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    Ha llegado el momento: el de hoy es el último capítulo de la cuarta temporada de kaizen. Y reconozco que me da pena, pero también cierto alivio porque se me han juntado muchas cosas en los últimos meses y he ido con el agua bastante al cuello. Así que me va a venir bien un descanso. Eso sí, vamos a terminar la temporada hablando sobre uno de los temas que más me habéis pedido tratar, tanto aquí como en Nada Que Ganar.

    El caso es que si yo tuviera un nombre más exótico con el que hacerme pasar por un gurú, si tuviese aún menos vergüenza de la que tengo o si hubiese conseguido hacerme millonario antes de los 30, quizás habría titulado esta serie algo así como «Cómo tener éxito sin depender de la suerte». Pero me llamo como me llamo, me sigue dando corte cuando alguien me dice que escucha el podcast y para lo de hacerme millonario hace tiempo que moví la línea de meta a los 40… y me estoy quedando sin tiempo.

    Pero que no podamos darle un nombre así, rimbombante, no significa que no podamos hablar del tema. Aunque lo cierto es que es casi inabarcable, y desde luego imposible hacerlo en un sólo capítulo, así que fieles a la costumbre de acabar la temporada empezando una serie especial sobre un tema que terminaremos en la próxima, esta vez vamos a hacerlo hablando del éxito.

    «Éxito» es una palabra muy grande en la que caben muchas cosas. Demasiadas. Y nos va a llevar varios capítulos desgranarlas. Normalmente, lo tenemos asociado al éxito profesional o económico, pero seguramente el éxito en la vida es algo más complejo y desde luego más personal en lo que entran aspectos como nuestra vida familiar, nuestra vida social, cómo de realizados nos sentimos o el impacto que tenemos en otras personas, entre otras muchas cosas que, además, probablemente cada uno valoremos en distinta medida. Hablaremos más adelante del éxito profesional y económico, pero hoy vamos a empezar por ese aspecto un poco más escurridizo: por cómo entender el éxito y por formas de pensar sobre él, a la hora de perseguirlo. O de no hacerlo.

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    El domingo 26 de agosto de 1990 pasó a la historia en España por una de esas noticias que nos sacuden por dentro, sin que seamos capaces de explicárnoslas. Aquel día, los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, de cincuenta y seis y cincuenta dos años respectivamente, se despidieron de sus hermanas Ángela y Luciana, diciéndoles que se iban de caza. Vestidos de cazadores y armados con escopetas, se escondieron al anochecer en un callejón del pueblo. Así empezó la masacre de Puerto Hurraco.

    Aunque lo mismo tendría más audiencia, no es éste un podcast de sucesos así que te voy a ahorrar los detalles. Si no conoces la historia y te pica la curiosidad no tienes más que buscarlo en Google o en las notas del capítulo. Dejémoslo en que lo que sucedió aquel día fue el episodio final de una guerra entre familias que duraba 25 años y que empezó por algo aparentemente tan tonto como una disputa por los límites de unas tierras para arar y por una historia de desamor, y que dejó por el camino un asesinato, un incendio, un apuñalamiento y, finalmente, aquella trágica noche, nueve muertos - niños incluidas - y una docena de heridos.

    Seguramente esta historia tiene menos glamour que la que te conté hace unas semanas, cuando te hablé de esa carrera de egos e insultos entre la Costa Este y la Oeste que dominó el rap de los 90 en Estados Unidos, pero un tipo del que te hablé entonces - René Girard - probablemente explicaría ambas a través de un mismo motivo: nuestra tendencia a desear lo que otros desean por pura imitación.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/135-monica-quintana-david-alayon-construyendo-un-perfil-a-prueba-de-futuro/)

    La de hoy es la última entrevista de esta cuarta temporada. Después vendrán un par de capítulos más y, después, un más que necesario descanso. Seguramente me hayas oído hablar alguna vez de un proyecto que tengo desde hace muchísimo tiempo de reformar una casa en un pueblecito en mitad del campo. Y aunque yo mismo casi no me lo creo, después de tantos años, resulta que las obras están casi terminadas. Pues bien, allí me voy a ir los fines de semana, a descansar un poco, y a preparar la siguiente temporada y el libro que se supone que estoy escribiendo, pero que me está costando terminar, no te voy a engañar.

    Dicho esto, vamos a terminar las entrevistas esta temporada a lo grande: con dos súper invitados que han escrito un libro llamado Upgrade que, me oirás decirlo en la entrevista, bien podría ser el libro oficial de kaizen. Porque en él tocan muchos de los temas que me has podido escuchar en el podcast y lo hacen con el objetivo de ayudarnos a que tengamos un perfil a prueba de los cambios que el futuro va a traer.

    Hay una frase, que a mí me gusta mucho, que dice que definir a alguien es limitarlo. Y creo que esto es especialmente cierto para los autores de este libro: Mónica Quintana y David Alayón. Aún así, vamos a intentarlo.

    Mónica es fundadora y CEO de Mindset, una consultora de talento e innovación especializada en procesos de transformación digital y cultural. Pero más allá de su vida profesional, Mónica es, como ella misma se define, una yonqui del aprendizaje, formada en temas tan diversos como la pedagogía, la creatividad tecnológica, el liderazgo, las ciencias cognitivas o el género y la diversidad y otra larguísima lista de temas.

    Por su lado, David es también difícil de categorizar. Es co-fundador de Innuba, desde donde ayudan a otras empresas a desarrollar proyectos con impacto social, tiene una larga carrera emprendedora, es profesor y ponente en un montón de sitios y algunos lo conoceréis por Heavy Mental, un podcast que he recomendado en más de una ocasión.

    Como ves, dos perfiles muy kaizen y un libro que lo es más aún. Así que no me voy a enrollar más que tenemos mucho de lo que hablar. Espero que disfrutes tanto como yo de esta conversación con Mónica Quintana y David Alayón.

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    «La fortaleza de la moneda de un país está basada en la fortaleza de su economía. Y la economía americana es de largo la economía más fuerte del mundo. De acuerdo a ello, he ordenado al Secretario del Tesoro que tome las acciones necesarias para defender el dólar frente a los especuladores. He ordenado al Secretario Connolly suspender temporalmente la convertibilidad del dólar en oro y otros activos de reserva excepto en cantidades y condiciones que se consideren en el interés de la estabilidad monetaria y en el mejor interés de Estados Unidos»

    Con estas palabras, Richard Nixon anunciaba el 15 de agosto de 1971 un cambio temporal que fue, como suele pasar con este tipo de medidas políticas, definitivo. Se había roto el patrón oro, es decir, Estados Unidos, a partir de ese punto, podía imprimir cuanto dinero quisiera sin necesidad de que hubiera un equivalente en oro que lo respaldara. Hay quienes vieron en ello una forma de imponer al mundo que su moneda fuera el nuevo patrón mundial y quienes lo interpretan hoy como el principio del fin de la hegemonía americana.

    Hemos dedicado los dos últimos capítulos de esta serie, que en un ataque de optimismo marketiniano llamé «La estructura del mundo», a algunas ideas básicas sobre la economía, porque era una pieza clave que nos faltaba por tratar en ese extraño objetivo que nos hemos marcado de intentar crearnos un gran modelo mental sobre cómo funciona el mundo. Algo así, sencillito, para pasar el rato.

    Y te decía en esos dos capítulos que el objetivo era doble: por un lado, entender la visión simplificada que utilizan quienes intentan gobernar este sistema tan complejo que llamamos economía, aún sabiendo que muchas veces las predicciones económicas son tan acertadas como las de cualquier horóscopo. Por otro lado, te prometía que íbamos a intentar utilizar lo aprendido para lanzarnos a hablar de cosas más interesantes. Y hoy empezamos a hacerlo, sumergiéndonos de lleno en una pregunta que lleva tiempo rebotando de un lado a otro en mi cabeza: ¿estamos al borde de un cambio en el orden mundial?

    Ya he comentado alguna vez que tengo la sensación de que estamos viviendo en una de esas bisagras de la historia, en momentos de cambio profundo. Pero que siempre tengo la duda de si realmente es así, o si todas las generaciones tendemos a pensar eso de los tiempos que nos toca vivir. Pero, aunque estoy profundamente convencido de que intentar anticipar el futuro es un ejercicio absurdo porque vivimos rodeados de aleatoriedad y en entornos básicamente impredecibles, a la vez pienso que el pasado y el futuro suelen rimar, como decíamos cuando veíamos las «Lecciones de la Historia» de los Durant. Aunque nada esté predestinado a repetirse, lo cierto es que hay patrones que parecen suceder una y otra vez, con ligeras variaciones.

    Dice el refranero español que «nadie escarmienta en cabeza ajena» y lo cierto es que a los seres humanos se nos da regular eso de aprender de los errores que otros cometieron antes que nosotros. Para bien y para mal, nos mueven las mismas emociones que a nuestros antepasados: la misma envidia, la misma codicia, las mismas ganas de cambiar las cosas, la misma inventiva; y eso nos lleva a replicar muchas veces los mismos errores y los mismos aciertos. La historia del ser humano es una sucesión continua de épocas de ascenso, prosperidad y decadencia. Una y otra vez, un imperio tras otro. Así que la pregunta es ¿en qué momento estamos nosotros?

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/133-la-ley-del-deseo-i-raperos-copiones-y-chivos-expiatorios/)

    En 1991, un rapero casi desconocido del Bronx llamado Tim Dog, publicó un álbum en el que atacaba directamente a raperos de la Costa Oeste como Dr. Dre o Ice Cube. Lo hizo harto de que las discográficas y el público no valoraran la calidad del rap de la Costa Este.

    Poco después, a finales de 1992, el propio Dr. Dre publicó el que se convertiría en uno de los discos más vendidos de la historia del rap, The Chronic - un disco, por cierto, muy recomendable incluso si no eres un fan del género, como yo. En él, su amigo Snoop Dogg manda algunos cariñosos recaditos a Tim Dog con una finura tal que yo sería incapaz de repetirlos aquí sin que te sangraran los oídos. Digamos que no ayudó a que la cosa se calmara.

    La Costa Este no tardaría en responder. En 1993, el sello Bad Boy Records ficha a Notorious B.I.G., quien publica una canción titulada “Who Shot Ya?” - «¿quién te ha disparado?» - que, por lo que sea, le sentó mal a otra incipiente estrella del Oeste, Tupac Shakur, al que habían disparado en un robo poco antes. Tupac acabaría fichando poco después por el controvertido sello Death Row Records. Como ves, son todas marcas muy inspiradoras.

    El caso es que el conflicto escaló durante los 90. Cada canción que sacaba una de esas discográficas provocaba una reacción de la otra, en una rivalidad que no paró de crecer hasta que tanto Tupac como Notorious B.I.G. acabaron asesinados a tiros.

    Una de las cosas más fascinantes del ser humano es que nos empeñamos en intentar explicar lo que parece inexplicable. Y hay quien detrás de conflictos como estos - y detrás de otro montón de aspectos de nuestro comportamiento - ve una fuerza por encima de todas: nuestra tendencia a desear lo que otros desean por pura imitación. Toma ya.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/132-la-estructura-del-mundo-vi-como-funciona-la-economia-segunda-parte/)

    Hace sólo un par de semanas, te decía que entré en la web de un famoso diario español y me encontré con noticias que hablaban de la debilidad del euro, de la inflación, de fondos de rescate… y de cosas así como complicadas y que en general no sonaban muy bien. Pues para el capítulo de hoy, directamente he decidido no consultar ni ese ni ningún otro diario. Porque más o menos sé que me voy a encontrar lo mismo, aunque peor. En estos últimos días la bolsa ha colapsado, y las criptomonedas ni te cuento, leo en twitter noticias de startups americanas despidiendo a gente y preparándose para una recesión y en general un tono muy poco optimista. Que al final es casi lo que más importa. Porque si hay quien dice que el fútbol es un estado de ánimo, la economía ni te cuento. Y eso en realidad es buena parte de lo que la hace tan impredecible.

    Pero no deja de haber determinados parámetros y fundamentos por debajo de esos estados de ánimo que conviene conocer. Principalmente porque es en lo que se basan muchas veces las decisiones de quienes nos gobiernan y que son las que suelen desencadenar esos cambios de ánimo. Pero sobre todo porque cuando los hayamos presentado y los conozcamos bien podremos meternos a hablar de cosas un poco más interesantes.

    Aunque antes de llegar allí, tenemos que seguir con la explicación que empezamos el otro día. Si no escuchaste ese capítulo, que fue el 130, te recomiendo que lo hagas antes de ponerte con éste porque, si no, aunque voy a hacer un pequeño resumen, puede que te pierdas un poco.

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    Hace ahora casi 10 años, el 26 de junio de 2012, murió Nora Ephron. Tal vez no sepas quién era. Fue una periodista, escritora y, sobre todo, guionista tremendamente influyente en los 90. Aunque, eso sí, por un género de cine que tengo que confesar que nunca he soportado: las comedias románticas. Se me suelen hacer bastante empalagosas. Hay algunas excepciones, como en todo, y Ephron es una de las principales artífices de la más conocida de ellas: «Cuando Harry encontró a Sally». Como mínimo, hay una escena de esa película que estoy seguro de que has visto alguna vez en tu vida. O una parodia de ella, eso seguro.

    El caso es que yo no lo sabía, pero al preparar este capítulo descubrí que ella murió tras bastantes años batallando contra la misma enfermedad por la que murió mi padre. Poco antes de hacerlo, ella dejó dos listas escritas. Una con las cosas que iba a echar de menos y otra con las que no. Es muy curioso el efecto que tiene leerlas. Son sólo palabras sueltas y, sin embargo, es inevitable pensar que son verdad. Mira:

    Lo que echaré de menos.

    A mis hijos. A Nick. La primavera. El otoño. Los gofres. El concepto de gofre. El bacon. Un paseo por el parque. La idea de un paseo por el parque. Shakespeare en el parque. La cama. Leer en la cama. Los fuegos artificiales. Las vistas desde mi ventana. Las luces de Navidad. La mantequilla. Cenar en casa los dos juntos. Cenar con amigos. Cenar con amigos en ciudades en las que ninguno de nosotros vivimos. Paris. El año que viene en Estambul. Orgullo y prejuicio. El árbol de navidad. La cena de Acción de Gracias. Darme un baño. Cruzar el puente desde Manhattan. Los pasteles.

    Lo que no echaré de menos.

    La piel seca. Las malas cenas como a la que fuimos anoche. El email. La tecnología en general. Mi armario. Lavarme el pelo. Los sujetadores. Los funerales. La enfermedad por todas partes. Las encuestas que dicen que el 32 por ciento de los americanos creen en el creacionismo. Las encuestas. La Fox. El hundimiento del dólar. Las mamografías. Las flores muertas. El ruido de la aspiradora. Las facturas. El email. Sé que ya lo he dicho, pero quiero enfatizarlo. La letra pequeña. Los paneles de mujeres en el cine. Desmaquillarme cada noche.

    Sé que empezar el capítulo así puede parecer un poco triste. Sé que nos cuesta mucho pensar en la enfermedad, en la muerte, en el sufrimiento en general. Pero a veces esquivar esos pensamientos nos impide pensar en la otra cara de todo esto. Hoy hablamos de razones para vivir. O de maneras de seguir viviendo. O algo así, no sé bien qué saldrá.

  • (NOTAS Y ENLACES COMPLETOS DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/130-la-estructura-del-mundo-v-como-funciona-la-economia-primera-parte/)

    Entro en la web de un famoso diario español y las noticias dicen cosas como: «La debilidad del euro frente al dólar agrava la escalada inflacionista de la Unión Europea», o «los ingresos de los hogares españoles se redujeron a finales de 2021» o «el fondo de rescate europeo propone dar liquidez ante crisis imprevistas»… pues vaya planazo, ¿no?

    Ya te he dicho en más de una ocasión que desde hace un tiempo tengo la sensación de que estamos en un cambio de ciclo. Uno que no tengo claro hacia dónde nos llevará. Pero para mí es un ejercicio interesante el de intentar entender cómo son esos hilos invisibles que mueven nuestro mundo. Es eso que empecé la temporada pasada llamando «La estructura del mundo». En el fondo, en realidad, es básicamente ir añadiendo piezas a un gran modelo mental de cómo ha funcionado nuestra historia y cómo puede hacerlo en el futuro.

    Y en ese modelo, hay un punto que hemos tratado muy poco: la economía. En parte lo hemos tratado poco por mi propia desconfianza. Un famoso economista canadiense, John Kenneth Galbraith, decía que «las predicciones económicas hacen de la astrología una ciencia respetable». Yo no sé lo suficiente del tema como para ser tan despiadado como él, pero es cierto que mi sensación es que los sistemas económicos son tan complejos - y, sobre todo, se han vuelto tan complejos - que las ideas y los modelos que usamos para explicárnoslos fallan más que una escopeta de feria.

    Dicho esto, esos mismos modelos son los que usan quienes nos gobiernan para tomar decisiones. Y aunque a menudo tengo la sensación de que esas mismas decisiones sirven más para que se cumpla lo que creían que iba a pasar si no las tomaban que aquello que pretendían conseguir al hacerlo, pienso que entender esos modelos es un conocimiento básico.

    Y de eso va a ir éste capítulo de hoy y alguno que vendrá después. Los vamos a dedicar primero a poner algunos cimientos básicos para que en el futuro podamos hablar de cosas un poco más complejas. Y, quizás, más locas.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/129-hablar-bien-para-pensar-mejor/)

    No sé si a ti te pasa, pero a mí me sucede a veces que a partir de dos o tres eventos que no tienen nada que ver entre sí, me surge una idea. El capítulo de hoy es una de esas ideas. Veremos a dónde nos lleva.

    Todo empezó hace unas semanas cuando, en un capítulo de Nada Que Ganar, alguien dejó un comentario que decía algo así como que le gustaba escuchar el podcast, pero que usábamos un lenguaje que le resultaba pesado y que se prometía dejar de oírnos… pero que volvía a hacerlo con cada nuevo capítulo. Algo así aquel entrenador de fútbol con nombre de whisky que decía que tras cada partido se prometía cambiar a todo el equipo, pero que a medida que pasaba la semana se lo iba pensando mejor y cuando llegaba el domingo siguiente volvía a poner a los mismos once cabrones de siempre. Con perdón, pero esas fueron sus palabras, no las mías.

    En fin, que me despisto. Aquel comentario nos llevó a un pequeño debate en el grupo de chat que tenemos. Y en ese debate me acordé de una cita de Lázaro Carreter, el que fue presidente de la Real Academia de la Lengua, que decía algo así como que «la cultura es la capacidad de cambiar de registro». Es decir, que ser culto significa poder adaptarse a muchos tipos de comunicación diferente, ya sea como emisor o como receptor.

    Y eso, a su vez, acabó conectado en mi cabeza con un capítulo de un libro que he leído hace poco. Se llama Distraídos y es de Thibaut Deleval, y entre otras cosas habla de la importancia de cuidar el lenguaje para pensar con claridad.

    Y de toda esta mezcla de temas surge éste capítulo de hoy. Que no es más que una reflexión sobre nuestra relación con el lenguaje y sobre cómo usarlo para intentar aprender un poco más cada día.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/128-evitando-el-burnout/)

    Los más perspicaces notarías que la semana pasada no hubo capítulo de kaizen. Me obligué a que no lo hubiera. Me obligué a no trabajar en el podcast en Semana Santa. Bueno, a no grabar, que lo de darle vueltas a la cabeza y apuntar ideas es algo que no sé evitar del todo. Entre esas vueltas y esas ideas, pensé en hacer un capítulo un poco más personal.

    Una de las preguntas que más me hacéis quienes escucháis el podcast es cómo me las apaño para gestionar mi tiempo, aunque cuando profundizamos un poco lo que normalmente hay detrás de esa pregunta es más bien: «¿cómo haces tantas cosas?». Y cuando respondo, noto la decepción de la otra persona, cuando digo que «hago tantas cosas con mucho sufrimiento» o «voy con el agua al cuello todo el día». Vamos, que no creo ser un buen ejemplo. Lo cual me confirmó una amiga hace unos días, que me dijo que ve los vídeos de Nada Que Ganar en Youtube y que le parecía que yo tenía cada vez más ojeras. Desde aquí, muchas gracias por el piropo, Sara.

    En fin.

    Es cierto que con los años he aprendido a ser eficiente, a aprovechar muy bien el tiempo que dedico a un tema, a ser organizado y a gestionar razonablemente bien mis niveles de energía y mi concentración. De todos esos temas hemos hablado en el podcast y seguiremos haciéndolo. Pero hay un aspecto que quizás no hemos tratado tanto, la cara B de mucho de esto. Y es que todo tiene un precio.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/127-pablo-melchor-ayuda-efectiva/)

    Hace algo así como un año, una oyente del podcast me contactó. Y me dijo que quería patrocinarlo, pero en lugar de para anunciarse ella o su empresa, que quería usar el patrocinio para anunciar a una fundación que se llamaba Ayuda Efectiva. Y que me quería presentar al fundador para que fuese él quien me contara qué hacían exactamente, porque sospechaba que nos íbamos a llevar bien. Pues, Marina, sólo puedo decirte que acertaste de lleno.

    Aquella primera charla con Pablo me descubrió dos cosas. Por un lado el mundo del altruismo eficaz, una forma de ayudar a otros que encaja muchísimo con mi manera de mirar el mundo y con ese espíritu crítico y racional que - creo - define un poco a este podcast. Por otro lado, descubrí a alguien fascinante con quien me quedé con ganas de sentarme a grabar un capítulo. Y aunque tardamos, por mi culpa completamente, lo que vas a escuchar es el resultado. Y creo que te va a gustar.

    Porque Pablo se ha embarcado en una misión complicadísima, pero apasionante. Que tiene que ver con no limitarse a ayudar a otros, sino con hacer el dificilísim ejercicio de buscar constantemente la mejor manera de hacerlo, aquella en que el dinero invertido tiene el máximo impacto. Que parece algo lógico pero la mayor parte de las veces no es la manera en la que se diseñan los planes de ayuda. Entre otras cosas porque encierra debates muy profundos sobre, por ejemplo, cuál es el valor de una vida y cómo compararla con otra. De eso y de otras muchas cosas hablamos Pablo y yo en el capítulo de hoy.

    Charlando con él antes de la entrevista, me dio una alegría enorme. Me dijo que con las cuñas que habíamos ido haciendo desde que nos conocimos kaizen se había convertido en una de sus principales fuentes de donantes. En su nombre y en el mío: muchísimas gracias.

    Visto el éxito, hemos decidido llevarlo un pasito más adelante: hemos creado un equipo de donación para oyente de kaizen dentro de Ayuda Efectiva. Nos hemos marcado un primer objetivo: recaudar 10.000€ con los que podremos ayudar en más de 20 países de África a mejorar la salud de miles de niños. En concreto, con esos 10.000€, vamos a evitar 4.837 infecciones por gusanos parásitos, 957 casos de deficiencias de vitamina A y 286 casos de malaria. Yo ya he donado y te animo a hacerlo tú también. Si quieres colaborar es muy sencillo, no tienes más que entrar en ayudaefectiva.org/kaizen

  • (NOTAS COMPLETAS DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/126-modelos-mentales-16-agentes-inmobiliarios-tyson-y-hacer-la-cobra/)

    Acabamos el último capítulo de modelos mentales con unas preguntas un poco abiertas: ¿cuándo crees que tienes más probabilidades de tener un accidente en bicicleta: cuando llevas casco o cuando no lo llevas? ¿Quién va a tomar más riesgos gestionando tu dinero: tú o un gestor profesional externo?

    Decíamos entonces que el tema de los riesgos - y los incentivos - es apasionante y está lleno de ejemplos y de modelos mentales. Tantos, que seguiríamos con ellos en la siguiente entrega. Y ese día, por fin, ha llegado

  • (NOTAS Y ENLACES COMPLETOS AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/125-dignos-de-ser-humanos/)

    Hace poco tuvimos un fenómeno metereológico extraño en España. Una masa de polvo del Sahara atravesó la Península Ibérica. A su paso dejó imágenes increíbles con una luz naranja y unas brumas que parecían sacadas de Blade Runner 2049. El año pasado vivimos la mayor nevada de mi vida en Madrid, con la ciudad bloqueada durante días y la gente tirándose en trineos por las calles. Todo bastante surrealista. Si a esto le sumamos dos años de pandemia global y la mayor amenaza de guerra mundial desde la crisis de los misiles lo que me extraña es no ver a gente recorriendo las calles con una campana y un cartel de esos de “Arrepentíos, se acerca el final”, como en el Neo Tokyo de Akira. Hoy me ha dado por las referencias de ciencia ficción.

    Estoy bastante seguro de que en otra época de la historia, habría muchísima gente interpretando todo esto como señales de un Apocalípsis que luego nunca se da. Supongo que si ahora no pasa es porque tenemos internet para convertir todo en un meme. Que visto así es hasta un avance.

    El caso es que últimamente tengo cierta sensación de pesadumbre y creo que es inevitable. Me considero una persona optimista y confío en que al final todo saldrá bien y, si no, es que no es el final, como decían en cierta película. Pero eso no es incompatible con que a todos se nos haga bola de vez en cuando este tiempo revuelto que estamos viviendo. Por eso, de vez en cuando, me gusta traer algo de optimismo al podcast. Esa era mi intención cuando te hablé de la fusión nuclear, en el capítulo 119, y ésa es mi intención hoy.

    Para ello he querido rescatar una lectura que hice hace unos meses, en la que hay muchas cosas sobre las que tengo mis dudas y que me parece algo ingenua, pero que precisamente por eso es un buen contrapunto en estos días. Porque hoy hablamos de la bondad humana.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/124-el-enganoso-imperios-de-los-sentidos-ilusiones-musicales-y-palabras-fantasma/)

    Hoy vamos a empezar con un ejercicio de madurez: ¿te acuerdas de cuando eras pequeño, o pequeña, y repetías en alto la palabra «jamón» una y otra vez hasta que al final lo que oías era «monja»? Y te hacía mucha gracia - o a mí me la hacía, simple que es uno. Había otra versión con la palabra bronca, que dejaré que cada uno interprete en su casa.

    Yo, a mis 38 años y 124 capítulos después, sigo haciendo este tipo de chorradas, así que tengo mucha fe ya en que la cosa mejore. Pero en esta ocasión es por un buen motivo: detrás de esta aparente tontería, se esconden algunos aspectos fascinantes de nuestro cerebro y la relación que tenemos con aquello que captamos por nuestros sentidos. Un tema que me alucina y que, si algún día soy capaz de terminar el libro que estoy escribiendo, tendrá su propio capítulo.

    Eso sí, hoy nos vamos a enfocar en uno sólo de los sentidos: en el oído, que para algo esto es un podcast. No sé cómo escuchas kaizen habitualmente. Hay quien me ha contado que le acompaño mientras hace deporte o mientras plancha, eso es bastante habitual también. Pero para el capítulo de hoy te voy a recomendar que lo hagas, si puedes, con auriculares. Porque, si todo va bien, la experiencia va a ser radicalmente diferente.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/sin-categoria/123-comunicacion-eficaz-con-itziar-garcia-ii-mas-alla-de-las-palabras/)

    Tal vez recuerdes que hace mucho, mucho tiempo dedicamos un capítulo a la Comunicación Eficaz con Itziar García. Fue el capítulo 40, si no me equivoco. Itziar, además de una buena amiga, es en parte la culpable de que yo me interesara por la comunicación. Trabajamos juntos en distintas etapas en mi época de BlaBlaCar, donde ella es ahora Directora de Comunicación para España y Portugal.

    Yo creo que comunicar de manera eficaz es una habilidad esencial. Desde la comunicación se pueden construir muchas cosas: el liderazgo, la persuasión, la educación… Es difícil imaginar áreas de la vida donde comunicar mejor no sea útil. Pero lo cierto también es que es una de esas habilidades en las que no nos solemos formar. Es poco habitual que alguien nos enseñe a cómo usar las palabras, la voz o nuestros gestos para comunicar. Y es una pena porque, como en todo, hay una parte innata pero también hay mucho que se puede aprender.

    En aquel primer capítulo de comunicación eficaz hablamos con Itziar de algunas técnicas que se utilizan para estructurar nuestro discurso y para mantenerlo enfocado en los mensajes que queremos transmitir, incluso en situaciones como conversaciones, entrevistas o presentaciones a nuestros jefes, donde no necesariamente tenemos todo el control de la situación.

    La idea era continuar ese capítulo con alguno más dedicado a otros tipos de comunicación. En concreto, lo que más me habíais pedido los oyentes de kaizen era que habláramos de comunicación no verbal. Pero entre unas cosas y otras, tardamos más de 80 capítulos en conseguir sentarnos de nuevo a grabar.

    Lo que vas a escuchar es un capítulo un poco distinto a los habituales. Somos dos amigos hablando de comunicación: yo haciendo de conejillo de indias e Itziar usando cada ejemplo para hablar de algunas claves distintas sobre las que cada uno de nosotros nos podemos enfocar. Espero que te guste mucho y te animo a seguir a Itziar en twitter: @ItziarGSagar. Su cuenta es una mezcla de comunicación, muchos libros e idas de olla de las suyas. Itzi en estado puro.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/122-la-estructura-del-mundo-iv-el-choque-de-las-civilizaciones)

    La temporada pasada dedicamos tres capítulos a un tema que llamé “La estructura del mundo”, que es un título muy ambicioso para un objetivo aún más ambicioso, con lo que era inevitable quedarse corto. La idea es intentar descifrar algunas de las claves que explican por qué nuestro mundo es como es hoy en día. Empezamos entonces repasando las lecciones de la historia de un librito maravilloso llamado así, Lessons of History de Will y Ariel Durant. Aunque se quedaron un par de lecciones de aquel libro en el tintero, no tenía intención de retomar esta serie aún.

    Sin embargo, los tristes acontecimientos que estamos viviendo estos días con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, me han hecho replantearme esa idea. Pero no vamos a hablar ni de Rusia, ni de Ucrania. Por más que el tema sea apasionante, hay infinidad de información ahora mismo disponible. Sino que vamos a seguir esa filosofía que empezamos con los Durant e intentar encontrar algunos de los hilos invisibles que sujetan nuestro mundo. En este caso vamos a basándonos en un clásico que, en los años 90, intentó anticipar el choque de las civilizaciones.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/121-historias-kaizen-la-increible-vida-de-hedy-lamarr/)

    Cuando era un renacuajo iba de vez en cuando a casa de mis abuelos paternos y mi abuelo me ponía alguna de las películas que tenían por casa. Así descubrí, por ejemplo, a los Hermanos Marx. No veas la turra que di con aquello de «Más madera, es la guerra» y «La parte contratante de la primera parte será la parte contratante de la segunda parte». En fin, que me disperso. Una de esas antiguas películas que me ponía mi abuelo era Sansón y Dalila, una peli de 1949 dirigida por Cecil B. Demille. Yo debía tener 5 o 6 años, así que no me acuerdo muy bien de ella. Creo recordar que el tal Sansón peleaba con unos leones y sujetaba unas columnas con todas sus fuerzas en un momento dado y poco más. Bueno, sí, lo de que si le cortaban el pelo se quedaba sin fuerzas.

    El caso es que años después me interesé, sin saberlo, por una actriz que salía en aquella película y que escondía tras de sí una de las vidas más fascinantes que he conocido nunca y que te quiero contar hoy.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/120-diseno-vital-v-de-inmigrante-pobre-a-guru-de-silicon-valley-parte-2/)

    Hace la friolera de 40 capítulos, ni más ni menos, te hablé de un tipo que es venerado en Silicon Valley como una especie de gurú filosófico moderno. Alguien que encarna ese sueño americano, que cada vez parece menos posible; ése de quien llega de otro lugar del mundo sin nada de dinero y acaba encaramado a la cima del éxito. En su caso, como él mismo dice, la historia de alguien que "nació pobre y miserable y ahora tiene mucho dinero y es muy feliz”. Su nombre es Naval Ravikant.

    Te decía en aquel capítulo 80 de kaizen que Naval es un personaje que me inquieta. Porque es sin lugar a dudas un tipo enormemente inteligente y con una vida apasionante. Muchas veces, eso sí, no puedo evitar tener la sensación de que lo que dice suele ser interesante, pero que lo parece más por la rotundidad absoluta con la que se expresa. Y es seguro un sesgo mío, pero me cuesta no desconfiar de quienes nunca dejan espacio a estar equivocados al hablar.

    Quizás por eso, porque Naval es mucho Naval, he tardado en dedicarle un segundo capítulo en esta serie tan poco definida en mi cabeza que es eso del “diseño vital”. Que vienen a ser ideas, tomadas de otras personas, que me parece que pueden servir de inspiración sobre cómo afrontar distintos aspectos de nuestra vida. El primero tuvo que ver con sus lecciones sobre cómo hacerte rico sin depender de la suerte. Pero hoy vamos a hablar de otro tema del que él mismo habla con frecuencia: cómo construir nuestro juicio. Que es una traducción muy poco inspiradora en castellano. Una forma mucho más marketiniana de vendértelo sería algo así como: Cómo hacerte más inteligente. Aunque los tiros no van por el cociente intelectual, ni por capacidades innatas, sino por cómo aumentar nuestra capacidad para entender lo que nos rodea; para darle sentido al mundo, en el fondo. Es un buen objetivo, ¿no?

  • (NOTAS COMPLETAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/119-en-busca-del-fuego-infinito/)

    En 1865, el economista británico William Stanley Jevons dio la voz de alarma. Según él, el final del siglo XIX sería poco menos que apocalíptico. Por aquel entonces, Reino Unido era la mayor potencia mundial y buena parte de su economía se asentaba sobre un recurso que algún día se acabaría: el carbón. De hecho, según sus cálculos, se iba a terminar antes de que finalizara el siglo XIX.

    Los periódicos de su época se hicieron eco de aquellos terribles presagios y se lanzaron a analizar en profundidad el peligro que acechaba a su nación. Sin carbón, el imperio británico estaba condenado a desaparecer. Toda la prosperidad que la incipiente revolución industrial había traído amenazaba con desaparecer de un plumazo, dejando tras de sí miseria y frustración. Aquellos años de viajes en ferrocarril y calefacción de carbón parecían tocar a su fin. Es más, se debatía sobre las fechas, pero no sobre el hecho. Unos situaban el fin del carbón en un par de décadas, otros algo más tarde, pero el desenlace parecía inevitable.

    Tanto que la alarma llegó al gobierno, al que la sociedad reclamaba medidas para atenuar el problema del “Peak Coal”, el pico de carbón, como empezó a conocerse el problema. Al frente de aquel gobierno estaba William Gladstone, de quien te hablé hace tiempo por un tema completamente diferente, en el capítulo 78, que dedicamos a cómo el lenguaje afecta a nuestra percepción de la realidad. De manera inmediata, se creó una comisión que monitorizaría las reservas de carbón del país y que sería la encargada de racionar su uso hasta el momento final.

    Como ahora sabemos, sus presagios no se cumplieron. La producción de carbón siguió aumentando y haciéndose cada vez más barato y no alcanzó su pico hasta la segunda década del siglo XX. De hecho, a día de hoy, aún hay carbón. No porque sea inagotable, sino porque las alarmas de aquella época ignoraron algo fundamental: la capacidad inventiva del ser humano.

  • (NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO AQUÍ: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/118-modelos-mentales-15-chikilicuatre-humor-ingles-y-otras-cosas-que-salen-mal/)

    “Uno: el brikindans

    Dos: el crusaíto

    Tres: el maiquelyason

    Cuatro: el robocop”

    Hace algo más de una década, estos profundos versos entraron en la historia de la lírica contemporánea. Y es que hubo un momento en que España decidió enviar a un tipo con una guitarra de juguete, un tupé falso y una bailarinas desincronizadas a representar a nuestro país en Eurovisión, bajo el nombre de Rodolfo Chikilicuatre. Contra todo pronóstico no quedamos últimos, fuimos décimosextos de veinticinco. Algo inesperadamente digno para el atentado que habíamos perpetrado.

    En los últimos días, en España, hemos tenido una nueva polémica a cuenta del dichoso concursito porque este año no se ha respetado el voto popular. Claro, que la fechoría aquella del Chikilicuatre sucedió porque alguien tuvo la brillante idea de hacer un concurso público con el que elegir a nuestro representante en Eurovisión y dejar que la gente votara. Lo que viene siendo un blanco perfecto para el trolleo. Pero no hemos sido los únicos, esto de invitar a todo el mundo a votar y que te salga el tiro por la culata es bastante habitual. Y no hablo de resultados electorales, aunque podría y mucho, sino de casos como el del gobierno británico, que en 2016 abrió la votación para elegir cómo llamar a uno de sus barcos de exploración polar y acabó teniendo que cambiarle el nombre después de que, con más de 120.000 votos, ganara lo que traducido sería como «Barquito Carabarco», o algo así. El humor británico ha vivido mejores días, también te digo. Una marca de refrescos americana corrió una suerte similar cuando pidió ayuda para elegir el nombre de su nueva bebida y entre los primeros puestos se colaron cosas como «Diabetes» o «Hitler no hizo nada malo».

    Ya hemos hablado antes de las consecuencias no pretendidas de nuestros actos al hablar de modelos mentales, pero hoy vamos a profundizar aún más y vamos a ver modelos mentales relacionados con que las cosas no salgan como esperábamos.