente?Muchas veces entendemos estas palabras como una promesa para el futuro: Jesús nos llevará al cielo, nos preparará un lugar, y allí encontraremos la vida definitiva.
Sin embargo, el evangelio de Juan va más allá. Frente a la expectativa de una salvación “después”, Jesús señala un camino que comienza ahora mismo.
Él no solo muestra el camino: es el camino. Y ese camino no consiste en una ley o en un sistema moral, sino en su propia vida entregada —la misma que acaba de revelar lavando los pies a sus discípulos.
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El evangelio de Jn 14,1-12 suele llevarse toda la atención del domingo V, pero la primera lectura de Hechos 6 es uno de esos textos donde vemos a la Iglesia “en estado naciente”, enfrentándose a problemas reales.No hay una comunidad ideal ni una estructura ya resuelta. Hay tensiones, hay desigualdades, hay ruptura de la comunión… y, precisamente por eso, hay que tomar decisiones.Este video, reprocesado de uno anterior, habla de lo que solemos llamar “la institución de los diáconos”. Pero ese texto es más rico que una simple organización de tareas. Aquí la Iglesia hace algo decisivo: responde a un problema concreto creando una forma nueva de vida comunitaria.Y al mismo tiempo ocurre algo aún más profundo: empieza a nombrarse a sí misma de una manera nueva. La palabra “discípulo” irrumpe con fuerza, no como un simple término heredado, sino como la forma en que la comunidad comprende su relación con Jesús.Este vídeo se centra en ese doble movimiento:– la invención de estructuras para sostener la comunión– y la aparición de un lenguaje nuevo para expresar la fePorque la Iglesia no nace con todo resuelto: aprende caminando a seguir a un Jesús que es camino.
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Este cuarto domingo de Pascua, tradicionalmente llamado “del Buen Pastor”, nos pone delante uno de los textos más conocidos del Evangelio de Juan… pero quizá también uno de los más mal leídos.Porque, aunque la imagen del pastor es central, el propio texto nos invita a fijarnos en otra figura que solemos pasar por alto: la puerta.
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En Emaús no falta información… falta una mirada nueva. ¿Cómo se aprende a reconocer a Jesús?
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El evangelio del segundo domingo de Pascua (Juan 20) nos presenta el conocido episodio de Tomás, que suele interpretarse como una oposición entre ver y creer. Sin embargo, el texto dice algo mucho más profundo.
“Bienaventurados los que crean sin haber visto” no es una invitación a la credulidad ni a aceptar cualquier cosa. La fe cristiana no se apoya en visiones privadas ni en fenómenos extraordinarios, sino en el testimonio apostólico y en el escudriñamiento de la Escritura.
Leído en su conjunto, todo el capítulo 20 de Juan desarrolla una misma idea: la fe nace cuando el signo es comprendido a la luz de la Palabra. No basta con ver; es necesario interpretar desde la Escritura, como hicieron los primeros discípulos.
Por eso nuestra fe no es inferior a la de ellos, sino distinta: nosotros no hemos visto los signos, pero participamos de la fe apostólica que los interpretó.
Además, el relato nos muestra algo esencial: la resurrección no es solo una realidad futura, sino una presencia activa en la Iglesia. El Resucitado deja dones concretos: la paz, el Espíritu y el perdón. Y en ellos se manifiesta ya la vida nueva.
Un texto profundamente eclesial, que no habla solo de Tomás, sino de la fe de todos los creyentes.
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En el quinto domingo de Cuaresma (ciclo A), el evangelio de la resurrección de Lázaro nos introduce en el gran símbolo de la vida, culminando el recorrido catequético del agua (la samaritana) y la luz (el ciego de nacimiento).
Pero este no es simplemente un relato de milagro. Es uno de los textos más densos del evangelio de Juan, porque articula el “libro de los signos” con el comienzo de la “hora” de Jesús, es decir, su pasión.
En el centro aparece una revelación decisiva:
«Yo soy la resurrección y la vida».Sin embargo, el evangelio nos muestra algo desconcertante: esa revelación no es comprendida. Marta cree… pero no entiende. María cree… pero desde otro lugar. Y nosotros nos reconocemos en ambas.
Además, el texto nos lleva a un punto inesperado: la vida que Jesús anuncia no se revela como poder espectacular, sino en su conmoción ante la muerte. Dios no se presenta como quien evita el dolor, sino como quien lo atraviesa.
Jesús llora. Y en ese llanto se revela quién es realmente Dios.
Este pasaje nos obliga a replantear qué significa creer, qué significa la vida que Dios ofrece, y cómo esa vida pasa —inevitablemente— por la muerte.
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En el cuarto domingo de Cuaresma —el domingo de Laetare— la liturgia nos propone el relato del ciego de nacimiento (Jn 9), uno de los textos más densos y simbólicos del Evangelio de Juan.
La escena desarrolla uno de los grandes símbolos bíblicos: la luz. Cuando la luz aparece, revela la verdad de las personas: unos avanzan hacia ella y otros prefieren permanecer en la oscuridad. Por eso este capítulo puede entenderse como un verdadero “juicio por la luz”.
A lo largo del relato seguimos también el camino interior del antiguo ciego, que poco a poco va descubriendo quién es Jesús. Primero habla de “ese hombre que se llama Jesús”, luego lo reconoce como profeta y finalmente llega a la confesión plena: “Creo, Señor”.
Este crecimiento de la fe convierte al ciego en una figura del discípulo, alguien que no repite fórmulas aprendidas sino que habla desde su propia experiencia con el Señor.
El evangelio nos recuerda así algo esencial para la vida cristiana: la fe comienza siempre en un encuentro con Jesús. Solo a partir de ese encuentro tienen sentido las fórmulas, la doctrina y la vida de la Iglesia.
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En el III Domingo de Cuaresma (ciclo A) la liturgia nos propone el relato de la samaritana (Juan 4), uno de los textos más bellos y complejos del cuarto evangelio.
Este diálogo no es un intercambio improvisado: es un auténtico camino de revelación. Desde el sencillo “Dame de beber” hasta el solemne “Yo soy”, el texto nos conduce por una serie de pruebas, malentendidos y elevaciones sucesivas que transforman la pregunta religiosa fundamental: ya no se trata de dónde adorar, sino de cómo quiere Dios ser adorado.
El agua viva, el don de Dios, el Espíritu, el culto “en espíritu verdadero” y la confesión final de fe forman un itinerario profundamente catecumenal, en plena sintonía con la Cuaresma.
Un texto de enorme densidad simbólica que, leído con atención, revela un optimismo sorprendente: la verdad de Dios es fecunda allí donde se la deja actuar.
Los que deseen explorar en los cursos de Biblia del canal, pueden verlos en: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=cr_17229
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Una exégesis completa de La Samaritana (pdfs en la descripción):
La Samaritana I: https://youtu.be/V8NER-8RUaw
La Samaritana II: https://youtu.be/WahrF7KmJo8
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En el segundo domingo de Cuaresma (ciclo A) contemplamos la Transfiguración según san Mateo. Pero leída desde la liturgia —antífona, colecta y prefacio— la escena cambia de perspectiva: no es una evasión luminosa, sino una revelación en medio del anuncio de la cruz.
San Mateo organiza el relato en torno a la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado… escuchadlo». No manda hablar, no manda construir tiendas, manda escuchar. La gloria no es para quedarse en ella, sino para comprender el camino.
Con la ayuda del sermón 78 de san Agustín, descubrimos que la verdadera blancura no es la de las vestiduras del Señor, sino la de las buenas obras. El cristiano no vive en la montaña: su lugar es el llano.
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Sinopsis de los 3 relatos sinópticos:
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El relato de las tentaciones no es primero un manual para “resistir al demonio”, sino la acreditación mesiánica de Jesús. En el desierto se juega algo decisivo: qué significa ser Hijo, qué significa tener poder, qué significa adorar solo a Dios. Contemplamos a Cristo antes de aplicarlo a nosotros.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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El Sermón del Monte no es un conjunto de nuevas leyes más exigentes. Es una escuela de discernimiento.
Jesús no abolió la ley: la llevó del papel al corazón, y del corazón al diálogo con el Padre.
En este video recorremos la unidad del Sermón del Monte y el sentido profundo de sus antinomias.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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En este V Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) seguimos avanzando, paso a paso, en el Sermón del Monte. Las lecturas de hoy están atravesadas por una imagen central: la luz… y, junto a ella, la sal.
¿En qué sentido dice Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo” y “la sal de la tierra”?
No se trata simplemente de “ser buenas personas” o de hacer buenas obras en sentido genérico, sino de entrar en la sabiduría de la cruz: el despojamiento de uno mismo, la alianza con lo débil y con el sufrimiento del mundo.
Solo desde ahí la vida cristiana puede convertirse en luz que ilumina y sal que no se corrompe, para gloria del Padre.Los que deseen explorar en los cursos de Biblia del canal, pueden verlos en: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=cr_17229
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En la reflexión de esta semana en el Sillón Bíblico, nos adentramos en el Sermón de la Montaña para desgranar la arquitectura espiritual de las Bienaventuranzas.
Tras explorar la cuidada organización poética que San Mateo da a este pasaje, nos detenemos en el corazón de la propuesta de Jesús. Analizamos dos conceptos fundamentales que articulan la vida del creyente:
Los «pobres en el espíritu»: ¿Se trata de una carencia o de una apertura total a la gracia?
La «justicia»: Entendida no como norma humana, sino como la fidelidad a la alianza divina según el modelo de fidelidad del propio Jesús.
Lecturas:
So 2,3;3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre.
Sal 145,7.8-9a.9be-10: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
1Co 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo.
Mt 5,1-12a: Bienaventurados los pobres en el espíritu.
Catequesis de Papa Francisco sobre las Bienaventuranzas:
https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=cp_20291
También pueden descargarse en pdf de aquí:
https://mega.nz/file/IJVzyICI#8izOiy0u1wb72LIGY2feMZtSP0KFIN4jkBW2Ezzeqfg
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El domingo III del Tiempo Ordinario es también el inicio de la lectura en secuencia del evangelio del año, que n el ciclo A es San Mateo. Por eso es una buena ocasión para introducirnos globalmente al evangelio, cuál es su forma de presentar a Jesús y sus aspectos importantes a tener en cuenta en la lectura que haremos en el año.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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El segundo domingo del Tiempo Ordinario puede leerse como un verdadero domingo de confesión de fe.Después de la Epifanía, la Iglesia no solo celebra que Jesús se ha manifestado, sino que comienza a decir quién es Él.En este vídeo del Sillón Bíblico recorremos ese camino de descubrimiento:0:00 - El segundo domingo como "domingo de la confesión"6:06 - Las múltiples dimensiones de la Epifanía11:09 - El lento reconocimiento de Jesús por parte de la Iglesia,21:32 - El papel decisivo del escudriñamiento de las Escrituras,29:28 - El testimonio de Juan el Bautista.A partir de las lecturas de Isaías 49,3.5-6, Salmo 40 (39 en la liturgia) y el Evangelio de Juan 1,29-34, nos detenemos en una de las afirmaciones más densas de todo el Nuevo Testamento:“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.Confesar la fe no es repetir fórmulas: es llegar a reconocer, poco a poco, quién es Jesús y qué significa su presencia para la salvación del mundo.Recuerda que este canal no monetiza ni tiene publicidad, los que deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través de este link: https://www.eltestigofiel.org/donar
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Cada 1 de enero la liturgia nos regala la bendición de Números 6,24-26. Un texto breve, cuidadosamente construido, recitado diariamente en el templo de Jerusalén y centrado en el don supremo de Dios: la paz. Una lectura bíblica, literaria y teológica de una de las joyas del Pentateuco.Los que deseen explorar en los cursos de Biblia del canal, pueden verlos en: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=cr_17229
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