Episódios
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En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Llevo casado veintiocho años, y hace once estoy luchando con las infidelidades de mi esposa. He perdonado mucho, pero hace tres meses, cuando aparentemente estábamos bien, ella me dijo que estaba cansada y que ya no me quería. Sacó cosas que le dije en el pasado que la hirieron mucho. Yo le dije que eso sucedió por la rabia de haber descubierto su adulterio.
»Ahora mismo ella está en otra relación, aunque vivimos juntos. La verdad es que no sé si luchar más o dejar las cosas así.... Ella dice que ya no cree en Dios, que le hice daño con las palabras.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»Sentimos mucho lo que ha estado afrontando. Debido a que no menciona ningún otro detalle, vamos a suponer que usted mismo no ha cometido adulterio, ni que ha maltratado a su esposa física o verbalmente.
»Cuando su esposa cometió adulterio la primera vez, ella quebrantó el pacto de fidelidad que tenía con usted. Eso quiere decir que el caso suyo se aplica a lo que estaba enseñando Jesucristo cuando dijo que la infidelidad es la única causa válida para divorciarse.1 Sin embargo, Él no lo estableció como mandamiento, así que los cónyuges pueden mantenerse juntos con tal que puedan perdonarse y permanecer fieles el uno al otro.
»Usted dice que su esposa ha estado cometiendo adulterio durante once años. Si tiene pruebas de eso, entonces usted ha demostrado que es un hombre muy paciente. Si usted ha sido fiel durante todo ese tiempo, entonces ya le ha dado a su esposa muchas oportunidades para cambiar. Por eso, si ella elige irse, entonces creemos que sería bíblicamente correcto dejarla ir. Sin embargo, es muy importante que usted consulte con un abogado en su país para enterarse de los derechos legales que lo favorecen.
»Otro profesional al que debe consultar es a un médico. El comportamiento de su esposa pudiera haberlo infectado a usted con una enfermedad de transmisión sexual.
»Usted menciona que su esposa ya no cree en Dios. Esa declaración implica que usted sí cree en Él. Creer en Dios es un buen comienzo, pero el siguiente paso que debe dar es hacerse su seguidor. El Dios de paz puede darle paz en el corazón a pesar de las circunstancias.
»De hecho, el Hijo de Dios, Jesucristo, dijo: “Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo.”2 Después de convertirse en seguidor de Cristo, pídale que lo dirija en cuanto a lo que debe hacer ahora. Permítale que lo guíe día a día.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 836.
Carlos Rey
1 Mt 5:32 2 Jn 14:27 (DHH)
Un Mensaje a la Conciencia
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(7 de abril: Día Internacional de la Salud)
Entre 1961 y 1962, el etnólogo cubano José Seoane Gallo entrevistó a 309 personas en la provincia de Camagüey, Cuba, sobre el tema de la medicina popular. Hubo diez de ellas que tuvieron algo que decir en cuanto al Mal de boca. Estaban de acuerdo en que es una infección, como una caspa o costra blanca que le sale en la boca a los niños pequeños. Héctor la describió como burbujitas blancas que llenan la boca, y Bernardo como «una zurrapita que cubre completamente la piel de la boca, con lengua y todo». Pero no estaban de acuerdo en cuanto a sus causas. «Lo produce la leche que toman —dijo Aurora—. Al niño de pecho se lo da la madre, y a los grandecitos la de vaca, que es la que toman. Es un mal de la digestión.» Guadalupe explicó que es «que la leche contiene un ácido que quema la piel de la boca», y Ana, que «es una infección que da la leche cuando la vaca ha comido alguna yerba mala». Clara Luz estaba convencida de que sucede cuando un niño descuidadamente se mete en la boca un peine con caspa. Basilia dijo que «proviene de mascar cáscara de plátano por algún descuido de la madre», y Lucía, que «proviene de la dentición». Héctor afirmó que «se debe a que se malea la constitución de la sangre». Y un campesino anónimo declaró que «proviene de que alguna pelusita de caspa de una persona mayor va a parar a la boca de un niño y se la contagia, porque... no es más que caspa en la boca».
En cuanto a la cura, sí que difieren los entrevistados. Todo depende del informante. «Se cura facilito», untando en toda la parte afectada miel de Castilla, o resina de piñón de botija, o una pastica que se hace con miel de abejas y bicarbonato de soda, o el zumo de un níspero movido, mezclado con bicarbonato y azúcar, o zumo de hojas de llantén; o dándole de tomar al niño ese mismo zumo o leche de vaca cortada; o lavándole la boca al niño con cocimiento de yerba mora o de hojas de guayaba; o haciendo buches de cocimiento de la flor de la rosa blanca, endulzado con miel de abejas y mezclado con un poquito de bicarbonato.1
Si hemos atendido a lo que dicen estos diez camagüeyanos en cuanto al Mal de boca físico, con mayor razón debemos atender a lo que dice Dios en cuanto al Mal de boca espiritual. «¿Cómo pueden ustedes que son malos decir algo bueno? —nos pregunta Jesucristo—. De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará.»2 ¡Con esto Dios nos da a entender que este mal es mucho más grave de lo que pensamos! Por lo tanto, hagamos todo lo posible por evitar el Mal de boca espiritual y pidámosle más bien a Dios que limpie toda la maldad de nuestro corazón, para que en el día del juicio nos absuelvan y no nos condenen nuestras palabras.
Carlos Rey
1 José Seoane Gallo, El folclor médico de Cuba: Provincia de Camagüey (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1988), pp. 487-89. 2 Mt 12:34-37
Un Mensaje a la Conciencia
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Estão a faltar episódios?
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En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«[Vi] por televisión una propaganda donde ofrecían [un amuleto] y decían que me iban a ayudar para defenderme de todo mal.... Me atendió un guía espiritual, y... le dije... que un vidente [me había dicho] que yo nací con mala suerte.... El guía me escuchó y... me sugirió que volviera en seguida con tres velas blancas. Yo me negué.... Entonces [me dijo]: “Venga el martes....” Me presenté [ese día].... Me hizo tomar [el amuleto] y decir unas palabras. Luego... dijo: “Lo suyo es muy grave. Puede tener un ataque cardíaco o derrame cerebral.... Vuelva mañana.”
»Yo no volví al lugar, y me desprendí [del amuleto y] de unas piedras energéticas. ¿Qué me sugieren?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»Ha habido adivinos en este mundo durante miles de años. Aparecen en la historia del rey Saúl, el primer rey de Israel, como también en las historias del profeta Daniel, del apóstol Pablo y de otros personajes históricos de renombre, incluso en la de Jesucristo mismo.
»Se les llama hechiceros, astrólogos y falsos profetas, pero lo que tienen en común todos los relatos es que tanto Dios como su pueblo condenan a esos adivinos. En algunos casos se nos dice que los adivinos vienen de Satanás mismo, mientras que en otros no son más que embusteros que engañan a las personas con fines lucrativos.
»En el caso suyo, este engañador está atemorizándolo para sacarle dinero. Es obvio que usted no se sintió a gusto con la experiencia porque no volvió la última vez que él se lo pidió, y nos escribió pidiendo consejo. Nuestro consejo es este: Ore a Dios el Padre en el nombre de Jesucristo y pídale que lo guíe y que le muestre su voluntad.
»El apóstol Pablo, en su carta pastoral a uno de sus compañeros, Timoteo, dice que “hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.1 Esa afirmación de San Pablo pone en claro que usted no necesita que nadie le diga nada a Dios de parte suya. No necesita a un tal guía espiritual, ni a un pastor, ni a un sacerdote ni a un ser querido difunto que interceda por usted. Nadie puede orar en su lugar. Jesucristo murió en la cruz para quitar nuestros pecados, y para que podamos comunicarnos con Dios directamente, sin la intervención de nadie más.
»Cuando usted acude a videntes y a guías espirituales como medios para conocer la voluntad de Dios o como medios para comunicarse con Él, está procediendo como si la muerte de Cristo en la cruz no bastara para usted. Los amuletos y las piedras energéticas son talismanes que se usan para practicar la religión, pero no son la manera de conocer a Dios personalmente. Lea la Biblia usted mismo si quiere consejo de parte de Dios. Ore en sus propias palabras en el nombre de Cristo, y pídale a Dios que le muestre lo que quiere que usted haga. Él no lo decepcionará.
»Con afecto fraternal,
»Linda y Carlos Rey.»
Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego el enlace que dice: «Caso 120».
Carlos Rey
1 1Ti 2:5
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(7 de abril: Día Internacional de la Salud)
Entre 1961 y 1962 el etnólogo cubano José Seoane Gallo les hizo una entrevista sobre costumbres y tradiciones de su población a 309 personas de la provincia de Camagüey, Cuba. Hubo trece de ellas que abordaron un tema que nos fascina a todos: el de la memoria. Los entrevistados, que tenían entre 52 y 100 años de edad, dieron las siguientes razones por las que falla la memoria: comer mucha grasa, porque el cerebro se va cubriendo de grasa; la vejez, el abuso del estudio, del trabajo y del placer sexual; y la pérdida de sustancia del cerebro. Los remedios que dieron para mejorar la memoria son bastante creativos y diversos: comer la almendrita dentro de la semilla de la almendra; tomar sopa de cabeza de cherna y comer de la propia cabeza, echada en la sopa; comer frutas cítricas, como la piña, la naranja, el limón, la lima, la mandarina, y sobre todo la toronja; tomar un jugo cuádruple de zanahoria, rábano, naranja y remolacha; tomar consomé de pezuña fresca de cangrejo, molida; comer mucho berro y rábano; tomar sopa de vegetales de todo tipo y comer mucha cebolla cruda en las comidas; tomar un caldo con un polvito de cascarones de huevo; comer todos los días una pata salcochada de res; y comer ostiones.1
Pensemos lo que pensemos acerca de sus respuestas, lo que tienen en común estos camagüeyanos con el resto de la humanidad es que todos recordamos lo que nos conviene olvidar, y olvidamos lo que nos conviene recordar. Es como si estuviéramos empeñados en hacer las cosas al revés. Recordamos injurias, traiciones y pecados, mientras que olvidamos nuestra debilidad, fragilidad y mortalidad. Podríamos culpar a Dios de crearnos con esa tendencia, pero sería injusto por dos razones. Si Él no nos hubiera creado con la posibilidad de hacer las cosas al revés, tendríamos siempre que hacerlas al derecho, como autómatas o robots. Pero también sería injusto porque, así como nos creó con la capacidad de hacer el mal, nos creó con la capacidad de hacer el bien. Debiéramos preguntarnos más bien: ¿Por qué acostumbramos echarle la culpa de nuestros reveses a Dios, como si nosotros no tuviéramos nada que ver?
Lo cierto es que Dios, en su Manual práctico del ser humano, que es la Biblia, nos exhorta vez tras vez a que sigamos su ejemplo. Lo hace porque siempre tiene presente lo que nosotros por descuido olvidamos: que somos débiles, frágiles y mortales.2 Pero también nos exhorta a que seamos como Él porque Él es capaz de borrar de su memoria lo que a nosotros nos parece imposible olvidar: las injurias y las traiciones de los demás, y hasta nuestros propios pecados.3 ¡Y Dios no sólo puede, sino que quiere hacerlo! Con la falta que nos hacen esa comprensión y ese perdón divinos, más vale que atendamos a la súplica de San Pablo a los romanos, de permitir que Dios nos transforme mediante la renovación de nuestra mente para así poder comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.4
Carlos Rey
1 José Seoane Gallo, El folclor médico de Cuba: Provincia de Camagüey (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1988), pp. 503‑05. 2 Sal 78:39; 103:13‑14 3 Isa 43:25; Jer 31:34; Heb 8:12; 10:16‑17 4 Ro 12:1‑2
Un Mensaje a la Conciencia
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En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace ocho años me casé con mi esposo porque estaba embarazada, pero perdimos a la bebé. Ahora tenemos dos niños que son la razón de [que no nos hayamos separado], ya que mi esposo me confesó que no puede amarme.... Me trata constantemente con indiferencia. Estoy agotada después de haber puesto todo mi esfuerzo por salvar este matrimonio sin lograr que mi esposo cambie.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»¡Cuánto lamentamos su situación! Sin embargo, nos alegramos de que diga que sus hijos son la razón de que usted y su esposo no se hayan separado. A no ser que haya abuso de por medio, ¡ellos siempre debieran ser motivo suficiente para permanecer juntos! Sus hijos necesitan a papá y mamá, y les irá mucho mejor a causa de que ustedes dos están trabajando en equipo para cuidarlos y sustentarlos. A eso se debe que sea tan encomiable que mantengan una relación con la meta de esforzarse al máximo por el bienestar de sus hijos....
»En algunas culturas las personas se someten a matrimonios concertados. Esperan llegar a amar al cónyuge, pero eso en definitiva no se les asegura. No conciben el amor sentimental como un componente necesario del matrimonio.
»En cambio, nuestra cultura occidental difiere a tal grado en su concepción del matrimonio que considera que el amor personificado es el componente más importante y necesario en la relación conyugal. Las películas y los programas de televisión promueven la idea de que el ingrediente imprescindible de un noviazgo es el aspecto altamente emotivo del amor sentimental.
»Esa idea es la causa nociva detrás de matrimonios disueltos, hijos abandonados y vidas arruinadas. El matrimonio no es un sentimiento; es un compromiso. Un hombre y una mujer consienten en unirse y vivir y criar a su familia como socios. Es maravilloso si los dos sienten la emoción del amor romántico, pero lo cierto es que los sentimientos son inconstantes. Desaparecen de un día para otro.
»Nuestras emociones se ven afectadas por nuestra salud, nuestras hormonas, nuestros amigos e incluso si está brillando o no el sol. Son tan variables que nunca debemos fiarnos de ellas. Si se enfoca en lo que usted siente (o en lo que no siente su esposo), eso hará que se sienta insatisfecha y desalentada. Y hará que tome decisiones que es probable que después lamente.
»¿Sabía usted que Dios quiere ayudarla? Si le permite que tome control de su vida, Él le dará la sabiduría para hacerle frente a toda decepción y todo obstáculo, le dará paz que no fluctúa como nuestras emociones, y le dará valor y fortaleza para afrontar el futuro.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 716.
Carlos Rey
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El grupo de niños jugaba muy alegre. David Bertolotto, instructor de natación que tenía diecisiete años de edad, estaba dando la clase a catorce estudiantes que tenían entre cuatro y seis años de edad. Era una piscina cubierta de una Asociación de Jóvenes en Roxbury, Massachussets, Estados Unidos.
En plena clase, un crujido siniestro los hizo mirar hacia arriba. El techo de cemento, a quince metros de altura, comenzó a desplomarse. David elevó una oración rapidísima: «¡Señor, ayúdanos!», y frenéticamente empezó a sacar niños de la piscina y del edificio. Cuando hubo retirado al último, el techo cayó del todo. Un trozo de cemento le pegó a David en un lado del cráneo. No lo mató, pero le desgarró parte del cuero cabelludo.
«Cuando se hunde el piso o se desploma el techo —dijo David en el hospital—, lo mejor es clamar de inmediato a Dios.»
David tenía toda la razón. Había obtenido empleo temporal como instructor de natación de niños pequeños en esa institución. En la primera sesión había ocurrido lo inesperado. Y en ese momento terrible, su fe en Dios le había hecho, primeramente, clamar a Dios en forma instantánea, y luego disponerse animosamente al trabajo del rescate. Así salvó la vida de todos los niños.
¿Qué podemos hacer cuando el techo se nos viene encima? No el techo de un edificio sino el de nuestra vida: nuestra situación económica, nuestra condición familiar, nuestra salud, nuestras emociones. Cuando todo parece desplomarse y venírsenos encima, ¿qué podemos hacer?
Algunos salen corriendo desesperadamente, tratando de huir de la situación. Otros se sumergen en un lago de alcohol, tratando de no pensar. Otros se dan a los estupefacientes para insensibilizarse. Y otros se encierran en su problema y no tienen nada que ver con nadie. Pero nada de esto resuelve el problema. Al contrario, lo empeora.
La solución es hacer lo que hizo David Bertolotto: clamar a Cristo, fuente viva de toda ayuda, todo socorro y toda respuesta. Es fácil acudir a Cristo en cualquier emergencia de la vida cuando Cristo es nuestro amigo de todos los días, es decir, cuando vivimos acostumbrados a la oración. ¿Cómo logramos eso? Buscando su amistad, entregándole nuestra voluntad, nuestro afecto y nuestra confianza. No es difícil; Cristo nos está esperando.
Hermano Pablo
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En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:
«Hace unos cinco años le fallé a Dios teniendo relaciones sexuales con mi pareja de aquel entonces, confiada en que íbamos a casarnos.... Pero hace dos años nos separamos.
»Le pedí perdón a Dios por fallarle de esa manera, pero hace un año y medio caí nuevamente con un hombre que me mintió diciéndome que era soltero. Fue cosa de una sola noche. Le he pedido perdón a Dios por eso también, y me he cuidado de no volver a hacerlo....
»Me siento muy mal conmigo misma, y siento que no valgo nada. Trato de mantener una relación buena con Dios, pero esos errores no me dejan en paz.... Hasta he llegado a pensar que soy una basura por haber estado inmoralmente con un hombre casado.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Puede que usted crea que Dios la condena por su pecado, pero esa creencia no está basada en la verdad. Para saber lo que en realidad Dios piensa de usted, es necesario estudiar la Biblia. Ésta contiene la verdad acerca de Dios y de lo mucho que nos ama a pesar de que todos somos pecadores y necesitamos que nos perdone.
»Usted dice que ya le pidió perdón a Dios, y sin embargo todavía se siente condenada. La Biblia nos enseña que ya no hay ninguna condenación para los que pertenecen a Jesucristo.1 Así que si no hay condenación para los que le han pedido a Dios que les perdone sus pecados, entonces la condenación que usted siente no proviene de Dios.
»Hay un relato en la Biblia acerca de una mujer que fue sorprendida en adulterio. Los líderes religiosos querían matarla por su pecado arrojándole piedras. Le preguntaron a Jesús si debían apedrearla, y Él les respondió que si alguno de ellos estaba libre de pecado, que arrojara la primera piedra. Pero como cada uno reconocía su propio pecado, se fueron retirando uno tras otro. Entonces Jesús le preguntó: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?” Ella le contestó: “Nadie, Señor.” Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”2
»Cristo dejó en claro que no condenaba a la mujer, pero le dijo que no volviera a pecar. Él le está diciendo lo mismo a usted ahora. Usted le ha pedido perdón, así que ha sido perdonada. Sólo falta que determine que no caerá nuevamente en ese patrón de conducta pecaminosa.
»Usted dice que su mal comportamiento la hizo sentir que no valía nada. Pero en realidad es a la inversa. Debido a que sentía que no valía nada, dejó que le faltaran al respeto y se aprovecharan de usted. Olvidó que fue creada a imagen y semejanza de Dios y que es su querida hija amada.
»Cuando usted sigue enfocándose en el pasado, lo trae al presente y pone en peligro su futuro. Ya que Dios la ha perdonado, y ha quedado atrás el pasado, es hora de volver a comenzar, con la ayuda de Dios.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 835.
Carlos Rey
1 Ro 8:1 2 Jn 8:2-11
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