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  • Investigadores argentinos desarrollaron una aplicación móvil denominada “Huka” para monitorear los efectos de la pesca recreativa, una actividad que impacta sobre especies frágiles. Para conocer más en detalle la iniciativa Leonardo Venerus, investigador del Conicet en el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos del Centro Nacional Patagónico, dialogó con Sintonía Verde.

    El proyecto ideado por especialistas del Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana, el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas, el Conicet y miembros de las universidades nacionales del Centro de la Provincia de Buenos Aires y Tecnológica Nacional - Regional Chubut busca realizar un seguimiento sobre las especies objetivo para luego desarrollar protocolos de conservación adecuados y brindar herramientas útiles para los pescadores.

    En este sentido, Venerus indicó que Huka permite al usuario “tomar fotos de las capturas, completar alguna información adicional sobre el número de caña, modalidad y número de especies cosechadas”, con el propósito de brindarle a los pescadores una “bitácora digital”. Además, la aplicación cuenta con un sistema de “ranking” de acuerdo a la modalidad de pesca.

    De acuerdo a los beneficios científicos de la aplicación, Venerus señaló que habilita identificar, “las características biológicas y ecológicas de las especies que son blancos de estas actividades y de la dinámica de la pesquería en sí misma”. Sin embargo, una función central corresponde al ámbito de la “ciencia ciudadana”, es decir, que “la persona que está desarrollando la actividad pueda enviar información a través de la aplicación y ésta sea utilizable con herramientas científicas”.

    Por último, Venerus anunció que Huka se encuentra actualmente desarrollada en una versión Beta para Android y se prevé su lanzamiento para los próximos meses luego de las últimas pruebas y ajustes de funcionamiento.

    Idea, guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Franchi Caramello – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • En la localidad cordobesa de Colonia Caroya, la escuela Olga Cossettini edificó sus primeros 450 metros cubiertos con 70 mil botellas plásticas recicladas y lana de oveja no industrializable. El sistema empleado permitió que toda la comunidad educativa participe de la construcción. Para conocer más en detalle la iniciativa Emilse Vettori, arquitecta y representante legal de la institución, dialogó con Sintonía Verde.

    Vettori indicó que el establecimiento se encuentra dentro de un predio de producción agroecológica “donde los niños tienen pleno protagonismo y la familia y la comunidad son parte activa de la escuela. Lo que deseamos transmitir es educar, pensar, sentir y hacer. Además, ser sustentables en el uso de los recursos y cuidadosos del entorno”.

    En este sentido, la arquitecta señaló que la construcción realizada con botellas Pet en las paredes y el recubrimiento de lana de oveja no industrializable en el techo “forma parte de la economía circular y la agricultura regenerativa”, ambos objetivos del proyecto educativo.

    De acuerdo a los beneficios de este sistema, Vettori subrayó “la velocidad de ejecución, lo liviano que son los materiales utilizados y la posibilidad de trabajar con las mismas familias en la autoconstrucción, ya que no se requirió mano de obra especializada”.

    Por otra parte, resaltó que a “largo plazo creemos que el confort climático de incorporar todas estas aislaciones va a derivar en un mayor confort, en un menor uso de energías y vamos a tener menores costos de mantenimiento”.

    Por último, Vettori sostuvo que “estamos viviendo un momento de falta de lluvia, de calores extremos, de fríos extremos. Entonces, tener un acondicionamiento de los espacios para vivir sin depender totalmente de las energías no renovables es primordial”.

    Idea, guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Franchi Caramello – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

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  • Científicos argentinos crearon una “cámara de secado solar” con el objetivo de agregar valor a las producciones de frutas y hortalizas en las provincias del norte, como también fortalecer las capacidades productivas y asociativas de productores frutihortícolas de las comunidades originarias. Para conocer más en detalle el proyecto Gonzalo Durán, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional, dialogó con Sintonía Verde.
    Durán explicó que “los deshidratadores solares permiten obtener un alimento que se deshidrata a una tasa más rápida y con un mejor producto final de lo que se obtendría en condiciones ambiente o a cielo abierto. El deshidratador solar lo que hace es reacondicionar el aire, cambiar sus propiedades físicas para que la evaporación de agua desde el producto hacia el aire se realice de forma más eficiente”.
    Por otra parte, el científico indicó que “en el norte existen condiciones ambientales que son óptimas para el secado solar. Usualmente tenemos días con buena intensidad de radiación solar a nivel energético. Estamos hablando de 700 a 1000 vatios por metro cuadrado de radiación solar global sobre una superficie de suelo y con condiciones de humedad relativa de ambiente bastante bajas”.
    En cuanto a su funcionamiento “un secador solar tiene una cámara donde se coloca el producto y circula aire. Ese aire en contacto con el producto larga vapor de agua y lo lleva nuevamente al ambiente. De esa forma, el producto no está sometido a las inclemencias del viento, no se ensucia y no está en contacto con insectos ni con roedores como si puede suceder bajo un secado a cielo abierto”.
    Por último, Durán señalo que desde hace varios años vienen trabajando en “desarrollos tecnológicos junto con actores de la comunidad. Las actividades de nuestro grupo, se centran en la generación de energía de lo que físicamente se llama ´energía de baja entalpía’ destinada a usos productivos. Uno de esos usos productivos es el deshidratador solar”. Idea, guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Franchi Caramello – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • En los últimos años, las empresas de nueva generación denominadas “startup” avanzaron en el campo ambiental con el objetivo de mitigar los efectos del cambio climático en el sector agropecuario. Para conocer la modalidad de estos emprendimientos y las ventajas de las soluciones que proponen, Tatiana Malvasio, directora y co- fundadora de Kilimo, dialogó con Sintonía Verde.
    Malvasio indicó que las empresas climatech, entidades basadas en el uso de tecnología en el área ambiental, tienen como objetivo brindar “soluciones climáticas y trabajar en la adaptación al cambio climático”.
    En esta ocasión, Kilimo se dedica a la “recomendación de riego” a productores a través de una aplicación móvil, la cual utiliza big data con “datos provenientes de fuentes climáticas, satelitales e información proveniente del área de cultivo”.
    Una de las ventajas de esta plataforma, según Malvasio, es realizar un “balance hídrico y calcular cuánta agua consume el cultivo, cuánta se desperdicia y cuál es la cantidad necesaria para el desarrollo ideal en cada una de las etapas”.
    Por otra parte, estas iniciativas cuentan con “proyectos de compensación climática” destinados a otorgar “un incentivo a los productores” a partir de “validar cuánta agua efectivamente ahorraron.”
    Por último, Malvasio enfatizó sobre la necesidad de una “producción de alimentos sustentable y resiliente”, una de las resoluciones de la COP 28 donde Kilimo participó junto a la delegación chilena. Idea, guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Franchi Caramello – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Con la llegada del fenómeno meteorológico El Niño, especialistas prevén un verano con abundantes precipitaciones, temperaturas mínimas bajas y sin presencia de “olas de calor”. Para conocer más en detalle el pronóstico para la época estival, Matilde Rusticucci, investigadora del Conicet y docente del departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA, dialogó con Sintonía Verde.

    Rusticucci señaló que para los meses de diciembre, enero y febrero se prevé “mucha lluvia en el este-norte de nuestro país. Con respecto a la temperatura, observamos en general noches y mañanas muy frías y no se esperan temperaturas máximas muy elevadas para el resto del día. Vamos a tener un verano con mucha lluvia, cielos nublados y temperaturas no tan elevadas”.

    Respecto al resto del país, para el noroeste argentino “se pueden tener temperaturas muy altas” a diferencia de la región patagónica donde “no se esperan extremos de calor o frío y en principio se prevé un déficit de precipitaciones”.

  • Científicos del Instituto de Biodiversidad Neotropical de Tucumán elaboraron un índice de calidad del agua para diagnosticar el “estado sanitario” de los ríos y arroyos de la región de Yungas. El método de medición puede incluso ser aplicado por la comunidad circundante a los caudales de agua. Para conocer más en detalle Celina Reynaga, bióloga y miembro del organismo, dialogó con Sintonía Verde.

    Reynaga explicó que “los índices bióticos se utilizan para determinar la calidad de un sistema en base a los organismos que viven en él. Si se encuentran o no en ese sistema, podemos decir si tiene buena calidad ecológica o no. En este caso, utilizamos insectos acuáticos para determinar la calidad ecológica del agua en arroyos de yungas”.
    Por otra parte, la científica señaló que confeccionaron “una herramienta práctica que denominamos ´la ruedita”, que permite gráficamente identificar a los organismos que encontramos en los ríos y tiene como señalizado los pasos a seguir”.


    Actualmente, el equipo de investigadores lleva adelante junto a escuelas de la zona diversas actividades para medir la calidad del agua.

    Por último, Reynaga indicó que junto al área de ruralidad del ministerio de Educación provincial continuarán “manteniendo estas experiencias de educación ambiental y de ofrecerle a la comunidad, lo que nosotros llamamos la sociabilización de la ciencia”.

    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Científicos del Conicet y de la Universidad Nacional de Córdoba desarrollaron el primer electrolizador fabricado íntegramente en el país, una tecnología que aprovecha a gran escala la energía eólica y solar. Para conocer más en detalle la iniciativa Esteban Franceschini, investigador de Conicet en el Instituto de Investigaciones Físico Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba, dialogó con Sintonía Verde.

    Franceschini explicó que “un electrolizador es un equipo que se alimenta de energía eléctrica y agua, lo cual permite separar la molécula de agua en hidrógeno y oxígeno obteniendo hidrógeno verde. Es decir, un gas combustible que se produce sin emisiones de dióxido de carbono a partir de una fuente renovable”.

    Actualmente, el equipo de investigadores lleva adelante dos proyectos “uno de escala media para el desarrollo de un electrón de 9 kilowatts pensado para la industria minera y otro electrolizador de un millón de kilowatts desarrollado en conjunto con YTEC”.

    El científico señaló que el primer prototipo cuenta “con componentes mayoritariamente nacionales. Incluso acompañamos a los proveedores locales en el desarrollo de ciertas piezas generando un fuerte trabajo regional”.

    Por último, Franceschini resaltó la importancia del hidrógeno verde “en el campo de la electromovilidad, la producción de compuestos químicos para el agro y la descarbonización de las industrias especialmente dentro de la rama siderúrgica”.

    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • En la provincia de Neuquén, un médico veterinario desarrolló troncos con residuos frutales que producen la misma energía que la leña y el carbón. Para conocer más en detalle la iniciativa José Alberto Aramberri, fundador de Biót, dialogó con Sintonía Verde.

    Para Aramberri en el mercado “no hay un biocombustible sólido y sustentable de esta índole. ¿Qué quiere decir sustentable? Que yo no corto el árbol, ni el tronco, ni la rama, usó la producción del árbol: el fruto”.

    De este modo, explicó que el producto está compuesto “de manzanas y jugo, es decir, son los desechos de las jugueras y las sidreras. Estas industrias se quedan con el jugo de la pera y la manzana y el resto se desecha. A mí me llega el orujo con un 80% de agua y un 20% de sólido”.

    Una vez que los residuos llegan a la chacra, Aramberri comienza con el proceso de drenaje: “primero le doy forma a esa biomasa y dejo el pan a la intemperie en una superficie de cuatro hectáreas hasta quedar seco. Esto puede tardar más o menos según la época del año”.

    Respecto a cómo nació el proyecto, su inventor señaló que para medir las kilocalorías envío al INTI “un trozo de orujo seco y dio como resultado 4254 kcal, con lo cual comparado con otras leñas de árboles es muy significativo. E incluso es casi similar al carbón”.

    Por último, Aramberri destacó que los bio troncos tienen en relación a la madera “la virtud de encender rápido, la producción de muy poco humo, una llama alta para hacer algo a la estaca o al asador y no transmite aromas y sabores”.

    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Científicas y científicos de la Universidad Nacional de Córdoba, con el apoyo de YPF-Tecnologías y el Conicet, desarrollaron baterías de litio y azufre de última generación con el agregado ecológico del pelo de vaca como biocarbón. Para conocer más en detalle la iniciativa Victoria Bracamonte, Doctora en Química y miembro del proyecto, dialogó con Sintonía Verde.
    Bracamonte explicó que “el pelo que se saca de los cueros hoy tiene como fin la deposición en enterramiento. Entonces, nosotros tomamos un residuo que no tiene valor y realizamos un proceso de lavado y lo llevamos a altas temperaturas en ausencia de oxígeno y con eso formamos un biocarbón, al cual le agregamos azufre que es lo que luego utilizamos para producir las baterías”.
    “Actualmente las baterías son de ion de litio, eso significa que contiene grafito y un cátodo con níquel, cobalto, manganeso. Todos metales que son contaminantes y costosos. En cambio, las baterías de litio-azufre, que se llaman de próxima generación, de un lado tienen litio y del otro azufre. Este tiene que estar soportado en un carbón y nosotros lo que desarrollamos es ese carbón a partir del pelo de vaca”, señaló la científica.
    Por último, Bracamonte indicó que “las baterías de próxima generación son más baratas y permiten almacenar más energía en menos volumen. Por tanto, podrían utilizarse no solamente en autos o teléfonos sino en medios de transportes más grandes, como pueden ser, trenes y aviones. Otra ventaja es la utilización del litio, ya que en Argentina tenemos grandes yacimientos de salmuera en el norte del país”. Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • La empresa estatal AySA y la Facultad de Agronomía de la UBA pusieron en marcha una planta de tratamiento de líquidos cloacales con microalgas, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y producir biofertilizantes a partir de la biomasa obtenida del líquido cloacal. Para conocer más en detalle la iniciativa Carolina González, bióloga y miembro del centro de investigaciones de la empresa pública, dialogó con Sintonía Verde.
    González indicó que “las microalgas son organismos fotosintéticos que utilizan nitrógeno y fósforo que son componentes que están disueltos en aguas residuales y que sirven para el desarrollo de sus funciones naturales y permiten incrementar su biomasa. Además, captan dióxido de carbono disuelto en la atmósfera relacionado con el efecto invernadero”.
    De acuerdo a los beneficios de esta técnica, la bióloga expresó que “tiene como pilar el enfoque de la Economía Circular porque estamos aprovechando un producto que habitualmente no se utiliza para desarrollar un biofertilizante o bioestimulante vegetal. Por tanto, estamos captando los nutrientes que son perjudiciales en cualquier líquido residual y contaminan”.
    “La cantidad de agua que actualmente estamos depurando ronda aproximadamente los 12 metros cúbicos por día de acuerdo a la metodología empleada en relación al uso de microalgas unicelulares o filamentosas”. En relación a estas últimas, Gonzalez señaló que se está en presencia de un procedimiento “innovador, ya que estamos evaluando su eficiencia en la captación de nutrientes”.
    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Científicos de la provincia de Santa Fe desarrollaron bioinsumos y biopreparados a partir de materias primas de origen natural para uso en la producción agropecuaria y en especial para pequeños productores. Para conocer más detalles de la iniciativa Federico Pognante, ingeniero agrónomo y Técnico Profesional del Instituto Nacional de Agricultura Familiar Campesina indígena, dialogó con Sintonía Verde.
    Pognate señaló que se encuentran elaborando tanto “una línea de fertilizantes sólidos y líquidos como biorepelentes, fungicidas y fitoterápicos con productos biológicos y a base de insumos naturales que no contaminan el ambiente y generan una simbiosis entre agentes que no son químicos”.
    Actualmente la biofábrica produce “unos 200 litros de fertilizante líquido por mes para ser aplicado en unas 20 hectáreas. Además, en este último mes se produjo unos 400 litros de extracto fermentado de ortiga para almacenaje” explicó el científico.
    Por último, Pognate indicó que se encuentran llevando adelante “varios proyectos de investigación junto al Conicet, universidades y el INTA para validar estos productos y a largo plazo poder registrarlos en el Senasa para tener la posibilidad de ser comercializados”.
    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA desarrolló micro cápsulas de residuos de tallos y hojas de remolachas para añadirlas a galletitas y gomitas y lograr enriquecerlas en compuestos saludables. Para conocer más detalles de la iniciativa, Patricio Santagápita, miembro del Conicet y del grupo de científicos, dialogó con Sintonía Verde.

    Santagápita indicó que la iniciativa parte “de pensar la primera parte de la cadena productiva intentando evitar que aquello que en realidad es comida y que podríamos aprovechar, se pierda completamente, termine siendo basura, contaminación. Lo que nosotros hicimos es agarrar estas materias primas, estos desechos y extraer compuestos valiosos y reutilizarlos para que otra vez sean alimentos y reintroducirlos en la cadena alimentaria”.

    Desde la Ciencia de los Materiales, el equipo de investigación, desarrolló unas microcápsulas a partir de tallos y hojas de remolacha que se incorporan a los alimentos. “Estas cápsulas son como una especie de vehículo de los compuestos bioactivos que van a ejercer una actividad benéfica en el cuerpo cuando llegan al intestino grueso que es donde están las bacterias y lo pueden fermentar” indicó el científico.

    Por último, Santagápita señaló que “las cápsulas dependiendo de la formulación y del extracto que se utilice pueden ser más dulces, otras más neutras o tener un sabor un poco más astringente, por ejemplo, las que hacemos con extracto de alcaucil, suelen ser más astringentes, aunque el gusto siempre cambia de persona a persona”.

    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Científicos argentinos desarrollaron una tecnología de almacenamiento energético a partir de los residuos de la yerba mate, un producto cuyo consumo en Argentina asciende a 250 mil kilos al año. Para conocer más detalles del proceso de investigación y producción, Florencia Jérez, ingeniera química y becaria doctoral del Conicet en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, dialogó con Sintonía Verde.

    Jérez indicó que el proyecto busca generar carbones activados a partir de “residuos orgánicos como la yerba mate, ya que tienen una estructura porosa y permiten almacenar energía de forma física y retener contaminantes gaseosos como dióxido de carbono o también contaminantes acuosos como metales pesados o herbicidas”.

    A partir de la producción de estos carbones activados, se pueden desarrollar “supercapacitores que son una tecnología de almacenamiento que complementan a las baterías existentes. Estos supercapacitores pueden responder rápidamente cuando se tiene un gran pico de potencia o de demanda alargando la vida útil de las baterías”.

    Según la científica, estos dispositivos pueden ser aplicados en automóviles eléctricos, computadoras y celulares “debido a que todo dispositivo electrónico que contiene una batería tiene un súpercapacitor”. Por este motivo, “nuestra idea a largo plazo es poder reemplazar los supercapacitores importados con producción argentina”.

    Por último, Jérez señaló que se encuentran trabajando en ampliar la producción de los carbones activados utilizando yerba mate y otros residuos vegetales. La segunda etapa consiste “en la producción de los almacenadores de energía que no existen en Latinoamérica y poder abrir una fábrica”.

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  • Quanta una pyme de la localidad de Paraná, provincia de Entre Ríos, procesa por hora cerca de 300 kilos de plástico reciclado y los reutiliza para generar nuevos productos a partir de un sistema productivo sin contaminación ambiental. Para conocer más detalles del circuito de recolección y producción que lleva adelante la empresa, Javier Levy, responsable de Relaciones con la Comunidad, dialogó con Sintonía Verde.

    La pyme entrerriana abrió sus puertas en el año 1983 y desde sus inicios se dedicó a la fabricación de productos plástico, pero fue en el año 1998 cuando, según Levy, se empezó a conocer que “había todo un universo de materiales posibles de reciclar o recuperar. Por tanto, a partir del ´98 en nuestra empresa no entro nunca más un gramo de plástico virgen”.

    Por otra parte, Quanta “es una empresa que tiene un fuerte compromiso social. Trabajamos articulados en campañas con municipios, con organizaciones del sector civil, con clubes, escuelas y jardines de infantes, tratando los residuos que generan y entregándoles productos de plástico reciclado” indicó el responsable de Relaciones con la Comunidad de la pyme.

    Por último, Levy explicó que “el proceso de fabricación es muy artesanal. Se parte de la clasificación del material, el lavado y secado, la molienda, inyección y el armado final. Somos una empresa que hace todo el proceso de punta a punta concentrados en emitir la menor huella de carbono posible y en ser lo más amigables con el ambiente”.

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  • Un cultivo de girasol puede aumentar su rendimiento hasta un cuarenta por ciento a partir del entrenamiento sustentable de las abejas domésticas. En diálogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam Radio, Walter Farina, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Conicet, brindó detalles del proceso de investigación.
    Farina señaló que las abejas tienen la capacidad de “memorizar un olor particular sobre una flor que nunca visitaron a partir de la primera abeja que descubrió el lugar. A partir de ahí nosotros primero estudiamos cómo son las fragancias florales de los cultivos y luego desarrollamos un perfume sintético muy simple que para la abeja representa el olor floral de ese cultivo”.
    Según el investigador, la transferencia de información de olor floral de una a otra abeja está dada por un circuito que comienza “cuando el olor floral se mantiene en el tubo digestivo de la abeja que ingiere el néctar de la flor y a partir del intercambio de alimento forma en otra abeja una memoria olfativa hasta propagarse así a toda la colmena”.
    Por último, Farina indicó que la tecnología desarrollada “puede incrementar el rinde de la producción de semillas híbridas de cultivo de girasol entre un 25 y 40 por ciento”. Por este motivo, comenzaron a trabajar en nuevas plantaciones como “manzana, pera, arándano, kiwi y almendro ya que requieren del servicio de polinización mediados por abejas”.
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  • Investigadores de la Universidad Nacional de La Plata desarrollaron un robot que permite limpiar residuos en las primeras capas de flotación en ríos, lagunas y puertos. Asimismo, posee sensores que miden la calidad del agua detectando elementos contaminantes. En diálogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam, Juan Luis Rosendo, doctor en Ingeniería y miembro del proyecto, brindó detalles de la iniciativa.
    Rosendo explicó que el dispositivo limpia fundamentalmente “residuos plásticos, microplásticos que en general no son visibles y derivados de hidrocarburos a través de un barrido sistemático entre dos puntos GPS que permite también esquivar potenciales obstáculos que se le puedan cruzar”.
    Por otra parte, el robot cuenta con una “sonda multiparamétrica que mide distintos referencias de calidad de agua, pH, temperatura, conductividad, etc. Esto permite, por ejemplo, detectar algún afluente o algún elemento contaminante, saber de dónde viene ese elemento o donde está ubicado”.
    Por último, Rosendo indicó que se encuentran trabajando en “un vehículo de mayor tamaño, similar a un bote con motor fuera de borda, lo cual implica diversos desafíos de investigación como el sistema de control”.
    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • Investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto de la provincia de Córdoba desarrollaron un reactor que utiliza astillas de madera para generar hasta medio megavatio hora de energía eléctrica. En diálogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam Radio, Leonardo Molisani, doctor en Ingeniería y responsable del proyecto, brindó detalles de la iniciativa.
    Molisani explicó que el dispositivo “técnicamente es un gasificador que tiene cuatro etapas: la tapa de secado donde ingresan las astillas de madera; una segunda que se llama pirolisis que transforma las astillas en una especie de alquitrán o cadenas de carbono; posteriormente se genera una reacción de oxidación de alta temperatura; y finalmente una etapa de reducción donde se forma el gas de síntesis que pasa a un motor de combustión interna que tiene acoplado un generador y eso genera energía eléctrica”.
    Según el investigador, el reactor que “puede usar cualquier material orgánico que tenga menos de un 20% de humedad, como ser, marlo de maíz, de choclo o cáscara de maní” permite generar “medio megavatio hora de energía y eso, por ejemplo, alcanza para una industria pequeña o bien para un barrio de unas 500 casas con buena eficiencia energética”.
    Por último, Molisani indicó que se encuentran trabajando en una ampliación de la funcionalidad del reactor para reciclar otros desechos: “En Argentina entre el 2021 y 2022 se produjeron alrededor de 17 mil toneladas de plásticos fitosanitarios que por ley nacional no pueden salir de la provincia. Quizás un destino final sería poderlo transformar en otro material que le dé agregado de valor y resuelva el problema ambiental”.
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  • Un equipo multidisciplinario de la Universidad Nacional de Lanús desarrolló un dispositivo denominado Seucoo (Sensor Universitario de Dióxido de Carbono) para medir la calidad del aire en aulas y oficinas con el objetivo de evitar enfermedades respiratorias en la comunidad universitaria. En diálogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam Radio, Guillermo Andrade, director de la Licenciatura en Diseño Industrial de la UNLA, brindó detalles de la iniciativa.

    “El dispositivo sirve para censar la calidad de aire en las aulas y en las oficinas. Surgió a propósito de la pandemia pero después continuamos desarrollándolo debido a que las enfermedades respiratorias siguen vigentes y se transmiten a través del aire” explicó Andrade.
    A su vez, indicó que el sensor “mide la cantidad de partes por millón de dióxido de carbono en el oxígeno con lo cual a partir de un aumento en la cantidad detectada emite una señal de precaución, si continúa aumentando emite otra señal advirtiendo que sería necesario o liberar el espacio o ventilar”.

    Actualmente, tienen fabricadas 50 unidades: 25 de escritorio o para oficina y 25 para las aulas. Si bien, fueron testeadas por los equipos técnicos de la universidad , se espera la certificación del INTI para mayor certeza en el funcionamiento.

    Por último, Andrade señaló que “una vez instalados los equipos en la universidad estamos en condiciones de poder distribuirlos a otras. Nosotros lo pensamos originalmente como un equipo dirigido al cuidado de la salud de la comunidad universitaria”.

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  • Una de las causas de mortandad aviar en zonas urbanas o semiurbanas es la electrocución en los tendidos de alta y media tensión eléctrica. Para evitar este fenómeno, la Universidad Nacional de La Pampa elaboró cobertores con plásticos reciclados que se colocan en los cables de distribución de energía. En dialogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam Radio, Mariana Espíndola, coordinadora del programa UNLPAm Sustentable de la universidad pampeana, describió el proyecto que involucra la participación de la ciudadanía y la Fundación Karú Mapú.
    La iniciativa surgió a través de la presentación realizada en el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECyT) bajo la línea de Proyectos Federales de Innovación. Asimismo, el Programa UNLPam Sustentable se lanzó en el año 2018 llegando a recolectar a la fecha más 30 toneladas de plástico en los 43 municipios convenidos con la universidad.
    Espíndola señaló que a partir de plásticos de un solo uso se elaboraron “los cobertores son como un dispositivo plástico que hace que cuando las aves se posan en el tendido no se electrocuten. Esto lo venimos trabajando con el Centro de Estudio de Conservación de Aves Rapaces, que se especializa en la protección del águila coronada”.
    Por último, UNLPam Sustentable diseñó a partir de listones de madera plástica “un mobiliario urbano que se adapta a personas con movilidad reducida para ser instalado en espacios públicos”, indico Espíndola. El proyecto se enmarca en la línea “Proyectos Asociativos de Diseño y de Tecnologías para la Inclusión Social” de alcance provincial.Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán

  • En Argentina se producen más de 11 mil millones de litros de leche por año. Cerca del 40 por ciento se destina a la industria quesera, la cual desecha entre 80 y 90 por ciento de lactosuero, un subproducto con alto valor nutritivo en proteínas. Investigadores del Instituto de Tecnología de Alimentos perteneciente a la Universidad Nacional del Litoral (UNL) desarrollaron quesos untables y postres ocupando un 67 por ciento este residuo lácteo. En diálogo con Sintonía Verde, el podcast ambiental de Télam Radio, el Dr. Sergio Rozycki, uno de los responsables del proyecto, brindó detalles sobre el proceso de investigación, elaboración y beneficios de la iniciativa.

    Rozycki indicó que el lactosuero “es un efluente de difícil y costoso tratamiento. Incluso hay empresas que pagan hasta 20 mil pesos diarios para su retiro”. Además, “contamina mucho el ambiente sobre todo en la parte de la población circundante a una empresa quesera, por los olores nauseabundos que despide y también porque contamina los cauces de agua”.

    Por ello, desde el Instituto de Tecnología de Alimentos de la UNL comenzaron a buscar una solución sustentable y sostenible para las pymes queseras a partir de la utilización del lactosuero para la producción de queso untable y postres lácteos, cuyos consumos en el país ascienden a 40 mil y 60 mil toneladas por año, respectivamente.

    Actualmente, a los productos “le estamos agregando los compuestos bioactivos (calcio, hierro, zinc, vitamina C, etc.) para evaluar la funcionalidad, es decir, si ayudan a la salud y evitan el riesgo de enfermedades; continuamos con la parte sensorial especialmente por el agregado del hierro y resta saborizarlos”, señaló el investigador de la UNL.

    Por último, Rozycki expresó que las ventajas del proyecto son dos, por un lado, darle un tratamiento adecuado al lactosuero evitando que impacte en el ambiente y, por otro lado, “abaratar los costos de las empresas” debido al usufructo de un elemento que ya poseen y de productos de “buena venta en el mercado”.

    Guion y coordinación: Lorena Vazquez – Producción: Fabiana García – Locución: Mariana Cotto – Edición: Juan Coria – Diseño de portada: Jazmín Guzmán